Alguien podría decir que contar las cosas que se hablan con un amigo resulta poco apropiado. En este caso, sin embargo, voy a hacer una excepción y espero que me perdone. Lo conozco hace bastantes años, no somos íntimos, ni tenemos una relación fluida. A veces, pasan muchos meses sin vernos. Él es A.C., pero creo que no le importaría que usara su nombre verdadero. Quizás, en este tiempo, lo que nos ha unido en mayor medida, es la afinidad en los sucesos de nuestra vida o eso creo. Al principio, entrar en ciertos detalles, más allá de los tópicos, resultaba complicado. Pero ahora, hemos podido profundizar. Las tropiezos comunes duelen menos.
"A.C. ¿No me habías dicho que Marga era historia?
-Le dije que no viniera a casa. Que llamara cuando quisiera. Tenía la esperanza de que, si se limitaba a llamar, me reservaría el derecho a contestar. Estaba firmemente decidido a no hacerlo en un tiempo. Además, le dije que los pocos nexos que nos quedaban, nuestros pequeños compromisos comunes, los iba a cancelar.
A.C. ¿Entonces?
-Se plantó en casa. Sabes que mis puertas están abiertas. Creo que intuyó que podría no cogerle el teléfono. Fue una reconciliación suave, no pasó de la entrada. Hablamos un rato. La noté muy ansiosa, con la necesidad de complacerme, pero triste.
A.C. ¿De qué hablaron?
-¿De qué va a ser? Monólogo sobre el otro. Menos mal que ya me lo tomo con calma. Creo que no tiene a quién contar sus problemas y, realmente, pretende mantenerme a mí, como colchón al menos, pero sin renunciar a su otra relación. Es bastante agotador. Ahora, toda la cuestión, es el famoso viaje a Madrid.
A.C. Es verdad que me contaste que estaban planeando un viaje con una amiga. También me dijiste que no lo veías nada claro, que, al final, te ibas a gastar un montón de dinero y que ya no te hacía demasiada ilusión pasar unos días con ella a estas alturas.
-Tal y como suponía, yo estaba excluido. La idea se había forjado con su amiga. No tiene fuerza de voluntad para cambiar nada, o, simplemente, no le interesa. ¿Cómo se iba a pasar un fin de semana de fiesta conmigo y el otro sin saberlo? Reconozco que, por un momento, pensé que se podría hacer y les puse las cosas bastante fáciles. Luego, vino la noche del desencuentro, lo de su carta testimonial y empecé a respirar aliviado.
A.C. ¿Qué te hizo pensar que se iría contigo?
-Seguramente quería ponerla a prueba. Enseguida aparecieron los pretextos. Hace algún tiempo, sabía más o menos lo que estaba pasando, ahora me limito a evaluar las cosas que me cuenta y que pongo constantemente en duda. Tengo que insistirle mucho para que me confiese que su otra historia no está tan mal, que hay mucho más de lo que yo sé. Esto ya no sé dónde encasillarlo. Es como un burro y una zanahoria, conversando de espaldas.
A.C. ¿Podrías esquematizar la situación sin enfadarte?
-¡Muy bien!, vamos allá. Ella sale con otro. Se ven en entornos públicos, pero no dan a conocer su relación. Hacen el amor, no sé con qué frecuencia, ni dónde. Hablan por teléfono. A veces, de forma obsesiva, el individuo la llama sin parar, especialmente, cuando sale a dar una vuelta o se queda fuera de sus rutinas. Él nunca la acompaña, siempre tiene compromisos. Las conversaciones, según me cuenta, aparte de alguna que he presenciado, son breves, cortantes, son discusiones más que conversaciones. Algunas veces se ríe. Se queja de que no quiere eso para su vida, pero es incapaz de dejarlo, de no responder a sus llamadas, de dejar de someterse a su voluntad.
A.C. Es como si estuviera casada. No rompe el vínculo con su marido, me da la impresión de que su idea del matrimonio entra en los parámetros más tradicionales. Sin embargo, parece que está harta, que quiere salir de ahí, por eso te usa a ti para quejarse, para contarte su malestar y, si te sirve de consuelo, hasta cierto punto, no llegas ni a la categoría de un amante. ¿Por qué quieres salir de un papel que no te han dado?
- Creo que, desde que la conozco, me presenté como siempre. Como un novio, con planes, con ilusiones. Pero ahora que lo dices, cuando pasaron unos meses y me intenté implicar más en sus cosas, empezaron los problemas. Luego, apareció el otro. Simplemente, no he sabido cambiar mi papel. ¿Y qué hace un quasi amante?
A.C. Hay que tener un poco de sangre fría. La posición más cómoda y satisfactoria es no tratar de competir con el marido. Eso genera sufrimiento, te impide disfrutar de los ratos que estén juntos y te crea expectativas. ¿Estás enamorado de ella?
-Estoy encabronado, frustrado, enfadado. Lo que siento hacia ella tiene que ver muy poco con el amor y, a estas alturas, ni siquiera con el deseo. Es una rabieta de impotencia. Y ya me estoy impacientando.
A.C. ¿Qué te gustaría que pasara?
-Que ella vaya a Madrid con una amiga me parece de lo más natural. No me importa que haya decidido hacerlo a su manera. Fui yo quien intentó cambiar sus planes. Necesita conocer gente, salir de su círculo, ver otras cosas y con otra perspectiva. Me alegro de verdad de que haya tomado la decisión. Pero el otro elemento tiene una fijación que no la deja vivir: para él, su amiga no es de fiar, le da mala espina, está convencido de que ese viaje no es un viaje cultural, que el primo al que va a ver, no es tal y, simple y llanamente, se opone a ese viaje porque lo dice él. Ella se resiste y viene y me lo cuenta. Aunque sé que no es asunto mío, ¿o sí?.
A.C. ¿Qué te hace pensar que las sospechas del otro no son ciertas?
-Seguramente porque confío más en ella que él. Además, si se va a Madrid a tener una aventura, es algo que a mí no me preocupa. Ojalá encuentre una relación que le dé más fuerza y vuelva a tener ilusiones. De lo que tengo ganas es de que, de una vez, acabe este juego.
A.C. Si no te importa que tenga otros líos, realmente has renunciado a tener algo serio con ella. No eres una alternativa en su vida, Me preocupa que no te sientas libre para hacer lo que quieras con tu vida por culpa de esos lazos que, sólo tú, te has creado. Ella, como mujer, con sus necesidades, los acepta de boca para fuera, es cultural; la idea de tener una aventura no es algo que se pueda confesar tan alegremente. Por eso, si tu le ofreces matrimonio ella quizás te dirá que sí, pero, desengáñate, su historia no está contigo.
-Le dije que porqué no le proponía ir con ella, que se inventara cualquier excusa, si tanto temía por su integridad moral. Me contestó que eso no podía ser, simplemente, porque su novia (ya lo tiene asumido), o querida o lo que sea no se lo iba a poner fácil. Luego le sugerí que si está convencida de que lo quiere, debe aceptarlo como es, y renunciar a ese viaje para que no se sienta mal. Aquí patinó.
A.C. ¿En qué sentido?
-Te he contado las implicaciones económicas que hemos tenido. Intento olvidarlo, porque nunca me había gastado tanto dinero en una relación. Cuando le he preguntado si el otro se ha comprometido a ese nivel, siempre me ha dicho que no, e, incluso, algunas veces lo ha justificado, porque su situación económica no es buena (algo que no he entendido nunca, cobra más que yo, y en este espacio de tiempo se ha dedicado a gastar dinero sin más, se ha comprado, primero, una moto de gran cilindrada y, luego, un coche de lujo). Pero, de repente, se le escapó que estaría dispuesto a pagarle el billete comprado, con tal de que no se fuera. Entonces la quiere más de lo que yo creía. Cuando le insistí en que, si de verdad iba a ser capaz de gastar su dinero con ella, me dijo que seguro. Mal, mal, mal, creo que me la ha estado pegando a gusto. Ya no sé qué pensar. Miente más que yo, ¡y ya es difícil!
A.C. ¿Has tomado alguna decisión?
- Por lo pronto, repetir el mantra "Marga es historia, Marga es historia"(actus limen est). Otra vez me ha llamado para cancelar la que se supone iba a ser nuestra cita de despedida. Y me he cabreado. Creo que le he dicho con claridad que ya está bien. Su amigo la amenazó con ir al Aeropuerto a comprobar si, efectivamente, se iba a ir sola. Me salió decirle que yo tenía intención de ir a despedirla. Me pidió de favor que no fuera.., claro que no voy a ir. No voy a perder más el tiempo. Reconozco que me dolió. Pero es verdad que, en estos últimos meses, no me he dado cuenta de que no ha habido ni un solo indicio de que ella quiera o pueda dejar la otra relación. Siendo así, le he recomendado que acepte lo que tiene, que deje de quejarse y se fije en las cosas buenas, que seguro que alguna habrá. Quizás no debí recordarle lo que ha sucedido en todo este tiempo, sus noches de soledad, sus fines de semana encerrada, su falta de relacionarse con gente de su generación, sus discusiones, pero es la realidad que ella me ha pintado, y es la que me ha apetecido poner sobre la mesa. Así y todo, le he pedido, clara y taxativamente, que si sucede algo, y sólo si sucede algo importante, y le apetece contármelo, que estaré abierto...
A.C. ¿Qué esperas que suceda?¿Estás dejando la puerta abierta de verdad?
-No, si su relación se compone o va hacia donde ella desea en el fondo, yo me alegraré de que sea así, no lo dudo y me encantará saberlo. Si ella se harta -y al ritmo que van las cosas, me temo que va para largo-, pues podremos hablar, si nos interesa retomar esta historia, la retomamos y si no, lo de siempre, quizás seamos amigos y ahora sí, sin más.. Sabes perfectamente que esta última posibilidad es remota, pero queda bien en una despedida.
A.C. Entonces, ¿Con qué te quedas de sus sentimientos ?
-Yo puse la primera piedra. Ella cedió. Me abrió su vida durante seis meses más o menos, y, luego, todo se ha ido a la porra poco a poco. No dudo que despierte emotividad en ella, no dudo que nos hayamos deseado durante todo este tiempo, no dudo que en mí haya generado muchas cosas que me han marcado. Pero no sabe lo que quiere y se lo he puesto difícil. Sé que te parecerá presuntuoso de mi parte, pero he puesto el listón es muy alto y me he tirado a la piscina sin ninguna reserva. Lo único que he provocado en ella, sin embargo, es confusión y, a cambio, me ha dado muy buenos ratos. Debí parar cuando ella me dijo que quería intentarlo con el otro. Nos habríamos ahorrado mucho tiempo y descalabros. Por mi parte, punto y final, se va unos días, no hablaremos, no llamará y si lo hace, no cogeré el teléfono. Esto lleva tiempo y ella necesita aclararse. A mí ya no me aporta nada.
A.C. Pues que tengas suerte. Parece que esta vez te veo más convencido y que quieres salir de esto. Me reservo mi opinión. Como te necesita, seguirá ahí. Pero intenta mantenerte fuera, no la comprometas más. La pelota está en tu tejado." (D.D.A.)