sábado, 30 de mayo de 2009

En el día de hoy..., nueva casa, nueva vida.

   Hace tiempo que los nacionalismos han dejado de tener sentido para mí. He entendido que como personas, el ser de un lugar o de otro, no nos hace diferentes, al menos en esencia. Sin embargo, esto se ha usado siempre como pretexto para enfrentar a unos pueblos con otros, bajo la consigna de que "ellos son los mejores". El nacionalismo canario nace del odio y del rencor hacia los pueblos que vinieron a conquistar las islas. Nada que se alimente del rencor y del odio puede ser bueno. Por eso, para mí, hoy es, simplemente, un día de fiesta y un día más para reflexionar sobre mienredada vida afectiva.
  
 Marga sigue llamando, puntual como siempre. Ahora soy su confidente, de cansancio y aburrimiento, hablamos de su historia una y otra vez, reconoce que es algo que no quiere para su vida, pero también está claro que yo no soy su alternativa. Tengo miedo de que, al final, como mal menor, cambie su actitud y quiera estar conmigo. Como lo veo hoy, sería un castigo más del destino, si es que existe: terminar con alguien que me quiere con la cabeza, pero no con el corazón. Va en contra  de lo que siempre he defendido. De momento, queda fuera de mis planes, no siento necesidad de que me venga a ver, de que estemos juntos. Intento hacer mi vida, justo lo que hace ella. Ella me cuenta lo que quiere, yo la creo. Yo no me quiero poner a su altura. Sólo así, puedo mantener el equilibrio. Las medias verdades, las mentiras enteras...no hay más.


   Mi primer apartamento de soltero de oro lo compartí con un compañero de trabajo. Dormíamos la siesta frente al televisor pendientes de la invasión de Kuwait por los Iraquíes. Nos interesaba lo que pasaba en el mundo. Íbamos tirando a medias con nuestros sueldos y mis padres perdieron definitivamente la esperanza de que volviera al nido familiar. En aquel apartamento, bastante más cutre que los que ocupé en mi época de estudiante, comencé mis primeros trabajos sobre mi futura tesis: Los epítetos del amor en la poesía griega antigua. Francisco se iba los fines de semana; la casa quedaba para mí solo. Me seguía sintiendo como un universitario y mis amistades las seleccionaba en función de su grado de compatibilidad en ese sentido. Aunque no concreté ninguna relación en este espacio, sí se gestaron algunas posibilidades. A pesar de tener una cama propia y un espacio para cualquier andanza de soltero, casi nunca tiré de esta posibilidad. Todavía me gustaba tomar el aire, disfrutar de la calle, del buen tiempo y de las oportunidades que mi recién inaugurada vida social me ofrecían.

"Aquel verano conocí a Silvia; fue lo más parecido a una locura entre un adolescente y un adulto. Si entonces hubiese conocido el mito de Lolita, seguro que lo habría referenciado. Me llevó a mis diecisiete años, hice canciones y casi perdí la cordura por corretear detrás de ella. Sin embargo, se marchó pronto. Quedó su aroma y su recuerdo y los ratos compartidos. Una de sus amigas de grupo terminaría luego siendo mi adorado tormento. Chantal tomó el relevo, me acompañaba por las tardes los sábados del curso; como extranjera adoraba la isla y paseábamos mucho. Gilia, llegó para quedarse mucho tiempo. Era más joven, era de aquí, iniciaba el mismo camino universitario que  yo había dejado atrás hacía apenas un año...esa fue su mejor baza."

"Poco antes de iniciarse el curso, después de una monumental fiesta, terminamos todos medio borrachos algunos y completamente borrachos otros. Gilia saltaba sobre el tejado de mi viejo Starlet, no me preocupaba tanto que terminara con alguna fractura, como que destrozara el coche; como hacía calor intentó hacer un amago de baile erótico que terminó en una patosa caída en la que sólo pudo enseñar parte de su sujetador. Mientras, Silvia me rondaba; la noche era seductora, y no es un tópico; supongo que el hecho de que fuera la primera vez que bebía alcohol detonó sus instintos y, a pesar de la diferencia de edad, se acercó, me abrazó y me dijo que quería algo conmigo" 

"Algunas tardes, mientras Francisco dormía a pierna suelta, las dedicaba a organizar el material para la tesis. Me molestaba que me interrumpieran. Sonó el timbre, lo que no era muy frecuente. No me acordaba que le había insinuado a Chantal la posibilidad de que nos visitara alguna vez, y lo hizo. Preparamos café y hablamos un rato. El recuerdo de Silvia me mantuvo algunos meses alejado de veleidades amorosas, pero -como supe luego- en Chantal había despertado algo más que curiosidad y como buena Leo tomó la iniciativa. Lo que no se  me pasó por la cabeza es que un poco más tarde el timbre volviera a sonar; esta vez era Gilia, ¿qué rayos hacía allí?, ¡yo era su profesor!. Ni corta ni perezosa y sin anestesia, cuando abrí la puerta, me agarró el cuello y me soltó dos sonoros besos en  ambas mejillas. El desconcierto de todos, nos dejó mudos. Después de un tímido hola, le dije que pasara, que se uniera a la reunión y la invité a café. Cuando fui a la cocina a por una taza, yo me puse otta, pero con un buen bautismo de ron...mi ansiolítico de entonces."  (D.D.A.) 
   
  
  

miércoles, 20 de mayo de 2009

En el día de hoy...otra vez las convenciones


   Pocas veces nos damos cuenta de hasta qué punto nos condiciona nuestra educación. Supongo que no reparamos en que la mayor parte de nuestras actitudes de rechazo son consecuencia de un desajuste entre nuestros propios modelos y los que nos vamos encontrando a lo largo de la vida.

   Miramos atrás, nos damos cuenta de que hemos estado luchando por una relación estable todo el tiempo, asumimos nuestros fracasos y equivocaciones y, cuando intentamos empezar de nuevo, todo nos sigue resultando extraño, ajeno a nuestros propósitos, desmotivador. Creo que tenían algo de razón quienes, en su momento, postularon la teoría de que nuestro cerebro, cuando nacemos, es un libro en blanco. El aprendizaje le proporciona sus contenidos. Es una pena que no tengamos criterios para elegir esos contenidos; es triste que quienes conocen la maleabilidad de la conciencia infantil, la modelen para que las personas sirvan a sus intereses; y, lo peor, esos patrones, esos moldes, quedan fuertemente impresos y nos impiden -o nos lo permiten con mucho esfuerzo- tomar decisiones libres, necesarias, imperativas que se adecuen a la evolución de nuestra personalidad. Esos sellos son indelebles, nos marcan. Es verdad, nos hacen como somos, pero y ¿ cuando no queremos ser así?

   Imágenes, charlas, modelos, orientaciones y confesiones. Un hombre bueno es aquel que desde su infancia honra y respeta a sus padres y a un dios, cuida de sus hermanos, trabaja para el bien de la casa. Un día, ese hombre bueno conoce a una chica y se enamora de ella. Se formaliza la relación si resulta conveniente, adecuado; las nuevas familias se conocen. Viene el "sagrado vínculo del matrimonio", la construcción de un nuevo hogar, la concepción y el cuidado de los hijos. Con el paso del tiempo, ellos se harán mayores y seguirán la cadena. El hombre bueno, con su esposa, envejecerá plácidamente, asumirá con resignación los reveses de la vida, afrontará la muerte con esperanza, porque ha cumplido con su papel.

   Esto no es una película. Ojalá fuera un buen dibujante, podría plasmar los paisajes en tonos cálidos en que un hombre y una mujer, hermosa y recatada en su forma de vestir, con dos niños de la mano, miraban el atardecer dando gracias a su divinidad por tantos bienes concedidos; le pintaría la sonrisa plácida de la novia y la ternura del esposo en la ceremonia nupcial; el gozo del padre, aún con barba marrón, correteando tras sus hijos en un jardín perfecto lleno de pájaros y flores; les pintaría, al fin, a esa misma pareja, él ya con barba blanca, mirándose en una comprensiva complicidad, cuando sus hijos parten del hogar para buscar una nueva vida.
   
   Frente a esto, grabado a sangre y fuego en nuestras maleables conciencias, nuestra vida, con perdón de la expresión, es una "mierda". O mejor, la vida de más de dos tercios de la población de este mundo. A mí no me pasaron ninguna película donde la gente pasara hambre, donde la gente fuera discriminada por su sexo, por su raza, por su condición social o económica. No me documentaron sobre el sufrimiento humano, sobre la enfermedad, sobre la violencia de género, sobre la pederastia y la explotación de las personas. Me vendieron un mundo feliz; en aquella época, dios y su divina bondad eran el premio. Hoy, así y todo, tenemos por ahí un montón de sectas que han sustituido a ese Dios por el Dinero, pero la canción no cambia, sigue con la misma letra y con la misma música.

   Rápidamente alguien diría: "te has quedado en la adolescencia, careces de personalidad" La adolescencia fisiológica obviamente la he superado; sobre lo de la personalidad habría mucho que decir. Si no nos atrevemos, ¿no será porque carecemos de la individualidad suficiente para hacerlo?. Sí tengo claro que reconquistar la libertad propia es un trabajo complejo, y no puede limitarse a la acción individual, aunque pueda parecer un poco paradójico. He tenido que empezar a preguntarme porqué hago determinadas cosas, porqué actúo de determinadas maneras; he hecho un análisis, lo más riguroso y autocrítico posible. Sólo busco la razón de mi tristeza, de mi sufrimiento. Encontrarse con la verdad es duro, complejo, duele y no podemos inventarnos "la valentía" que, un día, nos arrebataron para ser de otra manera.

   A veces, pongo un ejemplo que me parece bastante clarificador y que conecta, bastante, con la realidad que nos afecta. ¿Por qué apago las luces de mi casa, por qué reciclo el vidrio?. Como buenos alumnos responderíamos que hay que ahorrar energía, que contribuimos, con esos pequeños gestos, a la salvación del Planeta. Creo que habrían suspendido todos. La respuesta correcta, mi respuesta correcta es que apago la luz porque la factura que debo pagar será menor, reciclo el vidrio porque me molesta y me resulta cómodo que haya contenedores donde ponerlo. Estos son actos de libertad, en conciencia o no, pero es lo que realmente me mueve a hacer ciertas cosas. Cuando no separábamos la basura, el papel o el vidrio se recuperaban de la misma manera. Sólo nace la conciencia ecológica cuando se crean las infraestructuras necesarias para hacer rentable este reciclaje. Traperos y chatarreros ha habido siempre. Reciclar basura era su medio de vida. Ahora, mediante la educación para concienciarnos sobre la importancia del Medio Ambiente, abaratamos los costes de producción de un vidrio reciclado y de un papel reciclado y salen al mercado con un nuevo valor. Nosotros hacemos una obra de caridad en favor de los especuladores comerciales, pero nos sentimos bien, porque estamos contribuyendo a la salud del Planeta.

   En el ámbito de la pareja, podemos dar el mismo enfoque. En algún momento de nuestras vidas aprendimos que las cosas deben ser de una manera y eso, de lo que casi nunca somos conscientes, nos condiciona para siempre. Un hombre mayor y una chica jóven forman una pareja ridícula. Pero también era ridícula la posibilidad de que un hombre libre se casara con una esclava, o que un blanco se casara con un negro, o que dos hombres o dos mujeres establecieran una relación sólida, estable y feliz. ¿Se imaginan el sufrimiento que puede haber pasado un homosexual casado por convenciones?. ¿Se imaginan el sufrimiento de payos y gitanos enamorados, condenados a la separación por sus tradiciones?. ¿Cuántos problemas individuales han generado las diferencias religiosas, económicas o políticas a la hora de luchar por una relación amorosa?. Pues bien, a mí me hicieron un hombre convencional. Me dijeron que la única forma de relacionarme era buscando a una mujer, casarme con ella, tener hijos y esperar, en el atardecer de nuestras vidas, a ver cómo se marchan para seguir su propio camino. No me dieron alternativas, o eso, o el celibato, ¡porque sí!. Es un canal demasiado estrecho para todo el caudal que representa una vida. Afortunadamente, hoy podemos hablar, podemos postular un modelo de educación menos restrictivo, en el que se potencien, por encima de todo, las capacidades del individuo, sus posibilidades de realización. Tenemos que erradicar la idea de bueno/malo, porque una ética verdadera sólo se puede construir desde la perspectiva de lo propio e individual. Partiendo del hecho de que el AMOR es un pilar fundamental de la existencia, jamás diré que exista un modelo de relación. Siempre diré que cada uno debe buscar el suyo; es un trabajo de autoconocimiento, de saber delimitar nuestros deseos, nuestras aspiraciones, de conocer lo que podemos afrontar y lo que no. De esta manera, si un día descubrimos que nos gusta una mujer musulmana, no añoraremos tener una boda católica; si un día descubrimos que nos gustan los hombres o las mujeres, no añoraremos la fotografía de la familia tradicional; si caemos en la cuenta de que queremos vivir una vida sin compromisos, mirándonos el ombligo, disfrutando de nuestro cuerpo, no tendremos necesidad de engañar a nuestras esposas, a nuestras parejas por esforzarnos en dar la imagen del hombre bueno del catecismo.
¿Hay dos que piensen así?

martes, 19 de mayo de 2009

En el día de hoy. Conversando con un amigo.


   Alguien podría decir que contar las cosas que se hablan con un amigo resulta poco apropiado. En este caso, sin embargo, voy a hacer una excepción y espero que me perdone. Lo conozco hace bastantes años, no somos íntimos, ni tenemos una relación fluida. A veces, pasan muchos meses sin vernos. Él es A.C., pero creo que no le importaría que usara su nombre verdadero. Quizás, en este tiempo, lo que nos ha unido en mayor medida, es la afinidad en los sucesos de nuestra vida o eso creo. Al principio, entrar en ciertos detalles, más allá de los tópicos, resultaba complicado. Pero ahora, hemos podido profundizar. Las tropiezos comunes duelen menos.

   "A.C. ¿No me habías dicho que Marga era historia?
   -Le dije que no viniera a casa. Que llamara cuando quisiera. Tenía la esperanza de que, si se limitaba a llamar, me reservaría el derecho a contestar. Estaba firmemente decidido a no hacerlo en un tiempo. Además, le dije que los pocos nexos que nos quedaban, nuestros pequeños compromisos comunes, los iba a cancelar.

   A.C. ¿Entonces?
   -Se plantó en casa. Sabes que mis puertas están abiertas. Creo que intuyó que podría no cogerle el teléfono. Fue una reconciliación suave, no pasó de la entrada. Hablamos un rato. La noté muy ansiosa, con la necesidad de complacerme, pero triste.

   A.C. ¿De qué hablaron?
  -¿De qué va a ser? Monólogo sobre el otro. Menos mal que ya me lo tomo con calma. Creo que no tiene a quién contar sus problemas y, realmente, pretende mantenerme a mí, como colchón al menos,  pero sin renunciar a su otra relación. Es bastante agotador. Ahora, toda la cuestión, es el famoso viaje a Madrid.

  A.C. Es verdad que me contaste que estaban planeando un viaje con una amiga. También me dijiste que no lo veías nada claro, que, al final, te ibas a gastar un montón de dinero y que ya no te hacía demasiada ilusión pasar unos días con ella a estas alturas.
  -Tal y como suponía, yo estaba excluido. La idea se había forjado con su amiga. No tiene fuerza de voluntad para cambiar nada, o, simplemente, no le interesa. ¿Cómo se iba a pasar un fin de semana de fiesta conmigo y el otro sin saberlo? Reconozco que, por un momento, pensé que se podría hacer y les puse las cosas bastante fáciles. Luego, vino la noche del desencuentro, lo de su carta testimonial y empecé a respirar aliviado. 

   A.C. ¿Qué te hizo pensar que se iría contigo?
  -Seguramente quería ponerla a prueba. Enseguida aparecieron los pretextos. Hace algún tiempo, sabía más o menos lo que estaba pasando, ahora me limito a evaluar las cosas que me cuenta y que pongo constantemente en duda. Tengo que insistirle mucho para que me confiese que su otra historia no está tan mal, que hay mucho más de lo que yo sé. Esto ya no sé dónde encasillarlo. Es como un burro y una zanahoria, conversando de espaldas. 
 
  A.C. ¿Podrías esquematizar la situación sin enfadarte?
-¡Muy bien!, vamos allá. Ella sale con otro. Se ven en entornos públicos, pero no dan a conocer su relación. Hacen el amor, no sé con qué frecuencia, ni dónde. Hablan por teléfono. A veces, de forma obsesiva, el individuo la llama sin parar, especialmente, cuando sale a dar una vuelta o se queda fuera de sus rutinas. Él nunca la acompaña, siempre tiene compromisos. Las conversaciones, según me cuenta, aparte de alguna que he presenciado, son breves, cortantes, son discusiones más que conversaciones. Algunas veces se ríe. Se queja de que no quiere eso para su vida, pero es incapaz de dejarlo, de no responder a sus llamadas, de dejar de someterse a su voluntad.

   A.C. Es como si estuviera casada. No rompe el vínculo con su marido, me da la impresión de que su idea del matrimonio entra en los parámetros más tradicionales. Sin embargo, parece que está harta, que quiere salir de ahí, por eso te usa a ti para quejarse, para contarte su malestar y, si te sirve de consuelo, hasta cierto punto, no llegas ni a la categoría de un amante. ¿Por qué quieres salir de un papel que no te han dado?
   - Creo que, desde que la conozco, me presenté como siempre. Como un novio, con planes, con ilusiones. Pero ahora que lo dices, cuando pasaron unos meses y me intenté implicar más en sus cosas, empezaron los problemas. Luego, apareció el otro. Simplemente, no he sabido cambiar mi papel. ¿Y qué hace un  quasi amante?

  A.C. Hay que tener un poco de sangre fría. La posición más cómoda y satisfactoria es no tratar de competir con el marido. Eso genera sufrimiento, te impide disfrutar de los ratos que estén juntos y te crea expectativas. ¿Estás enamorado de ella?
  -Estoy encabronado, frustrado, enfadado. Lo que siento hacia ella tiene que ver muy poco con el amor y, a estas alturas, ni siquiera con el deseo. Es una rabieta de impotencia. Y ya me estoy impacientando.

  A.C. ¿Qué te gustaría que pasara?
  -Que ella vaya a Madrid con una amiga me parece de lo más natural. No me importa que haya decidido hacerlo a su manera. Fui yo quien intentó cambiar sus planes. Necesita conocer gente, salir de su círculo, ver otras cosas y con otra perspectiva. Me alegro de verdad de que haya tomado la decisión. Pero el otro elemento tiene una fijación que no la deja vivir: para él, su amiga no es de fiar, le da mala espina, está convencido de que ese viaje no es un viaje cultural, que el primo al que va a ver, no es tal y, simple y llanamente, se opone a ese viaje porque lo dice él. Ella  se resiste y viene y me lo cuenta. Aunque sé que no es asunto mío,  ¿o sí?.

   A.C. ¿Qué te hace pensar que las sospechas del otro no son ciertas?
  -Seguramente porque confío más en ella que él. Además, si se va a Madrid a tener una aventura, es algo que a mí no me preocupa. Ojalá encuentre una relación que le dé más fuerza y vuelva a tener ilusiones. De lo que tengo ganas es de que, de una vez, acabe este juego.

   A.C. Si no te importa que tenga otros líos, realmente has renunciado a tener algo serio con ella. No eres una alternativa en su vida, Me preocupa que no te sientas libre para hacer lo que quieras con tu vida por culpa de esos lazos que, sólo tú, te has creado. Ella, como mujer, con sus necesidades, los acepta de boca para fuera, es cultural; la idea de tener una aventura no es algo que se pueda confesar tan alegremente. Por eso, si tu le ofreces matrimonio ella quizás te dirá que sí, pero, desengáñate, su historia no está contigo.
  -Le dije que porqué no le proponía ir con ella, que se inventara cualquier excusa, si tanto temía por su integridad moral. Me contestó que eso no podía ser, simplemente, porque su novia (ya lo tiene asumido), o querida o lo que sea no se lo iba a poner fácil. Luego le sugerí que si está convencida de que lo quiere, debe aceptarlo como es, y renunciar a ese viaje para que no se sienta mal. Aquí patinó.

   A.C. ¿En qué sentido?
  -Te he contado las implicaciones económicas que hemos tenido. Intento olvidarlo, porque nunca me había gastado tanto dinero en una relación. Cuando le he preguntado si el otro se ha comprometido a ese nivel, siempre me ha dicho que no, e, incluso, algunas veces lo ha justificado, porque su situación económica no es buena (algo que no he entendido nunca, cobra más que yo, y en este espacio de tiempo se ha dedicado a gastar dinero sin más, se ha comprado, primero, una moto de gran cilindrada y, luego, un coche de lujo). Pero, de repente, se le escapó que estaría dispuesto a pagarle el billete comprado, con tal de que no se fuera. Entonces la quiere más de lo que yo creía. Cuando le insistí en que, si de verdad iba a ser capaz de gastar su dinero con ella, me dijo que seguro. Mal, mal, mal, creo que me la ha estado pegando a gusto. Ya no sé qué pensar. Miente más que yo, ¡y ya es difícil!

   A.C. ¿Has tomado alguna decisión?
   - Por lo pronto, repetir el mantra "Marga es historia, Marga es historia"(actus limen est). Otra vez me ha llamado para cancelar la que se supone iba a ser nuestra cita de despedida. Y me he cabreado. Creo que le he dicho con claridad que ya está bien. Su amigo la amenazó con ir al Aeropuerto a comprobar si, efectivamente, se iba a ir sola. Me salió decirle que yo tenía intención de ir a despedirla. Me pidió de favor que no fuera.., claro que no voy a ir. No voy a perder más el tiempo. Reconozco que me dolió. Pero es verdad que, en estos últimos meses, no me he dado cuenta de que no ha habido ni un solo indicio de que ella quiera o pueda dejar la otra relación. Siendo así, le he recomendado que acepte lo que tiene, que deje de quejarse y se fije en las cosas buenas, que seguro que alguna habrá. Quizás no debí recordarle lo que ha sucedido en todo este tiempo, sus noches de soledad, sus fines de semana encerrada, su falta de relacionarse con gente de su generación, sus discusiones, pero es la realidad que ella me ha pintado, y es la que me ha apetecido poner sobre la mesa. Así y todo, le he pedido, clara y taxativamente, que si sucede algo, y sólo si sucede algo importante, y le apetece contármelo, que estaré abierto...

   A.C. ¿Qué esperas que suceda?¿Estás dejando la puerta abierta de verdad?
  -No, si su relación se compone o va hacia donde ella desea en el fondo, yo me alegraré de que sea así, no lo dudo y me encantará saberlo. Si ella se harta -y al ritmo que van las cosas, me temo que va para largo-, pues podremos hablar, si nos interesa retomar esta historia, la retomamos y si no, lo de siempre, quizás seamos amigos y ahora sí, sin más.. Sabes perfectamente que esta última posibilidad es remota, pero queda bien en una despedida.

   A.C. Entonces, ¿Con qué te quedas de sus sentimientos ?
  -Yo puse la primera piedra. Ella cedió. Me abrió su vida durante seis meses más o menos, y, luego, todo se ha ido a la porra poco a poco. No dudo que despierte emotividad en ella, no dudo  que nos hayamos deseado durante todo este tiempo, no dudo que en mí haya generado muchas cosas que me han marcado. Pero no sabe lo que quiere y se lo he puesto difícil. Sé que te parecerá presuntuoso de mi parte, pero he puesto el listón es muy alto y  me he tirado a la piscina sin ninguna reserva. Lo único que he provocado en ella, sin embargo, es confusión y, a cambio, me ha dado muy buenos ratos. Debí parar cuando ella me dijo que quería intentarlo con el otro. Nos habríamos ahorrado mucho tiempo y descalabros. Por mi parte, punto y final, se va unos días, no hablaremos, no llamará y si lo hace, no cogeré el teléfono. Esto lleva tiempo y ella necesita aclararse. A mí ya no me aporta nada. 

   A.C. Pues que tengas suerte. Parece que esta vez te veo más convencido y que quieres salir de esto. Me reservo mi opinión. Como te necesita, seguirá ahí. Pero intenta mantenerte fuera, no la comprometas más. La pelota está en tu tejado." (D.D.A.)

Fin de un capítulo...comienza la vida....(I)


 Al volver de aquellas vacaciones no vi inmediatamente a Belén. Pasaron un par de semanas hasta que nos volvimos a encontrar. Aunque intenté mantener la apariencia de normalidad, algo empezaba a no ir bien, su intuición no la engañaba, yo sí. Estaba nervioso por la proximidad de las oposiciones. Belén adoptó el papel de ama de casa, me preparaba la comida y se hacía cargo de cosas cotidianas el tiempo que compartíamos, básicamente, para que yo estudiara. Percibía su malestar y eso generaba mucha tensión entre nosotros. A partir de aquel fin de semana, mis visitas se distanciarían.

"Estudiaba en una habitación que estaba bajo la casa de mis padres. Aunque me concentraba sin dificultad, porque estaba muy entusiasmado con mis posibilidades de aprobar, me mantenía un poco alerta. Mi madre era la encargada de recibir las llamadas. Con Belén tenía un trato muy familiar, aunque aún no se conocían en persona. Ana resultaba una intrusa, fueron muy pocas las veces que descolgué el teléfono para llamarla. Lo más cómodo era hablar de amigas, de compañeras. No me hacían preguntas, probablemente porque era un hombre y, el que me llamaran varias chicas, era completamente normal. en mi casa. De haber sido una de mis hermanas, las cosas habrían sido muy diferentes"  (D.D.A.) 

   Un día me llamó Belén. Tenía que ir a verla urgentemente. Aunque ya estaba acostumbrado a su alarmismo, el mundo se me vino encima; a punto de opositar, era lo que menos esperaba, pero su salud estaba en juego.  Afortunadamente, todo quedó en una falsa alarma. He llegado a pensar, incluso, que Belén, en una estrategia para que no se perdiera nuestra historia, quiso darle una vuelta de tuerca.  Siempre pensé que era medio bruja, "la bruja de Femés" y que con sus pócimas y maleficios quería robarme el alma. Visto con cierta perspectiva, creo que es la misma sensación que he vuelto a tener después, en otras situaciones. A lo mejor es verdad, hay mujeres buenas y mujeres malas, ángeles protectores y detractores. Cuando no alcanzo a entender algo con la razón, uso la imaginación, vuelvo al mundo de los chamanes. Quiero sentirme otra vez un poco troglodita.

   Salí tan afectado de este incidente, que me refugié en Ana Montenegro. Ya había complicidad, y Belén salía alguna vez en nuestras conversaciones; como estaba algo resentido, adopté el papel de víctima, le contaba que me acosaba, que intentaba forzar  la relación  que yo había dado por terminada y que, seguramente, era una cuestión de interés, porque mi situación laboral había cambiado y, ahora, contaba con recursos. Creo que esto le terminó de abrir las puertas. Mucho más experimentada y culta que Belén, sosteníamos conversaciones sobre lo que realmente me preocupaba en aquel momento: mis oposiciones. Como premio, me ofreció un viaje en verano por toda Europa, cuando saliera de aquel trance. Nos lo pasaríamos genial, 

    En estos momentos de mi vida me sentía libre para hacer lo que me diera la gana. Poco me importaban los sentimientos de las personas que estaban a mi alrededor. Sí me fui acostumbrando a la compañía de una mujer, de Belén, teníamos un lugar, vivíamos nuestra propia vida, aunque con la intermitencia de la separación. La relación había perdido mucha fuerza: siempre tuve la sensación de haberle dado el premio a Belén y habérselo arrebatado a Carmen Rosa. Ana Montenegro era una especie de venganza. Con ella tenía un poco más de libertad, la sentía más independiente a la hora de cualquier complicación. Sin embargo, la distancia nos impidió hacer más cosas juntos. El calvario que había pasado para estabilizar mi relación con Belén, aún me dolía, y no quise profundizar en la relación con Ana Montenegro; me limitaba a seguir su juego, a atender con cierto entusiasmo sus llamadas y a hablar de algunos planes. Belén siguió ignorando esta situación, también tenía su propio juego, estaba más cerca de mí, podíamos vernos con más frecuencia, había muchas cosas de ella que me seguían gustando. En términos de necesidad, estaba convencido de que Ana Montenegro seguiría con su vida tarde o temprano; no lo tenía tan claro en el caso de Belén. 

   Llegaron las oposiciones, fueron unos días terribles, de tensión y de nervios. Pero todo salió bien. Llamé a mi casa para dar la noticia. Deambulé algunos días por las calles de aquella ciudad que no conocía bien. Me sentía como alguien al que acaban de liberar después de un largo secuestro. Totalmente desorientado. Me di mi primer capricho: comprarme un teclado eléctrico. Luego, tenía que tomar una decisión. Ana me estaba esperando para irnos de viaje por Europa, a Belén, a pesar de la insistencia de mi madre, ni siquiera la llamé. Fui a la agencia de viajes para tomar un billete y reunirme con Ana, pensé que todo iba a salir como habíamos planeado. En el último momento, cancelé el viaje: con un telegrama y sin ningún pretexto, le dije que no quería ir. Realmente deseaba volver a mi casa, descansar un poco y, luego, ya se vería.

    De Ana no volví a saber hasta unos años después. No por ella, sino por un amigo. Se había ido a recorrer mundo con un empresario. Conoció, luego, a un médico, pero como las cosas no les fueron bien, estaba atendiendo un bar en algún lugar de Suiza.
  
   No me resultó complicado convencer a Belén de por qué no la había llamado al terminar las oposiciones, simplemente estaba en estado de shock. La promesa de que ese verano iría a verla y nos pasaríamos unos días juntos en algún lugar bonito, despejó todas las dudas. Mi vida parecía otra vez en orden. Con mi estabilidad laboral y mi novia, mi única novia, me sentía bien. Ana había salido de mi vida y de mi memoria.        

lunes, 18 de mayo de 2009

En el día de hoy...la aventura de la mujer y el hombre.

   Cuatrocientos mil años de evolución. Siete u ocho mil de cultura. Cinco mil nueve de cultura escrita. Son referencias que nos sirven para comparar al individuo de hoy,con los primeros homínidos. Quizás sea verdad que en la actualidad sabemos muchas cosas, que con nuestra inteligencia hemos logrado controlar el medio y crear unas condiciones que permitan que nuestra adaptación sea menos traumática. Pero, también, ignoramos otras muchas. Aceptar esa limitación es un gesto de humana humildad.

   Educar, como dice un entrañable y sabio paisano, es "meter en vereda", "colocar en un camino" porque, cuando nacemos, somos, casi, puro instinto. A lo largo de la vida podemos enmascarar, disfrazar o utilizar cualquier recurso que nos permita la integración en el grupo, que nos dé la posibilidad de no quedarnos aislados. Una conducta es buena o mala si se adecua al código que la ha propiciado. Las acciones humanas se juzgan desde parámetros culturales, no desde parámetros biológicos Por eso, lo que está bien en un entorno, está mal en otro. Sin embargo, como seres humanos, nuestros impulsos básicos son los que motivan nuestros actos. Juzgados o analizados desde ese punto de vista, el cristiano, el judío, el musulmán o el hindú, actúan para cubrir sus necesidades esenciales; sus culturas correspondientes les dictan cómo hacerlo.

 Si volvemos a nuestra naturaleza, somos seres vivos que necesitamos integrarnos y reproducirnos. Son nuestros imperativos biológicos, así de simple. La integración en el grupo depende de las capacidades individuales, de las posibilidades de aportar para recibir. De la relación amplia con diversos miembros de la comunidad, pasamos a la relación especializada con miembros concretos que nos permiten la reproducción. Aunque las motivaciones de los hombres y las mujeres sean diferentes, en ese proceso de integración y de relación especializada, se obtiene un grado de satisfacción que hoy llamaríamos felicidad. Como organismos, nuestro buen funcionamiento depende del grado de satisfacción que obtengamos de esas  necesidades básicas y de la protección contra factores que puedan poner en riesgo este proceso. Comer y amar, grosso modo, podrían resumir nuestras aspiraciones como seres vivos. Tanto para una cosa, como para la otra, la socialización es imprescindible.

  Todo esto es obvio, y no me siento cualificado para profundizar más sobre el tema. Sin embargo, para enjuiciar nuestras conductas, resulta una salida bastante cómoda y las soluciones también serían fácilmente articulables. Seguramente la idea de reducir la actividad humana al simple hecho se saciar nuestro apetito y de reproducirnos, puede parecer algo disparatado. Pero si todos nuestros actos están regidos por una motivación, quizás alguien tendría ganas de seguir dándole vuletas y podría llegar a esa conclusión.

  El que un hombre quiera y desee copular con diversas mujeres está en su naturaleza. El que una mujer se permita elegir a un hombre entre varios para garantizar una prole sana y fuerte está en su naturaleza. Sí, somos animales, disfrazados con el manto de la educación, de la cultura, pero básicamente animales. La infidelidad, por tanto, es un concepto antinatural (cualquier zoólogo nos incluiría entre las especies no monógamas)

   La historia está llena de ejemplos en los que los actos de las personas se consideran "crueles", cuando, en realidad, son simples manifestaciones de sus instintos primarios. Los hombres siempre han luchado por conservar a la pareja que han elegido. Sólo han variado los métodos, su grado de sofisticación, pero, básicamente, cuando un hombre se enfrenta a otro por una mujer, es una lucha a muerte, física o mental. Aunque el tiempo del garrote o el machete deberían haber pasado,  los crímenes pasionales siguen siendo una realidad. Sólo la educación y la cultura nos impiden tomar una escopeta y pegarle un tiro al individuo que se está beneficiando a nuestra compañera. Dialogamos, vamos al psiquiatra, desarrollamos estrategias frente a la pérdida; así  la integridad física de nuestros enemigos se ve menos amenazada. Nosotros no iremos a la cárcel, pero el golpe está dado. No nos engañemos, se ha vulnerado nuestro principio funcional,  a nuestro mecanismo de subsistencia se le han perdido o roto elementos; el proceso de reparación implica un coste que merma nuestra calidad de vida y la recuperación no siempre está garantizada.

   La lucha de las mujeres ha sido también terrible, pero desigual. Los hombres pronto nos dimos cuenta de la superioridad fisiológica de la hembra, y nos apresuramos a construir un mundo de leyes restrictivas para someterlas. Nuestro poder se basó siempre en la familia como unidad, en los hijos que ampliaban y multiplicaban nuestras capacidades. Sólo las mujeres podían darnos los hijos, eran la fuente de la subsistencia. La posesión de esta fuente y su defensa, por encima de todo, nos convirtió en celosos dominadores empleando como argumentos la fuerza física, en lo único con lo que podíamos marcar alguna diferencia.

   Pero el hombre se olvidó de algo, de que el progreso intelectual no era una cuestión de géneros, que las mujeres serían capaces, con su inteligencia e intuición, de amenazar el Imperio del macho. Cuando capta esa amenaza, empieza una cruzada en la que el mundo debe regirse por las necesidades masculinas, reduciendo la misión de la mujer a sus aspectos puramente funcionales. Hoy, todavía quedan muchos hombres, que no se han enterado de que ese reino del macho hace mucho que cayó. Y lo peor es que la tradición, sostenida por el largo brazo de las religiones, se  niega a reconocer esta realidad.

  En la aventura del hombre, en la lucha por la vida, la energía vital de la mujer se ha manifestado de formas terribles. No sólo asesinan a sus maridos infieles, sino que, incluso, matan a sus propios hijos como el acto último de rebeldía. El hecho de que podamos considerar estas situaciones de "excepcionales" es, simplemente, una cuestión de posibilidades. En la lucha cuerpo a cuerpo, en la intimidad de la pareja, la mujer está en inferioridad de condiciones. Por eso, huye, se escapa, hasta que, finalmente, es sacrificada física o socialmente por su comportamiento. Si tu marido no te mata y logras dejarlo, puede que ya no tengas una nueva oportunidad, serás una "puta", una "zorra"; si encuentras una pareja, al limitarte en tus posibilidades de relación social, es muy probable que sufras el estigma de tu acción y vuelvas a ser víctima de aquello de lo que escapaste.

   Vivimos tiempos de concienciación, vivimos tiempos de medios y de información. Pero cambiar un modo de pensar y de actuar que está dictado por imperativos biológicos, requiere un esfuerzo ímprobo que comienza con una reeducación total de los papeles que el hombre y la mujer desempeñan en la sociedad. Una reeducación que muestre la esencia de la naturaleza humana, que obligue al individuo a reconocer sus límites y posibilidades y que ofrezca un catálogo amplio de opciones para la realización personal que no se basen exclusivamente en el modelo de la pareja que hasta ahora se ha sacralizado.
 
  
   Estamos acostumbrados a obtener las cosas que queremos, normalmente las compramos. Hablamos de objetos. Los objetos nos producen ciertas satisfacciones, pero no piden nada. Un piano me permite disfrutar con la música que creo en él; no pide nada a cambio; si intento conservarlo, es cosa mía, es por mi interés, el piano no interactúa conmigo ni debo preocuparme por su bienestar.
   
   A nivel subconsciente, si el buscar una pareja se convierte en un acto para cubrir nuestras necesidades afectivas, no difiere mucho del acto de comprar un piano. Pero la realidad es que una mujer o un hombre no son un objeto, demandan en la medida que dan. Esto supone un sobreesfuerzo para que la relación funcione, la inversión personal es muy alta. Quizás no podamos pagar el precio justo. Quizás no todos estemos preparados para aceptar que las cosas son así. Reconocer esto genera frustración y, a pesar de todo, intentamos conseguir nuestro objetivo. Las consecuencias son las que conocemos. Nuestro piano se desafinará, no sonará bien, nos creará problemas y resultará caro repararlo; al final lo despreciamos y arrinconamos, nos aburrimos de él y, seguramente, terminaremos sustituyéndolo por otro.


"LAS PERSONAS NO SON OBJETOS. LAS NECESIDADES PROPIAS SON TAMBIÉN LAS DEL OTRO. NECESITAMOS RELACIONARNOS CON EL GRUPO O CON EL INDIVIDUO. ESA RELACIÓN ES ENRIQUECEDORA, DEBE SER UNA SUMA DE RASGOS QUE SATISFAGAN LAS NECESIDADES MÚTUAS. NUNCA PUEDE BASARSE EN LA DOMINACIÓN O EN "EL TU TE QUEDAS PORQUE LO DIGO YO Y A CUALQUIER PRECIO". SI NO ERES CAPAZ DE DAR LO QUE RECIBES, BUSCA OTRAS ALTERNATIVAS, PERO RESPETA LA VIDA DEL OTRO COMO SI FUERA LA TUYA. NO ESPERES A QUE LA OTRA PERSONA DÉ SEÑALES DE LO QUE VA MAL. DEBES APRENDER A VERLO POR TI MISMO." (D.D.A.)


  Creo que esta consigna debería estar colgada en muchos sitios, que los niños y niñas en las escuelas deberían memorizarla e interiorizarla hasta el punto de borrar de sus mentes modelos caducos de relaciones basadas en la desigualdad y la imposición.

       "Hombres y mujeres son libres para relacionarse, aunque esto se olvida con frecuencia; esa libertad se las da la cultura, la formación, el conocimiento. Elegir una pareja no es comprar un piano, una casa o un coche, es sumar conciencias para un proyecto más rico que el individual. Es un acto de voluntad y en ese acto deben pactarse las condiciones para que pueda funcionar. La fidelidad, puede encontrarse o no entre esas condiciones; y si está, y no se es consecuente con ella, entonces el proyecto debe revisarse o disolverse." (D.D.A.)

viernes, 15 de mayo de 2009

En el día de hoy...amor y sufrimiento, nada original.


   Marga se acaba de marchar. No quisiera estar en su piel. Lo que le está pasando me duele como si fuera a un hijo mío. ¿Es eso amor incondicional?. Ahora espero  que me llame, no sé si al final lo hará. Muchas veces decimos que la realidad supera a la ficción, es un tópico, y no me gustan los tópicos. Pero puede que sea así. Creo, no obstante, que es un problema de modelos y de referencias, cada cosa es o no es en función de algo. No es fácil salir de esos moldes, aunque el sufrimiento nos pueda llevar a la locura y la parálisis. Marga es la persona con la que hoy comparto los espacios de mi vida; a ella llegó con las lesiones del tiempo y la amargura de los desencantos. Todo estaría bien si no fuera porque está enamorada de otro, muy enamorada.
  
  Voy teniendo la certeza de que estamos al final. Sin embargo, siento una gran paz interior. He hecho todo lo posible; como otras muchas veces, me olvido de mi papel real en una relación. Todavía la deseo un poco, pero sólo eso. Ahora soy, simplemente, quien intenta convencerla de que es mejor que luche por su otra relación. Aunque mis sentimientos y emociones me controlen, sé perfectamente que no soy capaz de afrontar un compromiso. Parece que "estructuralmente" estoy diseñado para agotar las relaciones, para que ellas se enamoren mucho de otro, y yo me sienta liberado cuando vea que se van. Me han dado lo mejor, o lo que yo necesito. Lo demás es agotador.
   
  Quizás, mi forma de reaccionar ante un disgusto es mucho más peligrosa. Yo no grito, yo no me enfado, intento ser comprensivo. Eso despista y es una maniobra desconcertante. A veces, consigo mis propósitos, mostrarme mejor que el otro para que se acerque a mí. Otras veces, la fuerza de la verdad me hace desistir. El otro, el que maltrata con insultos, el que dice lo que no le gusta, el que ataca y humilla, por muy canalla que sea, está plantando batalla a pecho descubierto. Eso indica valentía, pero cuando el rival es un igual, no cuando el rival es una persona mucho más débil.  En esa situación, al menos, nos equiparamos, yo por esconderme y él por abusar. 
  
   Marga es una mujer maltratada. No la abofetean, ni la golpean a puño cerrado, pero la llaman  puta, zorra, malnacida, ignorante, burra...y eso delante de mí. Porque le he pedido que no se vaya a hablar a la otra habitación cuando estamos juntos y él la llama. No sé si las cosas entre nosotros habrían ido bien, serían más hipócritas quizás, pero en este momento de mi vida me siento con la fuerza suficiente como para intentar ser coherente con todas las cosas que le he prometido.  Esto no se arreglará por mucho que lo desee, es sólo una  ilusión; si el otro no estuviera, hace tiempo que, quizás, ya habría perdido el interés por ella. Mi única satisfacción es que, en el espacio que hemos compartido, en mi teatralidad, le he mostrado que existe una cara amable en las relaciones, que el amor es posible, que el respeto hacia el otro, a su espacio, a su intimidad, a sus necesidades, son las armas fundamentales para una buena convivencia. 
   
  Llevamos casi tres horas intercambiando llamadas, algunas mientras estaba aquí; las otras desde su casa, él llama, ella me llama, yo espero. Ya nos despedimos, ha sido más frío que otras veces. La carta que me enseñó, la carta que no le envió, pero que él leyó porque tiene la contraseña de su correo, ha sido su gesto más generoso y hermoso para conmigo. En ella le dice lo mucho que le quiere, lo mucho que ha deseado tener un proyecto de vida con él, le expresa su firme deseo de olvidarlo porque lo considera un mal hombre, un ser despreciable, pero se muestra como alguien indigna de él, alguien que es "poca cosa", que lo reconoce, aunque sus sentimientos sean sinceros y puros. Cuántas veces me ha abandonado por una llamada, cuántas veces ha cancelado una cita o ha roto un momento de intimidad por no darle motivos de sospechas. Mi tolerancia es mi castigo. Voy pagando mis deudas. 
   
  Ahora, incluso,  este individuoa se justifica porque reconoce abiertamente que hay otra mujer en su vida. En lugar de castigar su mentira, hablan del sentido de esa situación, no abandona. ¿Èl es valiente porque lo confiesa? Yo me he tenido que ganar su confianza sacrificando muchas cosas. Pero se ha dado vuelta la tortilla, nadie ha conquistado realmente mi corazón después que está ella. Me devolvió la calma, me devolvió las ilusiones. Pero ella ya quería a otro y eso no lo he podido cambiar. Pero, insisto, una sensación de paz y tranquilidad me invade, me inunda.
   
  Cada vez está más lejos de mí, cada vez, este sufrimiento está próximo a terminar. Así debe ser. Supongo que yo también olvidaré. Que un día seremos amigos o no, pero ya no será mi decisión. En el fondo es una víctima por partida doble, por mi parte y por la de él. Yo debo retirarme discretamente, mientras mi dignidad esté a salvo; guardaré para mí esa otra parte fea que no me he atrevido a mostrarle . Lo menos que puedo hacer es descargarla de su sentimiento de culpa, librarla de toda responsabilidad. Hay o no hay amor, no es culpa de ella.
   
   Creo que hemos ganado en racionalidad, los poetas malditos se enamoraban de mujeres casadas y, ante la imposibilidad de su amor, se suicidaban. Madame Bovary, la Quijote femenina, hizo lo mismo porque no pudo soportar la ignominia de su adulterio...pero lo disfrutó. No vivimos los tiempos del amor romántico, ahora vivimos los tiempos de la serotonina y la cortisona, de la sertralina y las benzodiazepinas. Es mucho más prosaico, pero mucho más real. Lo vamos a llamar como más nos guste. Ya me cansé de mi idealismo salvador, quiero vivir mi vida, quiero ser feliz, sin Libros de Caballería, con mi semblante feo y corriente, pero con toda mi dignidad de ser y existir.

                             Para mi querida Claudia, de las pocas personas que creo que han entendido algo de mi personalidad.    

martes, 12 de mayo de 2009

Se acabó la diversión...el juego de dados.


   Terminar una carrera, leer una tesina y empezar a trabajar, todo en menos de tres meses, es algo que, hoy en día, resultaría excepcional. Hace veintitantos años era posible. Con el fin de la vida universitaria, dejé el otium y empecé el negotium. Tenía la intención de quedarme como becario en mi departamento, pero, ¡ casualidades de la vida!, llegó, a casa de mis padres, un telegrama en que me convocaban para trabajar a menos de treinta y cinco kilómetros de ellos (la Universidad estaba a trescientos, y en otra isla). Sentí a mi madre tan ilusionada con esa posibilidad, que no lo pensé dos veces. Dejé la adjuntía y empecé a trabajar en la enseñanza secundaria. Me enseñaron a aborrecer a los holgazanes y aprovechados. No podía decepcionar a mi padre, la estabilidad laboral sería para él un gran motivo de orgullo. y había que poner todo para obtenerla cuanto antes.

  Belén dejó la residencia de estudiantes y se fue a vivir a un piso con unas amigas; aún le quedaba un curso para terminar. Podríamos vernos los fines de semana, alternos, al menos. Yo volví a la casa de siempre, y Carmen Rosa a la suya. Volvíamos a estar como cinco años atrás, pero con toda la carga de lo que había sucedido. Me impuse una rutina de estudio rigurosa para preparar las oposiciones. Cada quince días iba a ver a Belén; cenábamos, paseábamos, nos divertíamos y, también, estudiaba un poco a su pesar. En este espacio fueron creciendo las discrepancias, las discusiones, pero no pasó nunca nada, lo suficientemente importante, para que yo perdiera las ganas de ir a verla. Me daba seguridad, y no quería líos emocionales porque necesitaba toda la concentración del mundo.

   Sin embargo, otra cosa era lo que estaba pasando en mi nuevo trabajo y lo que la situación de separación me daba la oportunidad de hacer.  Por una parte, empecé a dar clases en un Instituto mixto, estrenando década, rodeado de adolescentes, muchos del género femenino. Como mi novia no estaba, no existía, y yo no me molestaba en desmentirlo. Esto, sin duda, me convertía en una especie de "buen partido". Nunca me tomé en serio, al menos al principio, las tentativas de algunas chicas de entrar en mi vida, pero reconozco que me gustaba sentirme valorado. Me acomodé en aquella situación todo lo que pude. Nadie me preguntó por mi situación personal, pero, cuando desaparecía los fines de semana, siempre tenía una buena excusa relacionada con mi trabajo y ahí quedaba todo. Creo que a mí me preocupaba más que a ellas.
   
   Aunque lo hubiese deseado, aunque estaba apostando firmemente por mi relación, Carmen Rosa no terminó de salir de mi vida y la tentación de reencontrarme con Ana Montenegro era demasiado fuerte.  
    
     "Estaba con Belén y teníamos planes, proyectos y, a pesar de su carácter y algunos desencuentros, me sentía muy a gusto. Empezar una relación con Ana, terminar la relación con Belén, me resultaba impensable. Ana Montenegro nunca planteó nada que no fuera, simplemente, divertirnos, pasarlo bien o, al menos,  esa era la impresión que me había creado. En sus planes no entraba la posibilidad de venir a mi lugar de trabajo. No era una rival para Belén, a pesar de todo su carisma. El espacio y el tiempo nos distanciarían" (D.D.A.)
           

lunes, 11 de mayo de 2009

En el día de hoy. El bicho raro.


   El pasado debe abordarse. No para quedarse en él y dar vueltas sobre sucesos que nos han afectado; esto lleva a la neurosis. El pasado debe abordarse como el que revisa los cimientos de una casa. Cuando detectamos la causa de algún problema actual, buscamos las soluciones e intentamos que la casa siga funcionando. De nada sirve inculpar al albañil porque en su momento no construyó como debía.

   Nuestra naturaleza, nuestra dimensión física, nuestro cuerpo viene a ser la finca sobre la que construir. Los materiales los aporta la cultura
   
   Me educaron, o aprendí, que la unión de un hombre y una mujer tiene como finalidad la perpetuación de la especie. El modelo social fue el del matrimonio. El matrimonio implicaba una elección, más o menos inteligente, de una pareja. Esta elección era única y para siempre. Se establecían una orientaciones aproximadas sobre los criterios de elección, por ejemplo, la edad más conveniente para la toma de la decisión, que no existieran rasgos manifiestamente antisociales en la otra persona; el amor, los sentimientos, en realidad, y, a pesar de todo, eran ingredientes que se daban por supuesto. 

   La fidelidad se impone como un requisito para algo que tenemos que conseguir. Pero en la vida hay muchas tatajos para llegar a comprender exactamente la naturaleza de las cosas. Para casarte tenías que ser fiel, aún en fase de ensayos, aún en los primeros noviazgos porque todo estaba enfocado hacia la misma dirección. No sabía nada de amor, no sabía nada de respeto, no sabía nada de afecto y sentimientos. En los libros de mi juventud no se hablaba de esas cosas. En las familias de mi tiempo, o había otras prioridades, o los niños no tenían nada que ver con esos asuntos.
 
   Todo modelo que anula lo individual, todo modelo que proscribe lo diferente destruye a quien lo cuestiona. Nadie nos invitó a ser originales, a explotrr nuestra propia naturaleza; nos invitaban a ser un todo, de acuerdo con unas normas y unos modelos. Los mecanismos sobre los que se construía el modelo social eran dos, la castidad sacerdotal o el matrimonio. Terriblemente simple y efectivo. Es como cuando el arquitecto diseña un proyecto y debe ejecutarse en todas las circunstancias, sin opciones a cambio alguno. ¿Imaginan un gran rascacielos en terreno arenoso? Moldear la personalidad es un arte. Contamos con los materiales, nuestra naturaleza e inteligencia. Somos el solar dónde ha de construirse la casa. No cualquier casa, sino la que mejor se adecue a las condiciones de ese solar. Si no, nadie podrá garantizar que ese edificio se mantenga en pie o que pronto empiece a mostrar sus patologías.
 
   Afortunadamente, la conquista de la libertad individual ha progresado mucho. En los grandes sistemas sociales se van abriendo  mas nichos en los que dar cabida a quienes tienen sus propias opciones de vida, acordes con su naturaleza. Hoy podemos comprender mucho mejor las razones que rigen el comportamiento y las decisiones dentro de la pareja. La educación es fundamental para que el individuo comprenda su geometría, su forma. Sólo así, podrá ubicarse con precisión en el espacio que le corresponde. Es muy simple. Tomemos una plantilla en la que hay troquelados un triángulo, un rombo, un cuadrado, un círculo y algunas otras figuras más complejas. Ahora tomemos las formas correspondientes que han de adaptarse a los dibujos troquelados. Este es uno de los primeros juegos de lógica que se regala a los niños. El cubo entrará por la forma cuadrada, el cilindro por la forma redonda y así sucesivamente. Cualquier figura puede entrar por uno de los troqueles, pero el troquel o la figura sufrirán y se romperán. Es premisa obligatoria que las personas conozcamos nuestro contorno y  que determinemos si encaja en alguno de los modelos en la medida que somos individuales; si no es así, las opciones serían: quedarnos fuera (no soportamos el aislamiento), entrar por cualquiera (nos amoldamos y nos alejamos de nuestra propia esencia a costa de sufrimiento e inadaptación),  creamos nuestro propio troquel (si se supera el miedo al rechazo y a la expresión de la propia originalidad, sería, sin duda, la opción menos mala. 

  

viernes, 8 de mayo de 2009

Amor de lejos...no es fácil (III)


   Después de todos aquellos incidentes, intenté recobrar la normalidad, al fin y al cabo, no iba conmigo. Más que nunca, me sentía orgulloso de haber terminado la relación como la había terminado, todo el sufrimiento y la tristeza pasada, habían merecido la pena. Esta vez volví a pensar sólo en mí. Mi gesto hacia Carmen Rosa abrió las heridas que, sin duda, no habían cicatrizado. Estuve allí y ella sabía que podía contar conmigo.

   Me había programado aquel verano, como un verano de trabajo. Preparaba mi memoria de licenciatura. Belén se fue de vacaciones. Yo debía centrarme en mis cosas. Entonces ya había cambiado de compañero de habitación y aprovechó los días de asueto para invitar.  a unas amigas. Al principio, me mostré un poco autista, incluso me molestó aquella intromisión, porque contaba con que la casa iba a ser para mí solo. Cuando Inma y Ana llegaron de madrugada, vía Madrid, y Puli me las presentó, mi enojo se atemperó algo y, aunque de lejos, empecé a oler los problemas.

   Inma estudiaba astrofísica y creo que estaba interesada por Puli. Ana Montenegro acababa de terminar medicina, y creo que Puli estaba interesado en ella. Como me pasaba todo el día tecleando en el ordenador, teníamos tiempo por las noches para charlar un rato. Lo que, en principio era una visita de unas semanas, duró casi dos meses. A mediodía salía a llamar a Belén para decirle lo mal que estaba, el calor que hacía y cómo la echaba de menos. Por las noches salíamos los cuatro a tomar vodka con limón y a deambular por los casi vacíos bares de la ciudad universitaria. En alguna ocasión se unieron varios extranjeros del astrofísico; todos controlaban el inglés y yo me sentía un poco aislado. Hice todo lo posible por despertar el interés de Ana Montenegro  y esto casi me costó la amistad con Puli. A la semana de conocerla, nos emborrachamos y nos pusimos cariñosos. Unos días después, ya estábamos durmiendo juntos. No sé cómo, pero las pesquisas sexuales con Belén despertaron en mí nuevas curiosidades, y aquella morena andaluza, de ojos negros y grandes, se presentó como la mejor ocasión para seguir aprendiendo.
 
   No tenía necesidad de engañarla, le hablé rápidamente de mis desventuras a golpe de copas. Conocía la existencia de Belén, conocía la existencia de Carmen Rosa, pero asumió la complicidad de estar conmigo. Yo era torpe e inexperto, pero había perdido el miedo. A ella no parecía importarle demasiado. Nuestras conversaciones pronto adquirieron el tono melancólico de dos enamorados que se ven impedidos por las circunstancias. El tiempo iba pasando y nuestra separación sería inevitable.

   Como Ana aprovechó su estancia para conocer otros lugares, se ausentaba con cierta frecuencia. En ese tiempo, Carmen Rosa estaba otra vez en la ciudad universitaria. Su hermano había sido ingresado en el psiquiátrico, vivía la pesadilla de la soledad y el abandono. Me quedé varias veces en su casa, la acompañaba al hospital, no sabía nada de lo que estaba pasando con Ana y creo que no le interesaba. En esas noches creí que mi compañía sería buena para ella, pero olvidé un detalle: la seguía deseando...y lo peor, ahora ella también me deseaba a mí o, al menos, daba muestras de ello. Cuando un día decidió entregarse, cuando por fin estuvo preparada, se desnudó y me esperó en la cama. Sentí confusión y miedo y una profunda ansiedad. Cuando intenté desnudarla del todo, fui incapaz de hacer nada. Fue la única y la última oportunidad que tuvimos de hacer el amor y no pudo ser.

   Ana volvía de sus excursiones ajena a estas cosas. A ella le preocupaba que Belén regresaría pronto. Eso hacía las cosas más agobiantes. Cuando Belén volvió ocupó el lugar que le correspondía. Ana no puso ningún inconveniente. Aquello no podía durar; Ana Montenegro se marchó de casa y yo me empeñaba en seguirla visitando. El día antes de irse, nos bebimos una botella de vino y   disfrutamos con la fuerza que da una partida y separación inminente. Me fui de aquel lugar, le dije adiós, ni una disculpa. No rompimos, quedó como un punto y seguido. Esa misma noche dormí plácidamente con Belén, en nuestra cama, en mi seguridad. Intuyó lo que pasaba, lo supo y lo ignoró. Seguimos adelante, era nuestra historia, nada probado, nada demostrado, sólo nuestra voluntad de seguir juntos. 

   

Amor de lejos...no es fácil (II)


 
    




  La comunicación con Carmen Rosa era difícil, tortuosa, después de romper. Pero hicimos un esfuerzo por recuperar nuestra amistad. Un día, cuando salía de clase, una de sus amigas y cómplices fue a buscarme a la Universidad. Sin preámbulos me dijo que su hermano había asestado dos machetazos a su madre". Salí corriendo al aeropuerto, intentamos reunir el dinero necesario para el billete de ella y no fue tarea fácil porque estábamos en precario y la compañía aérea no se mostró transigente ante una situación que nos parecía excepcional. Al día siguiente me marché yo también. Cuando nos encontramos en medio de aquel caos, mi primera pregunta fue: "¿Te alegras de verme? "

 "Me habían educado en el sentido de la responsabilidad. No teníamos la madurez suficiente para actuar con independencia. Hacíamos lo que nos habían enseñado que debíamos hacer. Fue una tarde-noche horrible, llena de informaciones cruzadas, el teléfono resultaba caro y sólo nos podíamos comunicar con unos vecinos. Su madre, no estaba malherida, estaba muerta, de manera brutal y fulminante; su hermano había sido recluido en una estancia provisional para dementes, no se podía acceder a él. Cuando llegué ya estaba preparado el funeral. A nadie le extrañó que yo estuviera allí con ella. Para su mundo yo seguía en su vida". 
   "No sé muy bien porqué fui o qué pintaba allí. Seguramente no había pasado el tiempo suficiente, no habíamos logrado distanciarnos todavía. Fue un impulso, pensé que debía estar alli,  debía transmitirle mi confianza, ¿qué menos podía hacer? ¡La había dejado y me había ido con otra!. Intentamos afrontar los hechos con tranquilidad, nos fuimos a pasear a lugares que siempre nos habían gustado, le ofrecí toda la ayuda con la que contaba. Pero, a la vez, tuve la sensación de que se me venía encima un gran sentido de la responsabilidad. La situación era complicada y deseaba salir corriendo para reunirme con Belén. Cuando volví a encontrarme con ella, le transmití un mensaje de tranquilidad, le dije que a pesar de lo terrible de la situación, nada había cambiado entre nosotros, pero todo aquello apenas había empezado. En el fondo deseaba que las cosas fueran así, pero estaban muy lejos de serlo". (D.D.A.)


   Alguien podría pensar que esto fue una de esas pruebas que nos pone el destino, perdón, el Destino en mayúscula, una "fatalidad" que nadie podría haber imaginado. Pero fue algo que sucedió sin más; después, nosotros enlazamos los hechos, buscamos las causas, las ordenamos e intentamos darles un sentido. Pero resulta inevitable  pensar que exista algo fuera del control de nuestras conciencias, un responsable, un dios, pero eso es otra historia.  

Amor de lejos...no es fácil.


   







      Existía un código ético, más o menos aceptado que me ayudaba a caminar. No podía haber relaciones simultáneas. Estar con alguien solo te dejaba un pequeño margen para tomar conciencia y te obligaba a mostrar cuanto antes que se pasaba página. Como en todo cambio, hay algo de traumático, de dolor, de estrategias de adaptación. Eso es lo peor, no se dice adiós a un amor y se acepta a otro sin más; el proceso es complicado y así debemos asumirlo.
   
    Después de luchar tanto por  Carmen Rosa, no podía desperdiciar la oportunidad que me dio de estar con ella. Nieves, que me gustó mucho y me dio mucho, no llegó a calar tan hondo en mí. Pero lo de Carmen Rosa fue un camino tortuoso, fue una lucha espiritual y de género. Nuestras costumbres, nuestra educación, ella mujer, yo hombre, tuvieron un peso que ya no pude soportar. Belén era desparpajo, atrevimiento, alegría, justo todo aquello de lo que carecía a nivel personal...y, además, fue la compañera de mis primeras experiencias sexuales  y, eso, al final, puede, nos puede.   
  
  "Casi volvió la calma. Mi relación con Belén marchaba bien. Ella dejó a Paco, sin demasiado drama. Vivíamos en una época de expansión y crecimiento personal. Nuestras metas eran terminar la carrera y, llegado el caso, irnos a vivir juntos desde que tuviéramos la oportunidad. A pesar de estar cerca, de vivir a unos cientos de metros, no nos veíamos demasiado, pero éramos pareja y eso nadie lo dudaba. Harta y aburrida de mis remilgos sobre la sexualidad, de mis miedos a un embarazo no deseado y a otras cosas, un día que durmió en casa me despertó con una sorpresa. Como ya era habitual, tomó la iniciativa y consiguió sacarme de mi mundo de oscuridad. No fue tan terrible y, sobretodo, no tuvo consecuencias.  Todo lo que siguió fue casi una luna de miel. Ella con más experiencia, yo con muchas ganas de aprender y experimentar. Viajamos juntos, intimábamos cómo y dónde podíamos, celebrábamos las fiestas como dos enamorados, nos emborrachamos algunas veces y buscamos los cauces de un placer y una alegría que hasta ahora yo no había conocido. Pero llegó el último verano de aquel curso, ella se fue a su isla, yo me quedé trabajando y las cosas se volvieron a enredar " (D.D.A.)