sábado, 6 de febrero de 2010

En el día de hoy...casa nueva, vida nueva

   Ayer me levanté lleno de ilusiones. Había aceptado que lo que tenía no era otra cosa que una relación de  casi "amantes" con alguien a quien, durante años, me había empeñado, en convertir en mi pareja. ¡Lástima! Aguantar cuernos y dejarte humillar para, luego, poner en evidencia a esa persona, privarla de saber que había sido engañada sistemáticamente en la misma medida, no puede decirse que sea "querer a alguien"...; pero todo llega y me lo guardaré. Vender la imagen del hombre casi perfecto, del hombre fiel, después de algún tiempo, resulta agotador, más, si se trata de competir con alguien que se presenta como un auténtico capullo, que no patán. Venderte como el mejor es el único recurso que te queda para cubrir las apariencias. Es probable que el pecado de ese pobre ingenuo haya consistido, simplemente, en ser un egocéntrico de ideas reaccionarias. Su pecado, tener una novia de esas que no se pueden dejar, intentar echarse una novia a la que no es capaz de complacer debidamente en ningún sentido..., seguramente porque, después de elegirla, se dio cuenta de que se equivocó de mujer, pero que, por principios -los suyos, claro, muy suyos- no sería capaz de reconocer su error. Ese individuo ha tenido que existir, porque de otra manera ¿cómo podría yo haber justificado la cadena de engaños, de mentiras, de infidelidades asumidas y no confesadas? ¡Alguien tenía que soportar el chaparrón, alguien tenía que ser el chivo expiatorio! Chivo, nunca mejor aplicado el adjetivo, porque cuernos, lo que son cuernos, doy fe que los ha llevado; de los míos no doy cuenta.
   Ahora sólo queda buscar una "doctrina moral" que explique estos comportamientos. Quizás, la más adecuada sería la budista, aquella que dice que no hacemos el mal, que sólo somos ignorantes; quien hace daño, no lo hace por maldad, lo hace por ignorancia. En este caso la ignorancia va unida a una inmadurez enmascarada por las apariencias.....Desde luego me cubro de gloria, ser burro, ignorante y, además inmaduro, se lleva mejor que ser un auténtico patán.
¡Qué bien que todo terminó!, y yo que lo vea. 


   "Glauce llegó para quedarse. Gilia se esforzó por dejar claro que éramos pareja. Cuando paseábamos, cuando estábamos en sitios públicos me abrazaba, me tomaba de la mano, me agarraba el trasero o, en sus días eufóricos, no dudaba en subirse a horcajadas sin ningún tipo de reparo. Glauce por el contrario, siempre fue discreta. Empezamos a vernos los fines de semana en la nueva casa. Rosita Garmendia me la había alquilado. Desde que dejamos de ser simples compañeros de trabajo se fue acercando a mí progresivamente, pero su actitud en nada se parecía a lo que hasta ese momento había conocido, no era alguien que me dejara claro que quería ser mi pareja, pero tampoco podría desmentirlo; pronto empecé a considerarla como mi hermana mayor, para lo bueno y para lo malo; casi siempre recibí y di muy poco, era un pilar fuerte, te acostumbras a que esté ahí, pero, lamentablemente, terminas por no darte cuenta, salvo que algún día no lo encuentres. Su tío le había encargado remodelarla y lo hizo con el mayor de los esmeros. Realmente no merecía aquella casa y, en varias ocasiones, consideré la posibilidad de hacerme con ella, aunque ello podría haber trastocado todo lo bueno de aquella historia. El tiempo fue pasando, Glauce dejaba algunas prendas en mi armario, me ayudaba en la decoracíón y los vecinos empezaron a identificarla como la chica que vivía conmigo. A espaldas de Gilia se fue tejiendo una nueva historia. Ya estaba en sus últimos cursos de la carrera. No nos llamábamos con mucha frecuencia. Teníamos reservados las fechas claves de vacaciones para salir juntos. Nos acostumbramos a esta nueva forma de relacionarnos, en la distancia, Gilia no parecía preocuparse, per en las situaciones más evidentes, Glauce miraba hacia otro lado; a ella comencé a pedirle que luchara por nuestra historia, más madura, pero, sobretodo, más cómoda y real, intuía que lo haría muy bien. Gilia no lo habría tolerado, pero a estas alturas ya era más una cuestión de orgullo que de otra cosa. Tarde o temprano tendríamos que enfrentar lo que estaba pasando".  (D.D.A.)