jueves, 26 de marzo de 2009

Las primeras experiencias

 
   Entre los diez y los catorce años aparecen episodios aislados y muy concretos que indican el estado de maduración sexual y algunas pautas del comportamiento social y relacional del individuo. (D.T.S.)

  
  En la medida en que la educación sexual, en este período, no se contemplaba ni en la escuela ni en la familia, los niños tenían que acceder a ella por las vías a su alcance. Lo que sí recuerdo vivamente es la necesidad y el imperativo biológico de concretar y llevar a cabo algún tipo de experiencia. Un chico alemán, llamado Marcos, llevaba al colegio revistas pornográficas. Sólo un pequeño grupo de nosotros, un poco más atrevidos que los demás, teníamos acceso, de forma clandestina, en los recreos, a aquellas imágenes.
     
  En medio de treinta y nueve chicos de trece y catorce años, aún, por decreto, estando prohibida la co-educación, matricularon a una chica. Los incipientes senos de aquella jovencita despertaron las más diversas fantasías entre los niños.

"Ninguno se atrevía a tocarla, yo me había burlado de ella mientras, un día, cantaba ante toda la clase; no soportaba que, por el hecho de ser chica, fuera la protagonista siempre. Mis remedos me costaron una humillante cachetada por parte del maestro. Creo que fue a los pocos días cuando ya no me pude contener; llevaba una camiseta a rayas rojas y blancas, muy ceñida, que dibujaba perfectamente dos incipientes redondeces; sin pensarlo, delante de todos, hice un amago de rozarle un pecho. Reaccionó de forma infantil y me amenazó con contarlo al director. Mi reputación se iba al traste, estaba terriblemente asustado por el alcance y las consecuencias que podrían acarrearme aquel acto. Finalmente, no pasó nada. Su rechazo, sin embargo, fue la gran lección que no he olvidado.
DIAGNOSIS.             
  Entre 1963 y 1977, España estaba bajo el signo de la dictadura de Franco. Las ideas y consignas del régimen habían producido un importante cambio social y cultural desde su triunfo, en 1939. La educación de este período puede esbozarse en unos cuantos rasgos significativos. El Estado no promueve una enseñanza pública y laica, sino una enseñanza privada y religiosa, normalmente, en manos de órdenes católicas. La labor docente era rigurosamente fiscalizada por la función inspectora. Las generaciones formadas en este período vieron gravemente alterados sus derechos fundamentales en lo público, y, en lo privado, sus principios de individualidad y libertad. Con el paso del tiempo, la sociedad española olvidó su naturaleza, por decreto e imposición. El arma utilizada, la represión y el miedo.
 Me tocó vivir una época en la que los modelos de la dictadura se habían consolidado y, aún tras la muerte del dictador y la temerosa resurrección de la democracia, sus efectos seguían de manera muy patente. Como no se podía hacer ostentación de ideologías contrarias a la del régimen, la mejor forma de no generar conflictos era seguir las pautas establecidas por los maestros y educadores, en lo que se refería a la formación de los estudiantes. En este contexto, y en función del mayor o menor grado de sensibilidad del individuo, el perfil resultante de un niño de catorce años coincidiría, más o menos, con los siguientes rasgos:

1.- Unos patrones éticos impuestos desde fuera. Las normas de comportamiento social y humano eran las dictadas por el Catecismo Católico. Hay, según esto, una dimensión espiritual en el individuo, una vida después de la muerte que ha de prepararse escrupulosamente en la existencia presente. El cumplimiento de los mandamientos es la vía para la salvación eterna. La imperfección humana es compensada por la infinita misericordia de Dios que instaura el perdón como moneda de cambio. En la práctica, esto sólo  fomentaba el sentimiento de culpa y llenaba los confesionarios. En la medida que el decálogo católico recoge fuertes restricciones sobre el comportamiento sexual, la represión y la contención son las actitudes  que más se propagan.

2.- Ausencia total de educación sexual y de información clara y objetiva sobre la trascendencia de estos aspectos en la configuración de la personalidad.

3.- Sociología del miedo, de la ocultación y de la hipocresía.

En estas circunstancias, para enfrentarse a las primeras experiencias sexuales, no se tenía ni una idea aproximada de cómo hacerlo. Socialmente, el sexo era cosa de adultos, y en lo más íntimo y recóndito de la vida matrimonial exclusivamente, porque cualquier otro tipo de expresión no podía hacerse pública. Los chicos no tenía acceso a ningún tipo de recurso, de manera libre, relacionados con la actividad sexual. La pornográfía, los anticoceptivos o las ETS eran cuestiones tabú. Desde el punto de vista psicológico, encontramos un fuerte conflicto y confusión que deriva de la desinformación y de la demonización de todo lo sexual; la lucha entre la emotividad y  la sexualidad emergente con la conciencia impuesta, dispara un elevado grado de inestabilidad en los individuos. El modelo personal queda escindido, porque no hay puentes entre el comportamiento que se espera de manera impuesta y externa y las exigencias del desarrollo natural. 

 Si reparamos en esto a día de hoy, podríamos afirmar que se crearon auténticos "subnormales",  seres atrofiados al servicio de un modelo político; individuos castrados en sus posibilidades de expansión y creación de unos rasgos  propios y distintos. Este proceso, destructivo y aniquilador, obligará por décadas, si se toma conciencia, a un largo y difícil camino de reestructuración y recuperación del "yo". Precisar qué es "lo normal" es fundamental para que la persona busque sus valores esenciales con una correcta adecuación entre su esencia y sus potencialidades.
 
 Mientras se pretendía fomentar un modelo social que sacralizaba la vida matrimonial y otros principios, y que circunscribía la sexualidad exclusivamente a este marco, por otra parte, no se tiene en cuenta la capacidad de reacción en contra de las personas, con lo que crece, de manera subterránea, el modelo contrario. A quienes nos tocó vivir esto, en función de la osadía personal, de la sensibilidad, de la docilidad mayor o menor para acatar las normas, no les quedaba otro camino que el de improvisar, acercarse o alejarse de aquel modelo único que nunca tuvo en cuenta las necesidades personales, y, en caso de que se optara por el distanciamiento, sostener la pesada carga de sentirse culpable, proscrito, desintegrado. El refugiarse en el "yo" no era, ni siquiera, una opción teórica. Fomentar la ignorancia, limitar los accesos a la información eran armas efectivas para dejar a la persona, frente a un modelo establecido, en la más absoluta y profunda soledad. En esa etapa de la vida, encrucijada básica del desarrollo psicológico, los futuros hombres y mujeres  quedamos desamparados, fuimos víctimas, y cada cual, en la medida de su inteligencia, solucionó sus conflictos como supo o como pudo.     

miércoles, 25 de marzo de 2009

La fimosis y otras contingencias....



 "Entre los recuerdos anteriores a los diez años, aparecen experiencias que pueden resultar significativas en la fijación posterior de ciertos patrones de conducta. En la medida que estas experiencias se vinculan a un grado mayor de conciencia sobre los límites del propio cuerpo y sobre el alcance de la interacción social, propician un grado de conflicto interior que, simplemente, puede no haberse resuelto en la edad adulta".(T.G.P.)



"Todos los chicos de mi edad estaban obligados, por ley. a asistir a los campamentos para la formación de la juventud (O.J.E.). Permanentemente, nos convocaban a reuniones interminables, que minaban nuestras energías infantiles. No entendíamos nada de consignas, ni de ideales nacionales, pero el hecho de ponernos un uniforme de flecha y cantar himnos servía para sentirnos un poco más hombres". 
"Los campamentos de verano solían durar quince días. Me lo pasaba realmente mal y me sancionaban constantemente. Olvidaba las consignas y me saltaba los horarios. Sin embargo, cumpliendo el castigo de permanecer firme en el mástil de la bandera, sentía un placer extraño, el que me producía saber que estaba sufriendo de una forma excepcional. Echaba de menos a mis padres y aprovechaba la más mínima ocasión para ir a la enfermería. En aquella ocasión iban a realizar una revisión médica. Nos mandaron a todos a la ducha, fría y al aire libre, y luego nos pusieron en fila, sólo con el traje baño, ante la puerta del ambulatorio de campaña. Fuimos pasando de uno en uno sin saber qué es lo que nos iban a hacer. Los compañeros que salían parecían avergonzados por alguna razón que desconocíamos. Cuando me tocó el turno, me esperaba un médico de aspecto poco profesional sentado en una silla baja. En su lado derecho había una mesilla con una palangana esmaltada en forma de judía, con tijeras y otros utensilios; había también gasas y desinfectante. Me mandó a cuadrar y a saludar militarmente; acto seguido, me ordenó que me bajara el bañador. Mi pequeño pene, encogido aún más por el efecto del agua fría y del bañador húmedo, dio un respingo cuando aquellos dedos sin guantes lo presionaron para comprobar si había fimosis. Como su manipulación no resultaba fácil, me aplicó una pomada y me mandó a salir, tras el preceptivo saludo militar. Los chicos no nos desnudábamos unos delante de los otros; aquel individuo de bata blanca le comentó a algunos auxiliares mayores que había dentro ´si a éste le cortamos algo, lo dejamos hembra´. Cuando salí de allí, comprendí porqué a mis compañeros se les veía ruborizados" 

martes, 24 de marzo de 2009

...El primer diagnóstico


 "En la formación de la personalidad entran en juego diversos factores. Uno de ellos es el desarrollo neurofisiológico, otro, el componente sociocultural. La pregunta que ha alimentado el debate sobre este tema es la que intenta aclarar en qué medida unos y otros intervienen en la formación de individuos que manifiesten comportamientos promiscuos, pseudomanías, adicciones de diversa índole etc..., es decir, individuos con dificultades para adoptar roles sociales y comportamientos arraigados en el resto de los miembros de la comunidad"(C.P.G.). Sin tanta retórica, hace algún tiempo, quien manifestaba estos comportamientos, simplemente estaba "loco". Afortunadamente hoy ha habido un gran progreso en el intento de separar lo que son comportamientos que se vinculan a la actividad cerebral, a su química, y comportamientos que son el resultado del proceso de adaptación individual. El estudio de la interacción de ambos empieza a estar cubierto por la Seguridad Social.

  Hasta los diez años no hubo ningún síntoma destacado, a nivel neurofisiológico, que indicara alguna anormalidad -y debe entenderse anormalidad, como patología- que pudiera diagnosticarse como tal. Padecí una incontinencia episódica, como efecto secundario de los corticoides aplicados para tratar mi asma. Un nacimiento traumático, tras una gestación de riesgo con hidrocefalia parcial, hicieron pensar, inicialmente, en un posible retraso (algo que a estas alturas sigue sin estar descartado del todo). En mi desarrollo posterior se han detectado ciertas lesiones vinculadas a la lateralidad, como sordera parcial, pérdida de agudeza visual, trastornos gastrointestinales y descompensación del sistema motor; estos síntomas se localizan en el lado izquierdo(¿será esa la razón de mis posiciones ideológicas?). En resumen, nada importante que me hiciera especialmente diferente. 

  Desde el punto de vista sociocultural, las cosas parecen bastante diferentes. En los primeros años de escolarización hay un fuerte componente de apego materno, que se convierte  en una constante fuente de conflictos. Fui a un colegio de monjas en el que sólo se admitían niñas a excepción de los parvularios. Me resistía a la inclusión en ámbitos mixtos y me rebelaba constantemente para evitar el contacto con las niñas. La educación recibida se basabaa en los principios del nacional-catolicismo. Este cuadro incluye: la prohibición expresa del acceso a información sexual para los niños, la reafirmación en la idea de que el sexo es algo malo y sucio, de que la sexualidad es algo misterioso que entra en el ámbito de la vida adulta, en el castigo de cualquier transgresión o curiosidad sobre el particular, y en su expiación mediante la confesión. La transmisión de los "valores cristianos" se hace por vía impositiva a base de catequesis y de ejercicios espirituales (el incumplimiento de estas obligaciones tenía alcance legal, por tanto se dirigía desde las familias).

"Cada sábado asistíamos a catequesis. La madre Goretti, una vieja de cuento con berruga peluda incluida, nos ponía en fila, y nos llevaba a una clase en la que estaba el proyector de diapositivas. No sé  cuántos sábados puso la parábola del hijo pródigo, pero creo que, a base de repetirla, terminó impregnando nuestras mentes con aquella imagen del hijo ingrato y de un padre siempre benévolo y dispuesto a abrirnos su corazón, por más canalladas que le hubiésemos hecho". 
 "La madre Juliana era cariñosa y sensible. Me gustaba permanecer con ella cuando mi madre me dejaba en el colegio. Pero las cosas se complicaron cuando decidí  escaparme de la clase de párvulos, y marcharme a la clase de primero. Mi único argumento era que no quería estar con las niñas y, en primero, sólo había niños (ya entonces había excepciones a la prohibición de coeducación vinculadas obviamente, a considerables compensaciones económicas). La tirana madre Goreti un día me sacó a rastras  para llevarme de nuevo a la masificada clase de párvulos. Recuerdo los gritos y patadas que di y mi resistencia titánica contra aquella imposición. Arrepentido, intentaba funcionar adecuadamente en parvulario; me convertí en un obsesivo pelota que, permanentemente, demostraba que hacía las tareas encomendadas. Al año siguiente, llegué a primero, estaba con los chicos, ¡sólo con los chicos! y la madre Francisca  me enseñó a pronunciar la /r/ correctamente"

"En una clase de quinto de básica, esperábamos en cola los que habíamos estudiado la lección de ciencias naturales, para someternos a las preguntas del maestro. No consigo recordar el tema, pero iba sobre animales. Uno de mis compañeros, que vivía en el campo y cuidaba conejos comenzó a discutir bajito conmigo. Yo insistía en que los niños salían por el ombligo; en cambio él, -lo sabía por los conejos de su casa-, estaba dispuesto a demostrarme que salian por la vagina. Yo no había visto nada parecido, creo que tampoco me había cuestionado tal misterio; en cualquier caso, aquella parte del cuerpo la asociaba sólo al hecho de hacer pipí."

viernes, 20 de marzo de 2009

Un poco de historia

  
" La memoria es la fuente del dolor, sí, pero también su sumidero y el ancho mar en el que se vierte" (La Cruz de San Andrés, Camilo José Cela)

   Somos seres gregarios. Nuestros rasgos naturales imponen una necesidad de desarrollar nuestra vida en grupo. Cuando somos adultos, somos capaces de sobrevivir solos, pero, psicológicamente necesitamos pertenecer a un grupo, sentirnos identificados con la colectividad, no podemos estar aislados.  
  
   A partir de la Revolución Neolítica (entre el 7000 y el 5000 a.C.), se sientan las bases del modelo de organización social que ha perdurado hasta nuestros días. Aunque las formas de relacionarse los miembros de un clan o grupo variaron, el tipo de familia que se generaliza tiene, como condicionante fundamental, el cuidado de la prole. El predominio del padre o de la madre estuvo repartido de manera diferente, pero el modelo patriarcal queda consolidado, en Oriente Próximo, con la expansión del Imperio Persa, y en Europa, con las incursiones Micénicas y Dorias en la Península Balcánica.
   La familia se organiza sobre el núcleo de la pareja que engendra los hijos. Por imperativo biológico, el hombre intenta fertilizar al mayor número de mujeres posibles; un número elevado de hijos multiplica la fuerza, la capacidad de producir, de consolidar una propiedad y de defender unos bienes. La naturaleza impone a la mujer otras condiciones: debe elegir un individuo que garantice la calidad de su descendencia; sin condicionantes culturales, esto va asociado a la salud, la apariencia, a la fuerza física; una vez elegido el individuo, asume su papel de madre, y se esfuerza por implicar al varón en los demás aspectos de la vida, que garanticen la seguridad de su descendencia; entre estos aspectos, está la
optimización de los recursos, porque una excesiva diversificación lleva, necesariamente, a una merma de las posibilidades de proteger y cuidar bien de la prole. 
   Con el paso del tiempo, el término "economía" actúa como aglutinante de la familia. Su estructura resultaba funcional, y permitía la articulación de un modelo social de relaciones. De una parte, estaba la unidad familiar, formada por una pareja nuclear con hijos; su posición se define por los bienes producidos o acumulados y por la gestión de los mismos,  frente a las demás familias del clan.
   El advenimiento del Cristianismo, desde sus primeras manifestaciones primitivas, hasta su consolidación en la forma del Catolicismo, a partir del siglo IV de nuestra era, supuso refrendar una tendencia que se había observado desde las sociedades más antiguas: la alianza entre el poder (los componentes materiales) y la religión (los componentes espirituales). Estos dos elementos fueron la base de los estados, en diferentes formas, hasta después de la Segunda Guerra Mundial.
   Como núcleo básico de la estructura estatal, se hacía necesario establecer unos límites estrictos a la función de la familia. La institución del matrimonio católico formaliza el largo proceso de sacralización que habían protagonizado todas las civilizaciones precedentes. Lo que evolutivamente había sido una unión natural, se convierte en un pacto convencional, refrendado por el poder divino, y al servicio del poder humano. Aunque el orden social quedaba garantizado, mientras se respetaran las leyes estipuladas, nunca se teorizó sobre las repercusiones individuales. Transcurrirán más de quince siglos para que la persona, como ser único y diferente, empiece a reivindicar su papel y sus derechos en un orden estrictamente humano.
   Más allá de las implicaciones afectivas, que apenas se tuvieron en cuenta, al menos como condicionantes para una unión, hasta bien entrado el S. XIX, el matrimonio fue siempre un pacto social. A las personas se les educa (literalmente, se les conduce) desde su esencia natural hacia un modelo de comportamiento impuesto y limitador que le permite su realización como ser social, su integración en el grupo, pero supone el sacrificio de su individualidad. Este proceso fue articulado por hombres, en masculino, y, como tales, conscientes de sus limitaciones naturales, legislaron siempre de manera parcial, y generaron un desequilibrio a su favor, que se ha mantenido hasta nuestros días.

-EL MATRIMONIO NATURAL ESTÁ AL SERVICIO DEL CUIDADO DE LOS HIJOS. EN LA MEDIDA QUE RESUELVE LAS NECESIDADES AFECTIVAS DE SUS MIEMBROS, ES PRODUCTIVO PARA LA FELICIDAD Y REALIZACIÓN HUMANAS.

-EL MATRIMONIO COMO INSTITUCIÓN SOCIAL Y RELIGIOSA IMPONE LÍMITES A LA EXPANSIÓN NATURAL. NO TIENE EN CUENTA A LOS INDIVIDUOS, SINO A SU FUNCIÓN EN EL GRUPO.

-EL MATRIMONIO NATURAL ES UN PELIGRO PARA EL ESTADO Y EL PODER, PORQUE EL INDIVIDUO ESTÁ EN UN CONSTANTE PROCESO DE CAMBIO QUE PODRÍA CUESTIONAR, EN CUALQUIER MOMENTO, EL ORDEN ESTABLECIDO. SE LE OBLIGA, POR TANTO, A ACEPTAR EL MATRIMONIO SOCIAL.

-EL MATRIMONIO SOCIAL SUPONE UN COMPROMISO DE RIGUROSO CUMPLIMIENTO, TANTO POR IMPERATIVO DE LAS LEYES HUMANAS, COMO DIVINAS. ESE COMPROMISO, UNA VEZ ADQUIRIDO, NO PUEDE DISOLVERSE, NI ROMPERSE. LAS EXCEPCIONES FAVORECEN A LOS HOMBRES.

-EL MECANISMO QUE SOSTIENE EL MATRIMONIO SOCIAL ES LA FALTA DE CONCIENCIA INDIVIDUAL. EL ESTADO VIGILA CON CELO QUE ESTA CONCIENCIA INDIVIDUAL NO SE DESARROLLE.

   Queda fuera de mis intenciones entrar en una polémica tan compleja como la que he esbozado. Sólo quiero llamar la atención sobre el hecho de que, hoy, hemos pasado de los modelos de conducta, del dogmatismo, de los catecismos que nos enseñan a vivir, a un proceso de cuestionamiento constante sobre todo lo que nos rodea, a un relativismo, un tanto peligroso, a un "todo vale". Ese sentimiento de horfandad puede llegar a ser igualmente nocivo y desesperante.
   
   La conciencia de nuestra individualidad ha crecido, y la única forma de integrarnos es mediante LA COMUNICACIÓN; con ella podremos expresar, ante el otro o los otros, cuáles son nuestros planteamientos y expectativas de vida. Se puede apostar por una unión natural, se puede defender con cualquier tipo de argumentos psicológicos o antropológicos. Pero, igualmente, se puede defender un modelo de relación social en la que los valores afectivos y los incentivos para el bienestar individual puedan encontrar una sólida justificación. El gran problema deriva del desajuste entre nuestra necesidad de romper las ataduras que nos resultan artificiales, y nuestra necesidad de integración, por una parte; por otra, la incapacidad para renunciar a aquellos objetivos que nos resultan legítimos, aún estando en desacuerdo con las convicciones de la persona con la que nos queremos relacionar.

Un saludo cordial


¡Hola!. 
   Una experiencia reciente me ha dicho:¡¡Basta ya!! Cuando salta a la prensa un crimen de género, un pleito por maltratos, todos ponemos el grito en el cielo. El sufrimiento que provocan estas situaciones cuenta, al menos, con una regulación que, si bien, no siempre funciona, ya es algo. Aunque quienes se ven envueltos en un trance de este tipo, difícilmente van a recuperar su estabilidad emocional, tienen la complicidad, no sabemos si sincera, y el apoyo de la sociedad. Los otros dramas, los que no saltan a las noticias, los que son demasiado sutiles, los que afectan a la intimidad de la pareja concreta, infeliz y paralizada, siguen generando focos de tristeza y de conflictividad para todos.
 Creo que hay  falta de comunicación,  falta de conciencia que nos lleva a repetir patrones en el tiempo y en el espacio, que no encajan con nuestra naturaleza, y que nos devuelven, en las relaciones humanas, a las actitudes más primitivas y egoístas. Si las mujeres "normales" tienen una percepción de los "hombres" como "cabrones, capullos, mentirosos y un largo etcétera", es que esos hombres no han tenido, nunca, el valor de explicar sus verdaderas intenciones, sus auténticos propósitos (seguramente porque ni ellos mismos los conocen), y dar, así, la oportunidad al otro de elegir libremente si quiere o no quiere compartir un espacio de su vida con personas auténticas, buenas o malas, pero auténticas. 


P.D. Soy un hombre corriente, trabajo en la enseñana, me encanta leer, tomo notas, observo, apunto las citas interesantes.  Espero que mis testimonios puedan servir de algo, y contribuyan a romper la capa de miedo y de infelicidad que nos convierte en almas en pena; entiendo la necesidad de vivir con responsabilidad, pero ante todo la necesidad de vivir, y no me parece justo que no nos demos cuenta y que se nos escape sin sentido.  Por supuesto, son puntos de vista subjetivos, cuestionables, pero son los míos y seguramente por empatía, serán los de muchos también. Viendo la vida desde fuera, con perspectiva,  quizás seamos capaces de dulcificar los malos ratos, de entender lo que realmente nos pasó y no lo que hubiéramos querido que nos pasara. Trato de trabajar el sentimiento de culpa,  la mala conciencia, el pasar por la vida sin darnos cuenta que lo estamos haciendo. En ese acto de autoaceptación creo que es donde cobra sentido nuestra existencia: si no nos aceptamos a nosotros mismos...los de enfrente no lo van a hacer tampoco y, además, ni les interesa, ni les importa, eso sí, siempre y cuando  no les toques las narices. Si les apetece acompañarme, quizás encuentren alguna razón para reírse y, si no, pues sean también bienvenidos.