Ayer compuse una melodía, la titulé "Vals triste de Pilar", ¡qué original! Hacía meses que no me sentaba al piano, seleccióné un sonido de melancólica guitarra acústica y encadené varios acordes en la escala de Do. Lo peor es que me sentí bien; menos mal que hoy, la cursilería se me ha ido diluyendo y, como mucho, intentaré arreglarla como una especie de balada o algo así; me resisto a aceptar que la idea puede ser simplemente un asquito. Lo curioso de todo es que sigue teniendo un efecto terapéutico increíble y atempera la desazón emocional. Para aumentar esta dosis de antidepresivos, recuperé algunas canciones de mi adolescencia invocando amargos desengaños, metiendo el dedo en viejas heridas. No estoy curado; los efectos son los mismos, aunque duelen menos o los resisto mejor.
Aunque reconozco mi recaída, en mi descargo, admito que gracias a mi mala memoria, las cosas no irán a más. En lo que sí he reparado, después de tanto tiempo, y revisando otras historias, es en mis estrategias de conquista. Cuando no he tenido competencia, me he vendido como el mejor y único candidato. Cuando ha habido competencia mis esfuerzos se han encaminado a debilitar al enemigo, a erosionar su imagen. En ambos casos, teorizando sobre el amor. En ambos casos, la estrategia ha fallado. Porque es obvio, un buen discurso no sustituye las emociones y los sentimientos, ni siquiera los debilita, al contrario.
No voy a entrar en la primera opción, la del único y deseado. Realmente me gusta ser el otro, compararme con el otro, intentar demostrar su inconveniencia, y las energías se quedan en el camino. No me resulta embarazoso reconocer que físicamente pude ser el primero alguna vez, pero que, en realidad, todo mi interés consistía en quitar el juguete a mi contrincante; que cuando alguien vino a mí, nunca supe valorar esa decisión, nunca consideré la posibilidad de que hubiese pasado página y que siempre me vi como un contrincante, aún no siéndolo.
Creo que en este error de planteamiento radica el fracaso. Una vez has desautorizado al otro, una vez que has convencido dialécticamente a la persona que supuestamente te interesa, te das cuenta de que tu centro de atención no era ella, te enfrentas a una desconocida después, incluso, de relaciones largas, interminables. Nunca te preocupó esa mujer a la que le dices que estás enamorado; te preocupó el hecho de que quiso a otro antes que a ti y se lo propones como un auténtico error, como el peor de sus pecados.
Haciendo un repaso, no demasiado meticuloso, mis primeros contrincante, fueron varios en una misma tentativa. Tenían las siguientes objeciones: no estaba cerca de ella; estaba cerca de ella pero con carácter temporal y con una supuesta pareja en otro sitio; estaba cerca de ella, pero era un piojo pegado con una vida alternativa, un antisistema de dudosa reputación y, además, extranjero. Éste último fue el que tuvo éxito y consiguió todo lo que yo no había conseguido en cuatro años, en un fin de semana. Yo teorizando sobre un maravilloso encuentro, en un lugar bonito, en el momento adecuado...se fueron a unas viñas y entre pedregales y a plena luz del día hicieron el amor.
En la siguiente historia había otro contrincante de altura, aunque era bastante pequeñito. Ella lo llamaba "polito de menta" porque trabajaba en una empresa de alquiler de coches y les obligaban a llevar en el uniforme una ridícula corbata verde. Eran de mundos distintos, pero tenía algo de lo que carecíamos todos los demás, un trabajo y unos ingresos. Una vez más la distancia jugó a mi favor. La relación se rompió sin drama, ocupé su lugar y mis estímulos estuvieron dirigidos a poner de manifiesto que él alquilando coches y ella dando clases de música no era una augurio para un futuro convergente.
Fui aprendiendo, poco a poco que, a pesar de querer ser el primero, empezaba a ser, como mucho, el segundo. Antes de lanzarme a una relación evaluaba a conciencia mis posibilidades, en un análisis casi matemático, teniendo en cuenta parámetros como la diferencia de edad, ocupación y aptitudes, tendencias culturales, aspecto físico y...a medida que pasaba el tiempo, el número de posibles ex que pudieran cruzarse en mi camino. Así, en la siguiente evaluación, todo parecía encajar; hubo otro antes, pero era maestro y eso nos situaba en cierto plano de igualdad; a mí favor jugó que era bastante mayor que ella y que al parecer solo sentía un interés pasajero por ella; inmediatamente me puse en la labor de cortejarla al más puro estilo caballeresco, regalos, visitas, presentación de familias...sin embargo, creo que no lo entendió, fue toda una representación, teatro y formas; en menos de un año, todo había terminado.
No hay nada más fácil que encontrar la imperfección del otro, es ridículo, porque de eso tenemos todos. Lo que no es tan fácil es saber escoger aquellas que se pongan al servicio de tus planes, los de tumbar al rival. Todos deseamos que nuestra historia sea la mejor del mundo, que sea perfecta, que encaje en el modelo al que aspiramos y que esté acorde con nuestro momento. Si alguien te cuenta que su novio no le presta el interés suficiente porque le encanta el fútbol y sus amigos, tu te presentas en el polo opuesto y, además, presentas una serie de pluses, relacionados, por ejemplo, con la posibilidad de satisfacer ciertas curiosidades íntimas; y, esta es definitiva, porque en ciertos momentos de la vida amor y sexo siguen siendo indisolubles.
Las aventuras adolescentes son relativamente fáciles de combatir, es cuestión de presentar argumentos de seguridad, de recursos, dar respuestas a ciertas inquietudes y aderezarlo con gestos nuevos, como salir a cenar o ir a un concierto. Para una chica que solo ha conocido chicos que se sientan en las aceras a pasar el rato haciendo bromas tontas o que van a la playa con la esperanza de ver en los biquinis algo más de lo que enseñan en el uniforme de clase, el que se presente alguien que marque alguna diferencia, puede resultar deslumbrante. Lo curioso es que con el paso del tiempo, cuando todo se ha acabado, cuando sus relaciones se consolidan, ahí siguen los paseos entre muros y aceras, los veranos al sol, la alegría de la pandilla; y "el interesante y el nuevo" con buena suerte ni lo recuerdan, con mala, mejor haberlo olvidado.
Desde esta perspectiva parece que el rival es mucho más importante que la persona a la que intentamos conquistar y con, la que en algún caso, queremos compartir cierto espacio de nuestra existencia. El peor de los efectos secundarios es que, en alguna ocasión, se pone tanto énfasis en conseguir el objetivo que terminas creyéndote tus propios argumentos. Te subes a la nube que has creado...un día, ella despierta y se va y tú te quedas colgado, acomodado en ese mundo ideal que ya no compartes y el batacazo resulta antológico.
Es imposible no admitir que esto es pura y simplemente manipulación. Pero es que por "amor" todo se justifica. Cuando las relaciones se entablan en un plano de cierta igualdad, esto podría ser menos dramático; desde la otra parte también se puede ejercer la manipulación, de alguna manera el combate puede ser entre iguales o parecidos. Aún así, el "efecto modelo" sigue ejerciendo una fuerza indiscutible, la comparación como juego perverso y como guerra de desgaste.


No hay comentarios:
Publicar un comentario