Hace varias semanas que mi sonada nueva relación parece que se desmorona por momentos. Es posible que pensara que esta vez no iba a suceder, pero creo que todavía es pronto para tomar decisiones. ¿Cómo puede surgir tan repentinamente el desamor?...claro, si es que algún día hubo amor. He releído algunas páginas sobre las reflexiones de estos últimos años. A pesar de mis esfuerzos por clarificar racionalmente los pros y los contras de estar con alguien, no hay conclusiones claras, conclusiones que en este momento me darían respuestas y opciones para seguir adelante o parar una vez más.
Ahora no es la "infidelidad" la que deteriora la pareja. Hay un buen nivel de afectividad, pero sólo se deja ver por momentos, como chispazos eléctricos en cables mal empalmados. El peso de nuestras vidas precedentes es llevadero, pero por una parte y por la otra sigue generando malestar. Hace un rato pasé por una oficina de la Policía, había unos carteles que hacían alusión al problema de las parejas y al maltrato masculino; en una decía, "dejé que él lo controlara todo...", en otro "me amenazaba constantemente a mí y a mi hija"; del tercero no me acuerdo bien, pero la fotografía era la de una mujer de mediana edad, con cara triste, la más triste de las tres, la menos bonita...esa sí se había decidido a denunciar. Es algo sobre lo que me gustaría pensar.
Aunque lo que cuento en el párrafo anterior lo escribí hace meses, hoy no añadiría nada. Sí es verdad que de la desesperación vas pasando a un observación tranquila del fluir del tiempo y de los acontecimientos. Hace unos días vi una de esas películas de tarde de domingo. No te hacen pensar pero te entretienen. Una bonita historia de amor; tres generaciones implicadas, problemas de creencias para llegar a la unión final, familias enfrentadas, intereses económicos, y en particular, una reflexión sobre el verdadero amor, ¿verdadero amor?. Se conocieron muy jóvenes, pero la fatalidad impidió que se cumplieran sus planes. Nació una hija que un día conoció al hijastro y todo volvió a empezar. Después de mucho tiempo, cada uno rehízo sus vidas por separado; no hubo mentiras, no hubo engaños. El aceptar su nueva situación se convirtió en estabilidad. Sin embargo, algo no iba bien. Él nunca la olvidó. Ella nunca lo olvidó. Él nunca quiso a su mujer, aunque su relación era cómoda; incluso adoptaron un hijo; ella tampoco lo quería, pero se convirtió en su razón de vivir. Ella, se había quedado embarazada, pero nunca lo quiso comprometer; pidió a un amigo que se casara con ella, que le cubriera las espaldas; él sí estaba enamorado de ella, fue un marido ejemplar, un padre ejemplar, pero sólo recibía cariño y respeto. Había que buscar un final. Los dos matrimonios se rompen, uno de forma más truculenta que el otro, pero con serena aceptación. Los que siempre se quisieron y de verdad encontraron juntos la felicidad.
¿Por qué después de mucho tiempo las cosas no nos van bien?, ¿Existe realmente ese primer amor verdadero?, ¿Es posible que después de muchos años esa semilla latente cuestione tu bienestar?, y, si es así, ¿Dónde está, es legítimo ir a buscarlo, debemos cerrar el capítulo?. Tendré que hacer memoria. Quizás esta sea la pieza que falta.