Han pasado cuatro años. Cuatro años de despropósitos. Cuatro años invertidos emocionalmente en la persona equivocada. Hoy es hora de hacer balance, de ajustar cuentas, de llevar cada pieza a su lugar.
Nunca pensamos, mientras dura una relación, que todo puede acabar repentinamente, si lo pensamos no lo verbalizamos, si lo verbalizamos lo relativizamos, no entra en la ecuación. Puede acabar, aunque no es lo más frecuente. De la misma manera, cuando se tiene una mala relación, tampoco tenemos la certeza de que un día podamos acabar con ella, liberarnos. Pero también sucede. Los mecanismos son idénticos. Nunca podremos olvidar, nunca podremos desengancharnos, una y otra vez vamos a recaer en aquello que nos hace daño y nos produce sufrimiento. Pero el drama termina, nuestra naturaleza está diseñada para eso, finalmente, vencerá todos los supuestos culturales que la castraron una vez.
¿Por qué soportamos una mala relación?. Tras seis meses de idílico romance, aparece la tercera persona. Se abre el capítulo de las indecisiones, de las dudas. Llega el ultimatum: o él o yo. Ella decide él, pero luego, pasan unos días, y se cuestiona su decisión, y "yo" vuelve a estar en el juego. ¡Error!. De haber aceptado su decisión, de no haber hecho caso a sus demandas posteriores, se habrían ahorrado cuatro años de sufrimiento. Pero los cambiaron por unos dudosos momentos de placer bajo la apariencia de una relación a otro nivel... ¡qué nivel!.
¿Es que algún macho -la expresión es en sentido antropológico- soporta la infidelidad confesada sin ninguna contrapartida? Sin contrapartidas no, pero aparentando que no las hay sí. El arma más eficaz consiste en hacer culpable al otro de los propios desmanes. A ella la salva la honradez de aceptarse como es, tiene derecho a estar enamorada de dos, de tres o de cincuenta hombres a la vez. Sin saberlo, cuando confiesa su infidelidad, está enfrentando a sus rivales. La maniobra cobra su más alto grado de sutileza y eficacia, si una parte lo ignora y la otra lo sabe. Sería humillante para el cachudo consentidor. Sin embargo, aquí radica la paradoja, ¿existe realmente un cachudo consentidor?, ¿la fidelidad a cambio de la infidelidad es posible?