Como cualquier Lunes, no es fácil arrancar. Si, además, has pasado un fin de semana tenso, luchando con un montón de cosas, cuando menos, es justo que llegues cansado. Hace tiempo, las monjas me enseñaron a que evaluara mi estado de ánimo haciendo una lista en la que reflejara las cosas que me gustan y las cosas que no me gustan. La técnica -entonces bastante tosca y prejuiciosa- la he ido depurando con el tiempo. Ahora, lo principal, es acotarla, es más objetiva, es más reciente, está todo más fresco. El examen de conciencia puede limitarse al lunes.
LO QUE NO ME GUSTA:
LO QUE NO ME GUSTA:
-Tener que levantarme de la cama, con resaca del día anterior; hacer tiempo, porque empiezo a trabajar a las doce de la mañana.
-Llegar a mi centro de trabajo, tener que rellenar una justificación sobre la falta al trabajo del viernes anterior. Tampoco tenía ganas de levantarme.
-Pasarme mi única hora de clase matutina haciendo terapia a mis alumnos: este lunes tocó el respeto a las creencias, vigilias, catequesis, pecados mortales, la etimología de "pathos".
-Salir corriendo para recoger a mi hijo, bajo una lluvia torrencial, aparcar sobre una acera y tratar de ignorar al guardia de tráfico llamando por el móvil.
-Sufrir un atasco monumental y llegar a casa, bajo la misma lluvia torrencial, acordarme de que no he puesto los canales, que ha saltado el automático de la luz y que tengo que preparar con urgencia algo de comer.
-Pringar de aceite la cocinilla, mientras preparo un revuelto prefabricado mientras mi hijo me llama para pedirme que le configure un juego en el ordenador.
-Dejar la cocina hecha un desastre, los platos sucios, por querer aprovechar el poco rato que podemos compartir mi hijo y yo.
-Oír cómo se desordenan los juguetes y no poder darle un grito y llamarlo al orden porque de eso ya le sobra. Pero es que, además, hoy, en pleno chaparrón, quería salir a volar su cometa.
-Preparar su ropa, disponerme a llevarlo a una actividad que coincide justo con la reanudación de mis clases por la tarde...en el último momento, que su madre me recuerde que debo dejar su mochila de tareas antes de irme al trabajo.
TAMPOCO ME GUSTA:
- Que me despierte el teléfono por la mañana, para que la que se supone que es la mujer que está en mi vida, me vuelva a recordar que a pesar de que me quiere mucho, no puede dejar a su novio.
- Que media hora después. a pesar de mis ganas de dormir, me llamen de una compañía de seguros para ofrecerme uno "contra el paro" y me digan que como soy funcionario no tengo derecho.
- Ya, después de renunciar a dormir, intento hacerme una tostada de queso y un té con limón para mi dolor de estómago. Pero el teléfono vuelve a sonar; esta vez, la compañía telefónica quiere concretar una cita para que me arreglen el ADSL (la había pedido cuatro días antes). Cuando vuelvo a mi tostada -que no sabía dónde la había puesto-, me vuelven a llamar para reenviarme al departamento técnico rogándome que me mantenga al aparato. El té ya estaba frío, se me fueron las ganas de tostada y tenía que salir corriendo para no llegar tarde a clase.
LAS ALTERNATIVAS:
-No habría dejado mi cama hasta la una del mediodía. Habría comido mi tostada de queso. Sería agradable contar con alguien para compartir las tareas del almuerzo, entretener a mi hijo, poder comer tranquilo, no tener que tomarme una tortilla de ansiolíticos para poder afrontar mi trabajo. Llegar a casa, darme una ducha, encontrarme a alguien que me esperara, con quién no tener que discutir, relajarme en una tranquila conversación, entrar en mi cama y no tener que abrazar a una almohada, sino a una mujer de carne y hueso.
Todavía queda día. Todavía me queda algo de espacio. Este es un día en el que me quejo -con o sin razón-, ¿Habrá todavía alguna sorpresa?. No lo sé. Pero hagamos una concesión al optimismo.