lunes, 23 de noviembre de 2009

En el día de hoy....lo que me gusta y lo que no....

   Como cualquier Lunes, no es fácil arrancar. Si, además, has pasado un fin de semana tenso, luchando con un montón de cosas, cuando menos, es justo que llegues cansado. Hace tiempo, las monjas me enseñaron a  que evaluara mi estado de ánimo haciendo una lista en la que reflejara las cosas que me gustan y las cosas que no me gustan. La técnica -entonces bastante tosca y prejuiciosa- la he ido depurando con el tiempo. Ahora, lo principal, es acotarla, es más objetiva, es más reciente, está todo más fresco. El examen de conciencia puede limitarse al lunes.

LO QUE NO ME GUSTA:

-Tener que levantarme de la cama, con resaca del día anterior; hacer tiempo, porque empiezo a trabajar a las doce de la mañana.

-Llegar a mi centro de trabajo, tener que rellenar una justificación sobre la falta al trabajo del viernes anterior. Tampoco tenía ganas de levantarme.

-Pasarme mi única hora de clase matutina haciendo terapia a mis alumnos: este lunes tocó el respeto a las creencias, vigilias, catequesis, pecados mortales, la etimología de "pathos".

-Salir corriendo para recoger a mi hijo, bajo una lluvia torrencial, aparcar sobre una acera y tratar de ignorar al guardia de tráfico llamando por el móvil.

-Sufrir un atasco monumental y llegar a casa, bajo la misma lluvia torrencial, acordarme de que no he puesto los canales, que ha saltado el automático de la luz y que tengo que preparar con urgencia algo de comer.

-Pringar de aceite la cocinilla, mientras preparo un revuelto prefabricado mientras mi hijo me llama para pedirme que le configure un juego en el ordenador.

-Dejar la cocina hecha un desastre, los platos sucios, por querer aprovechar el poco rato que  podemos compartir mi hijo y yo.

-Oír cómo se desordenan los juguetes y no poder darle un grito y llamarlo al orden porque de eso ya le sobra. Pero es que, además, hoy, en pleno chaparrón, quería salir a volar su cometa.

-Preparar su ropa, disponerme a llevarlo a una actividad que coincide justo con la reanudación de mis clases por la tarde...en el último momento, que su madre me recuerde que debo dejar su mochila de tareas antes de irme al trabajo.

TAMPOCO ME GUSTA:

- Que me despierte el teléfono por la mañana, para que la que se supone que es la mujer que está en mi vida, me vuelva a recordar que a pesar de que me quiere mucho, no puede dejar a su novio.

- Que media hora después. a pesar de mis ganas de dormir, me llamen de una compañía de seguros para ofrecerme uno "contra el paro" y me digan que como soy funcionario no tengo derecho.

- Ya, después de renunciar a dormir, intento hacerme una tostada de queso y un té con limón para mi dolor de estómago. Pero el teléfono vuelve a sonar; esta vez, la compañía telefónica quiere concretar una cita para que me arreglen el ADSL (la había pedido cuatro días antes). Cuando vuelvo a mi tostada -que no sabía dónde la había puesto-, me vuelven a llamar para reenviarme al departamento técnico rogándome que me mantenga al aparato. El té ya estaba frío, se me fueron las ganas de tostada y tenía que salir corriendo para no llegar tarde a clase.

LAS ALTERNATIVAS:

-No habría dejado mi cama hasta la una del mediodía. Habría comido mi tostada de queso. Sería agradable contar con alguien para compartir las tareas del almuerzo, entretener a mi hijo, poder comer tranquilo, no tener que tomarme una tortilla de ansiolíticos para poder afrontar mi trabajo. Llegar a casa, darme una ducha, encontrarme a alguien que me esperara, con quién no tener que discutir, relajarme en una tranquila conversación, entrar en mi cama y no tener que abrazar a una almohada, sino a una mujer de carne y hueso.

Todavía queda día. Todavía me queda algo de espacio. Este es un día en el que me quejo -con o sin razón-, ¿Habrá todavía alguna sorpresa?. No lo sé. Pero hagamos una concesión al optimismo.

jueves, 15 de octubre de 2009

En el día de hoy...también me gustaba hacer canciones.

   Es innato, está en nuestros genes preguntarnos por el pasado. Supongo que es una forma de garantizar nuestro presente. Desde un punto de vista filosófico, forma parte del proceso que necesitamos llevar a cabo para completar nuestra personalidad, de manera consciente o inconsciente. A esto es a lo que psicólogos y psiquiatras y otros terapeutas de la mente han sacado partido. La mayor parte de las terapias terminan convenciendo al individuo de que todos sus problemas presentes son causados por su pasado...más o menos a partir de Freud. Las técnicas de indagación son de lo más diversas y con unos resultados más que cuestionables. A mí, casi me han convencido de que, en efecto, soy producto de mi pasado; lo que todavía no hemos averiguado es en qué momento empieza ese pasado condicionador. Sin embargo, si de lo que se trata es de devolver al individuo a un estado de felicidad del que en algún momento se ha apartado, ¿de qué sirve que traigan a su vida actual cosas que, de otra manera, nunca más se recordarían?. Ya me imagino las respuestas. Si entráramos en polémica, podríamos llegar, incluso, a afirmar que esas terapias regresivas son un auténtico fracaso, pero proporcionan mucho dinero. No se trata de eso. Es lo de menos. Sí estoy convencido de que lo que hay es una necesidad de comunicación muy fuerte, que los individuos intentamos evitar el aislamiento, y que el psiquiatra o el psicólogo simplemente tiene que rellenar esos espacios de conversación con pautas y esquemas que impidan que terminen en aburridas charlas útiles para el paciente y lucrativas para el médico. Si de lo que se trata es de hablar un rato y pagar por ello, ¡bienvenido!, cumple su función.

  A lo largo del verano, me he encontrado con viejas fotos de mi más tierna infancia, de mi menos tierna infancia, de mi pubertad y adolescencia y de mi primera juventud. No me costó dinero, simplemente tuve que rebuscar en viejas gavetas de la casa de mis padres. Hoy, sin vergüenza de ningún tipo, alumbro una de las causas por las que me he convertido en un patán  relativo. Ya les he aburrido con aquello de la lucha por la supervivencia, por la supremacía del más fuerte. Hasta creo que he inventado un refrán que dice "a quien la naturaleza da cabeza, no le da belleza" o, mejor, "a quien Dios no da cabeza, el diablo le da belleza" (dedicado a mi amigo Luis, amante de los ripios). Va a resultar que las madres son unas santas, siempre alaban, con o sin razón, a sus hijos, y, aunque sean feos de verdad, eso nunca se lo dicen.

   De pequeño era un crío rubito, de ojos claros, con unos dientes discretos que nunca quise que fueran a su sitio del todo, no soportaba los aparatos. Hacia los doce años me superaba mi desmañado aspecto, supongo que ensayando ante el espejo la mejor forma de mostrarme al mundo. Las gafas que usaba entonces son dignas de una antología del mal gusto. Realmente no sé qué podía ver una chica en mí, porque con mis pintas resultaba bastante repelente, sin embargo, mi autoestima estaba tan alta que ya me sentía un conquistador irresistible. Y las cosas no mejoraron con el tiempo. Probé con la raya en medio, usaba clearasil para los granos, mis paletas estaban amarillas por los antibióticos, y descuadradas. No logré desarrollar un cuerpo mínimamente garboso o atractivo, estaba flaco, petudo y vestía de cualquier manera (aunque debo agradecer a los consejos de mis hermanas mayores que los estragos estéticos no fueran a más).

  En la Universidad -y ya sin hermanas mayores- mi aspecto no mejoró; seguía siendo pálido, terriblemente delgado, con una sonrisa aterradora y con aire un poco afeminado. ¿Cómo iba a gustar a las mujeres? Lo peor es que no era consciente y estaba convencido de que esa imagen era lo suficientemente atractiva, ¡cuánta preocupación inútil!. Ahora sé que tenía que mentir, embaucar, enredar para que alguien me hiciera caso. De ahí nacen historias inverosímiles, hechos y circunstancias que intentaban crear una pantalla que tapara aquella imagen que ninguna mujer deseaba o buscaba; al menos es lo que creía y de lo que estaba convencido.

  Quizás, si hubiera asumido que era un chico feíto y algo repelente por sus actitudes, habría asumido también, que tendría que buscar otros argumentos para relacionarme. Pero es una cuestión de supervivencia. El mono feo y débil, ofrece fruta y entretenimiento a la mona guapa, la despioja, quizás no la conquiste, pero no puede competir con el mono guapo y fuerte, con otros argumentos. La mona tiene derecho a elegir y elige normalmente lo más evidente y claro. Pero si el mono feo no se vale de sus estrategias está condenado a extinguirse, al menos, en lo que a su vida sexual se refiere. Entiendo que usar la figura del primate en esta comparación es para simplificar las cosas, al fin y al cabo, no somos tan diferentes.

   Nunca he valorado mi potencial capacidad para despertar admiración. Quizás Gilia no se enamoró de mí, pero sí me admiró y mucho. Dejé a mi compañero de piso y busqué mi primer apartamento. Chantal había vuelto a Francia y quizás no volvería a verla. Entonces no tenía demasiadas cosas que llevarme de un sitio a otro, unos pocos libros, una maleta de ropa y una kentia que aún sigue viva y  va conmigo dondequiera que voy. En la comisaría de policía conocí a la que luego sería mi ayuda de cámara y quien cuidaría de mis miserias cotidianas. Su hijo había destrozado mi coche durante una borrachera. Ella necesitaba trabajo y se ocupó de mi nueva casa, un ático algo descuidado, pero suficiente. Doña Carmela vino y se quedó, ¡ya no quedan de esas mujeres! Gilia, en su recién estrenada mayoría de edad, me ayudó a decorarlo y se apoderó de una copia de la llave: marcaba territorio. Ella y sus amigas se iban a la Universidad. Hicimos una fiesta para celebrarlo. Comimos y bebimos mucho. Nuestros primeros encuentros estuvieron llenos de calidez, entrega, sensualidad. Comencé a aprenderla, a robar su energía desbordante, me seducía su sonrisa, su olor, sus locuras. Quise atraerla a mi vida de adulto y me convertí en su protector, su tutor, su confidente. Dejó a sus antiguos novios: se sentía orgullosa de su pareja,  su exprofesor, estrechamente vinculado con la Universidad; me sentía orgulloso de mi exalumna, seguía mis pasos, la instruía, presumía de ella, sus amigas la envidiaban. 


  "Su habitación olía a pladur y humedad. El ruido de los demás colegiales tenía personalidad propia. La cama  era una loa a la incomodidad. Nos gustaba ir a buenos restaurantes, pero, sobretodo, nos gustaba tomar buen vino; nos relacionábamos poco, buscábamos siempre la intimidad. Aquella noche volvimos a su residencia, teníamos unas copillas encima. Le había preparado una sorpresa. Había grabado una canción en la que relataba nuestra historia, cómo nos habíamos conocido, en la que le pedía que me dijera que me quería y la invitaba a vivir el momento. No era una buena canción, la música era casi un plagio de una de Phil Collins, pero era nuestra canción y, en aquel contexto, resultó conmovedora. Gilia es una mujer insistente, casi obsesiva. Supongo que para mostrarme su agradecimiento, la reprodujo una y otra vez  hasta el aburrimiento. El cassette siguió funcionando y le dio accidentalmente a la tecla rec. Se grabó todo. Nos preocupaba que su familia supiera lo nuestro, especialmente su madre; bromeábamos pensando en la cara que pondría si se enterara de las cosas que su hija hacía con su exprofesor. Unos meses después todo se aclaró; me presentó a su familia en un almuerzo formal. Orgullosa de la canción que le había hecho fue a buscar el cassette y lo mostró a la concurrencia. Tras la canción se habían grabado los arrumacos...y la mofa hacia su malhumorada madre. En aquel momento creo que me diluí por la junta de las baldosas. Fue el colofón de mi presentación en sociedad. Supongo que la canción le habría gustado tanto como a su hija."  (D.D.A.)   

miércoles, 2 de septiembre de 2009

En el día de hoy: ética, principios: de vuelta con la monogamia.


   El término ética viene de ethós, en griego clásico, "costumbre, hábito". Sin embargo, el concepto con su uso y aplicaciones, se ha desvirtuado y alejado de su sentido original. Se entiende por ética un código de conducta, aplicable a un entorno cultural. Los códigos éticos se alejan de su naturaleza en la medida que sirven para manipular a las colectividades y para salvaguardar ciertos intereses que suelen resumirse en los que sostienen los mecanismos de poder. El gran error de los planteamientos éticos ha consistido en darles un valor plural, universal a veces, al menos en sus pretensiones. Sin embargo la ética es algo personal, es lo que la costumbre imprime en nuestra naturaleza y nos hace aceptar algo como bueno o como malo. Este es el punto de vista que sostiene Erich Fromm en un ensayo sobre "El carácter revolucionario". Sin embargo, es obvio, que no todos los individuos son capaces de percibir y objetivar valores éticos que les son propios. De ahí que, a lo largo del tiempo, hayan sido pensadores excepcionales los que han dado pautas de comportamiento que han sido aceptadas por colectividades importantes.
   
   La monogamia no es una imposición biológica, aunque resulta conveniente para el desarrollo de ciertos modelos sociales. Si vamos más allá, y sirva como ejemplo, el celibato es completamente antinatural; sin embargo, la Iglesia Católica lo consagra sin que haya ningún precedente doctrinal. Eso ocurre en un momento en que la estructura de la familia permitía la transmisión de los bienes de padres a hijos. El celibato era una forma de acopiar bienes y recursos para la propia institución. Si la poligamia hubiese tenido alguna forma de rentabilidad, obviamente se habría convertido en un principio ético al servicio de la estructura social. Como no es así, simplemente se condena.

   Y había que elegir, aceptar, resignarse. Los modelos estaban ahí y cada etapa de la vida se hizo vulnerable a sus sacudidas, muchas veces, violentas y, casi siempre dejando secuelas por su incompatibilidad. En España, las cosas se percibían más o menos así.:

  DÉCADA DE LOS SETENTA. Predomina la familia estructurada. Se construye a partir del matrimonio religioso. No existe el divorcio. La carga laboral recae sobre el hombre. La mujer se encarga de las tareas domésticas. Obviamente existían infidelidades. Los hombres frecuentaban los prostíbulos de una manera, hasta cierto punto, consentida. Cuando las circunstancias económicas lo permitían, aparecía la figura de la amante. Era una desgracia irreversible, porque aquellas mujeres, a diferencia de las prostitutas, se condenaban a una vida en la oscuridad, sin posibilidad de retorno, alimentadas por esperanzas inalcanzables; su vida se consumía y, normalmente, terminaban solas y abandonadas.

  La infidelidad femenina era menos frecuente. Las mujeres no tenían independencia económica. Su vida social era muy limitada. Aceptaban con resignación el papel de esposas que su ética particular les dictaba. El cuidado de los hijos, normalmente muchos, les dejaba pocas opciones para liberarse. El anatema social en que podrían verse implicadas, actuaba como mecanismo inhibidor.

  La estructura familiar estaba sólidamente delimitada. Había hombres y mujeres casados, solteros o viudos. Nada más, la sociedad no reconocía otros estados civiles. Como una norma, de su riguroso cumplimiento, sólo se inferían cosas positivas; el salirse de ella suponía un descalabro irremediable. Esto es lo que aprendimos y asumimos; estas fueron nuestras metas y el sustento de nuestros sentimientos de culpa. Era la costumbre, el ethós individual, la melodía reconocible, en la que queríamos incluirnos. Desde nuestro fuero interno fomentábamos ese modelo.

  DÉCADA DE LOS OCHENTA. En virtud de lo aprendido, sabíamos que ser infieles era malo. No entendíamos muy bien porqué. Al debilitarse el poder de la Iglesia, al disfrutar de un modelo democrático en el que empezaban a tener cabida nuevas ideas, sólo había lugar para algunos gestos especulativos que estaban, todavía, muy lejos de alterar los modelos precedentes. La gran novedad fue que se empiezan a tener en cuenta nuevos colectivos. Hasta ahora la preocupación sociológica había estado dirigida a cuestiones políticas, a la figura del disidente, a las actitudes contraculturales. Poco a poco se van abordando nuevos frentes. La mujer recupera un papel activo, el desarrollo de la psicología permite conocer aspectos del comportamiento que, hasta ahora, no se habían abordado explícitamente. La homosexualidad aflora tímidamente. El matrimonio deja de ser algo para toda la vida y se lucha por el reconocimiento del divorcio.

  Ahora, el tejido social empieza a mostrar su verdadera cara. Siempre estuvo ahí con todas sus particularidades, pero lo que no resultaba operativo estaba confinado en lo más hondo de sus cárceles y manicomios. Hombres y mujeres se cuestionan el valor de sus relaciones humanas y la consonancia de ellas con sus necesidades personales. El matrimonio sigue siendo el referente principal, pero en él no tienen cabida las relaciones múltiples, la posibilidad de ruptura, las relaciones homosexuales, la creación de modelos monoparentales. Sin embargo, han aflorado, están a la vista, se discute sobre ello, el modelo ético empieza a cuestionarse.

  DE LOS NOVENTA HASTA NUESTROS DÍAS. Vivimos una época de relativismo en la que todo vale. Nuestro comportamiento, sustentado en determinados valores, nos ha permitido estructurar el mundo actual. Si no se aceptan, está claro que este modelo ya no podrá seguir funcionando. Como por encima de todo se proclama la libertad individual, como el gran triunfo del siglo XX, nadie se va a sentir obligado a elegir este modelo u otro. Caminamos hacia microsistemas que sobrecargarán las grandes estructuras sociales de los que se alimentan y a las que, en cambio, no nutren. Es ese relativismo lo que nos sumerge en una profunda sensación de pérdida, de abandono, y desdibuja cualquier tipo de metas o ilusiones. Veamos algunos ejemplos.

  A los doce o trece años, cualquier chico posee una información sexual -con o sin asesoramiento- que le permite ir construyendo su propio modelo de comportamiento. No hay nada taxativo, ni conveniente. La percepción de los riesgos es puramente instintiva, el límite es aquello que me puede causar la muerte que, por lo demás, se vive como un fenómeno extraño. Estos chicos no asocian sexo a nada más. Las relaciones múltiples son las más frecuentes. Se frivolizan. Se intenta que el impacto emocional sea el mínimo. La incomunicación con sus tutores, con sus modelos les lleva a paliar sus contradicciones con drogas o alcohol. Una chica puede haber mantenido doce o trece contactos sexuales, en distinto grado de implicación, durante una única noche. Eso es una proeza. La homosexualidad, la interracialidad, están perfectamente integradas. Todos aspiran a ser "iguales", ninguno a ser "individual". Entrar en un modelo productivo sólo se justifica por la necesidad de cubrir los propios gastos. Lo positivo de todo esto es que no son modelos cerrados, evolucionan y cambian, en función del proceso de maduración personal, y en función del cambio de necesidades. Sin embargo estos cambios, tristemente, se reducen a una racionalización del consumismo, se trata de obtener determinadas cosas que los hacen aún más iguales y menos individuales. Puede dar la sensación de  que llegan a integrarse. Sin embargo, como ese modelo no fue creado ni alimentado por ellos, corre el riesgo severo de perderse en el vacío, no se somete a crítica, no se fomentan nuevas ideas sostenibles. Y si ya es malo, terminará siendo peor.

   ¿Patán entre interrogaciones?, es para reflejar dos momentos de un concepto que se cruza entre las generaciones. Los comportamientos e historias que se van superponiendo a lo largo de la vida, a lo mejor, resultan totalmente reprobables desde mi propia ética, desde el punto de vista de las cosas vividas y aprendidas; sin embargo, a los ojos de otras personas, no necesariamente ubicadas en una edad o cultura concreta, pueden parecer simples cuentos, que ya no son, ni siquiera, graciosos, porque describen comportamientos que se asumen como normales.

1.- Estar con una chica o un chico es una acto natural. Se mantienen relaciones sexuales. No hay una visión prospectiva. Ella o él no prometen nada, no establecen un vínculo que vaya más allá del simple encuentro. Si él se va o ella se va, ¿son patanes?

2.-Se hace uso de la mentira, de la superioridad, de una mejor posición, para obtener una conquista. El  principio más elemental de la selección natural secundaría estos comportamientos. ¿Son patanes?

3.- A pesar de mantener una relación más o menos estable con alguien, mantienen otras relaciones simultáneas, consentidas, habladas o no. Ambos miembros de la pareja se reservan el derecho de actuar así. Hay igualdad. ¿Son patanes?

4.-Sabiendo que los sentimientos están desfasados y una parte de la pareja deja de sentirse motivada para seguir en el proyecto, ¿Será un patán si no lucha por mantener algo que ya ha pasado?

5.- Si se entra en el juego del matrimonio y la familia, ¿qué sucede con la descendencia? Es el otro modelo el que les impone ciertos compromisos cuando se rompe la unión. Esa misma imposición justifica su rechazo, por tanto, ¿son patanes si no cumplen lo impuesto, si no han cultivado vínculos afectivos profundos, si no han desarrollado los valores de la paternidad?

  Preguntemos al otro: ¿Qué piensas, qué quieres, en qué crees, qué es significativo en tu vida? Después cuenta tú, tu parte. Te sorprenderá ver en cuantas cosas coincides y en cuántas difieres -serán menos, sin duda- No serán capaces de pactar, de establecer límites, de comprometerse. Por tanto, habrá nacido otra micro-ética, válida para sus creadores, inútil para la colectividad. Con las cosas así, no hay patanes...todo es relativo.

lunes, 17 de agosto de 2009

En el día de hoy...confirmaciones, Gilia, Gilia, !Qué peligro!



   El patán, ante las sacudidas de la vida, despliega su arsenal y selecciona entre sus opciones la medicina más eficaz. Tiene la ventaja de conocer sus beneficios, su forma de actuar. Se dirige a sus amigas como el que busca el analgésico en el cajón de su mesilla. También es el momento de tirar las que ya no sirven, o de las que cree que puede prescindir. De esta manera, obtiene nuevamente el equilibrio.

  Las cosas con Mar y Leni se complicaron. No pensé en la posibilidad de conocerlas físicamente, pero sucedió. Leni es una gran escuchadora, una mujer paciente, con mucha energía, curtida en la vida, pero hemos recorrido un largo camino y es difícil sincronizar nuestros pasos. Mar representa la inocencia y la necesidad, la siento como un niño perdido que intenta aferrarse a la primera baliza que encuentre. No sabe flotar, no sabe nadar, su efecto resulta más desestabilizador que sedante. Miriam es el gran colocón. Está bien para alguna ocasión, pero nada más. He confirmado lo diferentes que somos, la incompatibilidad total de nuestros caracteres, pero es una mujer tierna, sencilla, hacendosa y complaciente...¡lástima! No me imagino un día a día junto a ella. Explicar estos sentimientos a cada una y esperar que lo entiendan y lo acepten, es lo más complicado, pero no puede ser de otra manera. ¿Soy capaz de asumir las consecuencias?

   También Marga se ha quedado fuera. Ha agotado definitivamente mi paciencia. Puedo actuar en circunstancias normales, pero en circunstancias límite, es superior a mí. Aunque tuvimos una despedida de las habituales, quizás un poco más firme por mi parte, el reencuentro se hizo inevitable. Su orgullo le impide aceptar un rechazo. Asumió el papel de víctima, adoptó la posición dominante y, al final, fue ella la que se negó a entrar. Se escapó de la gaveta. Es un medicamento fuerte, de gran efectividad, pero con demasiados efectos secundarios...mejor así.

   Rosita Garmendia ha estado a mi lado en todo momento. Un sedante suave y progresivo, realmente efectivo. No he olvidado las complicaciones que tiene su uso prolongado. Daños colaterales múltiples, incompatiblilidad crónica; en estos momentos, en cambio, es lo que mejor me sienta.


   ."..la sangre casi llega al río. Demasiados escrúpulos, demasiados principios bailando en mi cabeza. De haber sido un veinteañero aquella situación no dejaba lugar a dudas: ¿Gilia había ido para acostarse conmigo? Un poco presuntuoso por mi parte, pero se me pasó por la cabeza. No pudo ser. A pesar de que el vino que le ofrecí no le gustó -era más de cerveza- y del que yo sí me tomé unos buenos tragos, ni siquiera se acercó. Me levantaba y me sentaba constantemente buscando cualquier pretexto tonto, quería enseñarle mi trabajo, el libro que estaba leyendo, mi última adquisición culinaria. A medida que pasaba el tiempo, me fui impacientando. Le dije que era tarde, que iba a tener problemas en su casa; ella respondía que, como estaba con sus amigas, tenía una buena coartada. Logramos reconducir la conversación, salió a relucir su pareja de entonces y ya empecé a sentirme cómodo otra vez. A Gilia le gustaban los hombres altos, muy altos. Me quedaba fuera de su perfil. Me enteré entonces de que su vida amorosa había sido más ajetreada de lo que imaginaba -siempre he infravalorado la experiencia de los otros, aún siendo muy jóvenes-. Al final, resultó que tenía un pretendiente serio, alguien que le atraía más que su novio y acerca del cuál me pedía consejo. Hablamos un buen rato de cómo lo había conocido en  un campamento de verano, de sus inquietudes universitarias, de su "madurez", de las posibiidades de encontrarse al año siguiente. El malentendido se deshizo solo, emprecé a valorarla como una amiga y el desafortunado suceso de su beso imprevisto no me volvió a preocupar...al menos por un tiempo" (D.D.A.)        

sábado, 18 de julio de 2009

En el día de hoy...presentimientos


   Hace unos días me caí de una escalera. No he tenido accidentes importantes a lo largo de mi vida, sí algún que otro susto. Me di un buen golpe y la sensación fue muy desagradable. Por tercera vez, en ese momento tomé conciencia, me miré y comprobé que todavía podía mover todos mis miembros. Aunque he intentando continuar con el trabajo que estaba haciendo, no he superado el miedo.

  Ovidio decía en El arte de amar que no hay peor remedio para un corazón enamorado que una mente ociosa. Las vacaciones tienen ese inconveniente. Sin embargo, desde que adopté la actitud de aceptación, siento una extraña serenidad; el caos en el que creo que está sumida mi vida, se me figura más ligero y llevadero.

 ¿Estaré llegando al final de algo? Todo son anuncios, todo son presentimientos. Rosita Garmendia va a cumplir cincuenta años, no los aparenta. Su esfuerzo por mantener su amistad conmigo deteriora el frágil hilo que nos une -me parece absurdo cuestionarnos que somos amigos, después de tanto tiempo-. Quiere dar un nuevo matiz a nuestra forma de relacionarnos, pero caemos constantemente en una dinámica de reproches. Se quedó en un pasado en el que yo no era una persona bien recibida en su vida. Aunque ahora hago un esfuerzo por llamarla de vez en cuando, por hablar un rato con ella, ya no le gusta. Ahora se siente controlada, ¡qué lejos está de la realidad! La situación me recuerda, un poco, a esas crisis matrimoniales de los veinticinco años; resulta que ahora he sido un manipulador y chantajista psicológico, un controlador obsesivo, ¡ya vamos hablando claro!. Nuestra imaginación nos juega muy malas pasadas. Quizás nuestro deseo de alcanzar ciertas metas nos hace construir los escalones de la rampa sin que esta exista. Es como si después de mucho tiempo viviera las distintas etapas de una relación. Un principio creativo y emocionante, una meseta serena y compartida y una crisis de identidad que reclama la independencia perdida. No ha habido nada de eso, salvo en sus deseos más íntimos. Ahora recrea una etapa de crisis que no existe. Yo sí deseo ser su amigo, pero si le pregunto por su planes, por lo que está pasando, por su situación familiar, me reprocha que la controlo. ¡Nada más lejos de la realidad!

   Estoy llegando a la conclusión de que, en este momento de mi vida, sólo puedo aspirar a relaciones efímeras, mi grado de insensibilidad es tal, que me siento como alguien que va perdiendo la vista o el oído, o que se va quedando inmóvil de forma progresiva. Cuento con mi capacidad de adaptación, pero por inercia sigo jugando con los papeles que me han movido durante todos estos años. Querer correr cuando ya no puedes, eso es frustrante, pero lo práctico es no correr. 
  Mar entró y salió de mi vida con una rapidez inusual. Creo que fue mi falta de "disponibilidad" lo que la alejó de mí; voy aprendiendo a no mostrarme como el hombre al que puede acceder cualquier mujer.
   Leni sigue conversando conmigo, es una mujer prudente, honesta, me ha manifestado su deseo de encontrar un compañero, pero he sido sincero desde el principio. Está en su derecho de alentar ilusiones y yo en el de mantenerme firme. 
  Etzel, con sus sutilezas habituales, envía correos hablándome de su soledad y aislamiento, de un posible viaje para conocernos; aprecio su inteligencia, su sentido de la vida, pero no me gusta su actitud crítica, ni sus celos de prevención, su mundo, su realidad está cada vez más lejos de la mía. 
  Miriam es un junco al viento, espera que alguien la saque de su situación, pero no hace nada; es enervante su indolencia, pero es así. Un día le sugerí que debía prepararse, formarse para ubicarse mejor y conseguir un trabajo digno. Entre sus hermanas y sus sobrinas sentí una sonrisa reprimida; creo que toqué el tema que no debía. A estas alturas no sé si realmente estudió algo, su formación acaba en leer y escribir y poco más. Fue una mujer hermosa, llamativa, pero la edad le está pasando factura o, quizás, una vida no demasiado agradecida, un pasado oscuro del que ahora intenta redimirse. Sólo puedo ayudarla con pequeñas cosas, alguna gestión, algún detalle. Algo que he evitado siempre es tener en mi entorno a alguien que solo sepa expresar cariño y necesidades afectivas, mis gatitos, por ejemplo, pero ellos se libran porque son lo que son. La imagen de la mujer servil, metódica con las cosas básicas, atenta y primordial, me asusta. Miriam es sólo eso; seguramente habrá muchos hombres a los que podría hacer sentir muy felices.

   Marga sigue llorando, sigue limpiándose por dentro. Tal y como imaginaba, cada día me afecta menos. Su mundo se va desmoronando y yo soy testigo. Es una historia más de mentiras, de lados oscuros, pero creo que no es del todo consciente, creo que hay mucho de inmadurez y ahora empieza a despertar. Estoy de su lado, y en la medida de mis posibilidades la ayudo a  enfrentar su pasado, han salido cosas nuevas que llevaba guardadas como sus grandes secretos. Me esfuerzo por hacerle ver con la cabeza esas razones locas del corazón. La última vez que hablamos le dije que tenía ganas de ver el final de la historia, saber cómo va a acabar este culebrón que le está robando la felicidad y la vida...así podría contarlo. En cuanto a mí, me sorprende la serenidad con la que me lo estoy tomando, la claridad con la que veo que no me interesa y la indiferencia que sus actos me producen.

   Por primera vez en mi vida, he publicado unas fotos con la persona que creo que hoy es importante, con la que tengo un diálogo abierto, con la que me siento cómodo y a la que echo mucho de menos. Mi amigo hizo lo mismo, quizás animado por mi iniciativa. Los dos tenemos necesidad de superar nuestras adicciones. Es demoledor que si suena el teléfono o te escribe un email una mujer, inmediatamente te sientas alerta, pienses que hay una posibilidad de liarte con ella, te obsesiones ante la idea de no poderle decir que no, que tu vida no está disponible. Supongo que el mismo terror sentirá el ludópata que pasa ante un tragaperras, el alcohólico que mira la botella de reojo, el drogadicto ante la caja de pastillas. Saben el daño que les causa, pero no saben si serán capaces de evitarlo.

sábado, 4 de julio de 2009

En el día de hoy...soy todo lo que él no le da, es lo poco que necesito...




De muy antigua data es la tesis de que entre los dos sexos existen diferencias innatas que por fuerza traen aparejadas diferencias básicas de carácter y destino. La maldición del Antiguo Testamento hace propio de la mujer el que "a tu marido estará sujeta tu voluntad y él será tu señor", y del hombre, que deberá trabajar con sudor y pesar. Pero el relato bíblico también contiene virtualmente la tesis opuesta: el hombre fue creado a semejanza de Dios, y sólo como castigo por su desobediencia original del hombre y la mujer -tratados como iguales en cuanto a su responsabilidad moral- recibieron la maldición de los conflictos mutuos y la eterna diferencia. Ambas opiniones, la de su diferencia básica y la de su identidad básica, fueron repetidas a través de los siglos; una época o una escuela filosófica ponía el énfasis en una tesis, mientras otra defendía la posición contraria (FROMM E., La condición humana actual, "Sexo y carácter")
   De vez en cuando es bueno acudir a los tópicos. A fin de cuentas, lo son porque le sirven a todo el mundo. Nuestras congojas se hacen más llevaderas precisamente cuando nos identificamos con los otros, más insoportables si las sentimos como exclusivas. Es obvio que razón y pasión parecen justificar la encrucijada del amor. No es tan obvio que alguno de estos bienes se reparta en proporciones concretas entre hombres y mujeres. El corazón puede latir tan fuerte en el pecho de un hombre como en el de una mujer. Las decisiones más frías pueden albergarse, con la misma comodidad, en la mente compleja de una mujer, como en la simplicidad instintiva del hombre.

  Marga y yo hemos mantenido una larga conversación. La novedad es que cada día me siento más tranquilo. Ya no intento explicar la realidad con relación a ningún modelo, me limito a observarla y a extraer de ella lo bueno y lo malo, lo que me sirve y lo que no. Después de casi veinte años, aferrarme a valores concretos me resulta estúpido e inútil. Puede parecer una claudicación, lo es. Es la claudicación del que se adapta, se amolda para no condenarse al aislamiento y la soledad. Pero en la nueva situación siguen existiendo valores irrenunciables, lo que sucede es que carecen de la universalidad de los de siempre, de su absolutismo y tiranía. Su gran virtud es la naturaleza individual de los mismos. Mientras seamos más de uno, no estaremos aislados, pero aún como la mínima expresión de la comunidad, también nos regimos por leyes.

   Esto es lo que hay. Una mujer asustada, llena de miedo, ¿enamorada?. La idea que me tortura pertenece a otro mundo, a otra época. ¿Será verdad que cuando entregamos el corazón es de una vez para siempre?. Eso es sólo un bolero. Olvidamos, superamos los fracasos y vamos dibujando nuestra propia geografía sentimental. A unos el pasado les condicionará más que a otros, pero es su pasado y lo llevaremos siempre con nosotros hasta el último aliento. Lo cierto es que, en nuestro constante proceso de cambio, construir agota, aceptar agota pero, hay un final, hay un resultado. Si no somos benévolos con nuestros logros, sólo conseguiremos frustrarnos.

   Pensemos que "lo normal", "lo éticamente correcto" es que un solo hombre no pueda completar todas las expectativas de una mujer y viceversa. Si una relación debe ser la búsqueda de nuestra complementariedad, esto es fácilmente comprensible; nuestro nivel de complejidad personal así lo exige y no nos conformamos. Es un acto de deseo que debemos satisfacer para ser felices y sentirnos bien.

 Marga ha tenido mucha suerte, sólo falta que lo entienda y lo acepte. Hay un hombre que   despierta en ella emociones desestabilizadoras, irracionales. Es ese ser primario que la derrite con la mirada o con una leve sonrisa. Es la belleza y la arrogancia que despierta toda su dimensión masoquista, es el complemento a su elementalidad animal. No puede renunciar a todo esto porque es vital, porque está en su cuadro de necesidades. Si intentamos abordarlo desde la razón entraremos en un diálogo imposible; lo único que podremos hacer es recriminar y juzgar basándonos en nuestra diferencia de criterio, pero esas emociones íntimas y personales no nos pertenecen.

  Marga es afortunada, sólo falta que lo entienda y lo acepte. Hay otro hombre en su vida, le aporta tranquilidad, comprensión, tolerancia, seguridad. Le presta toda su atención, le da todo su amor y, además, lo desea, pero no satisface esas ansias más íntimas, más esenciales. Ese hombre representa todo lo que la razón y el sentido común pueden ofrecer. A esa parte tampoco puede renunciar, porque también compromete su bienestar.
  Goza de todo lo que necesita, su sufrimiento carece de sentido. Si luchara por conseguir el equilibrio y el control de la situación, en lugar de luchar por decantarse en un sentido u otro, se terminarían sus problemas. Sin embargo esto, como no es "normal" no puede conciliarse. La dificultad reside en que esas dos personas hablan lenguajes diferentes. Ella tiene que dialogar con cada uno en su propio código. Está claro que jamás habrá entendimiento. Es un calvario para todos, pero no puede ser de otra manera.

   Quiere estar con los dos, yo lo sé, el otro no. Sería bueno que se liberara entendiendo que yo no quiero lo que le prometo, que me basta con lo que me da, que no soy una alternativa, que eso no me pertenece. Me siento bien en mi papel, ofreciéndole todo lo que el otro no le da. Tengo justamente lo que necesito de ella; ella tiene de mí todas las cosas de las que el otro carece.

   Marga es afortunada, pero no lo sabe. Yo soy afortunado, lo sé. Ignoro en qué lugar está la otra persona. Soy todo lo que él no le da, ella me da  todo lo que necesito.

viernes, 26 de junio de 2009

En el día de hoy...entonces Gilia


   Saramago hizo la gran metáfora sobre la ceguera humana. El espacio virtual es una gran venda que se nos pone en los ojos. El otro, el que lo usa, sabe hasta dónde puede o quiere que el telón se levante. Frente a la vida real, no hay contrapartidas. Como la reacción del espectador no nos condiciona, no esperamos su aplauso o abucheo, podemos ser cruelmente transparentes. El gran teatro del mundo, el que evocaba Calderón, ahora cobra sentido y está poblado de criaturas reales, obsesivas, neuróticas, inadaptadas, enfermas...demasiado lejos de lo que algún día soñamos (D.D.A., Conclusiones)
   
  Marga está lejos. Nos limitamos a intercambiar mensajes de móvil. La animo a que lo pase bien, a que disfrute. Anoche envié a su correo un poema de Pablo Neruda. No sé si lo llegará a ver; no tiene especial interés en este tipo de cosas. Con el paso de los días noto que su entusiasmo -el que creo que no existe- va debilitándose. Quizás las cosas las esté viendo con otra perspectiva. A mí me invade una sospechosa sensación de libertad, creo que podría acostumbrarme a la idea de que estuviera lejos. Quizás, por obvia, no había intuido la solución: la distancia. Sin embargo, no es probable que, al menos físicamente, nos alejemos un tiempo razonable.

  Mar acapara toda mi atención. Nunca pensé que tuviera tal grado de paciencia. Estoy acostumbrado a que las personas cambien sus planes por razones muy simples. Sin embargo, no es frecuente que alguien cambie de opinión "porque no quiere" y que te lo exprese de esa manera. Anoche decidí que no voy a coger más el teléfono. No estoy enfadado, simplemente, no puedo dedicar el tiempo que ella necesita a sus desahogos personales. Hace tiempo conocí a alguien; tenía la intención de establecer un diálogo, pero por mucho que me esforzaba, sus correos y los míos nunca se encontraron; lo di por imposible aunque soy consciente de que también hizo su esfuerzo. El caso de Mar no sé todavía cómo catalogarlo, ella no parece tener prisa.
  
  Monta un viaje para descansar. Quiere traer a su hijo. El día antes me envía un correo diciendo que prefiere que no la vaya a buscar al aeropuerto; busca algunas justificaciones relativas a su seguridad. Ese mismo día, por la tarde, vuelve a llamar, está en la cama, con mareos, con desarreglos de todo tipo ( me hace la lista de todos sus males: hipotiroidismo, tensión muscular con contracturas, desvanecimientos, encefalopatías, alteraciones hormonales...). Seguramente yo me habría inventado una simple gripe, pero ella no miente...más de lo normal y ésta es su auténtica fotografía. Consigue que justifique la cancelación de su viaje, de nuestro encuentro. Mi primera reacción fue la de salir corriendo, la decir punto y final con una gran sensación de alivio. Estoy seguro de que lo comprendería. Pero esta factura también tengo que pagarla.

   Todos estos días de temores, de miedos a la recaída, de darle vueltas a la conveniencia o no de ese encuentro que organizó ella, se derrumban. No se va a producir, ha sido su decisión. Las cartas se ponen boca arriba. Todo resultaba demasiado fácil, demasiado evidente. Me ha dado por donde más me duele. Ha captado mi desinterés - su desinterés-  Lamentablemente no es alguien especial, pero ha estado a punto de desviar mi atención dejándome poner en un lugar por encima de ella. Sin embargo, tiene las cosas muy claras y estoy muy lejos de lo que busca, si es que realmente quiere encontrar algo. Cuando en la vida se tiene de casi todo, el amor se puede convertir también en un objeto de consumo. Pero nadie que se enamora de un televisor de última generación siente la necesidad de eliminar los demás aparatos de su casa que están en pleno funcionamiento. Sin embargo los objetos no piden, no se quejan, no se sienten frustrados si se les da mayor o menor uso, las personas sí.

   Gilia cumplía los dieciocho en diciembre. La esquivaba por el Instituto, pero esa situación empezó a ser bastante incómoda. Aunque no le pedía que dejara de ir a casa, siempre que intuí esa posibilidad, desaparecía. No fui a  su fiesta, aunque insistió mucho, no me veía en aquel grupo. Con Chantal y sus amigos recreaba una especie de clima bohemio con un toque francés en un bar cercano; se hizo casi habitual y allí Gilia no entraba. A final de curso, sobrecargada por los exámenes, me pidió que le echara una mano con su eterno tormento, la filosofía. Me gustaba recordar las cosas que había aprendido sobre la historia del pensamiento y, sobretodo, me gustaba sentirme especialmente admirado por saber todo lo que ella necesitaba sin necesidad de mirar un sólo libro. Al principio fue un Viernes; no pasó nada, es más tuve la sensación de que se había olvidado de todo aquel episodio y que realmente sólo quería que la ayudar a repasar. Le dije que todavía tenía que dedicar bastante tiempo para tener el examen preparado. Me propuso volver al día siguiente.

  "-Ya es un poco tarde, deberíamos dejarlo. En tu casa se van a pensar cosas raras. -No te preocupes, le dije a mamá que, después de estudiar ,iba a salir con las amigas. -Y, ¿a qué hora quedaron?. -¿Tienes prisa?.- Por mí no, pero quiero cenar algo, ¿te apuntas?-. -Bueno, no tengo demasiado apetito, tengo que cuidar mi línea-. -Voy a preparar algo y no te vas a poder resistir-" 
    
    "Me fui a la cocina. Ella miraba la tele. Alguna vez había mencionado que le encantaba la comida china y lo había dicho que me parecía una auténtica porquería.  Tenía en la nevera pollo y champiñones y todos los aderezos necesarios. De vez en cuando le preguntaba si estaba aburrida a lo que contestaba que se sentía muy a gusto. Apagó el viejo televisor y vino a la cocina. Me preguntó si podía tomar algo. Teníamos que irnos de allí inmediatamente."   (D.D.A.)

miércoles, 17 de junio de 2009

En el día de hoy...una recaída


  ¿Una recaída? Creo que en ningún momento he dejado mi adicción. A diferencia del alcohólico o el drogadicto, en esta situación no te alejas de ninguna sustancia. Llega un momento en que no sabes  si esto es bueno o malo, sigues dejándote llevar; si no fuera por las consecuencias, creo que es una forma un poco estúpida de perder el tiempo. 

  Las últimas semanas con Marga, aparentemente, son el reflejo de su intento por dejar la otra relación. Es un análisis racional de la inconveniencia de la misma. Sin embargo, sigue paralizada. Su novio se fue de viaje unos días; con el cinismo que le caracteriza, le confesó que se marchaba con su pareja oficial, porque ella se lo había pedido. Ese fin de semana se mostró creativa conmigo, estuvo relajada, no sonó el teléfono y se quedó en casa más tiempo de lo habitual. Creo que, sin embargo, en ningún momento dejó de pensar en él, pero estaba conmigo. Cuando volvió el domingo, ya cambió totalmente su actitud; tuvimos la ocasión de pasar la tarde juntos, como hacíamos antes, pero la cercanía del otro, la espera de novedades la volvió a sumir en la rutina. Yo me limito a usar frases hechas que hablan de la necesidad de ser felices, de la fugacidad del tiempo, de lo absurdo de las complicaciones. El colofón es, siempre, que ella y yo podríamos formar la pareja perfecta, aunque ya no me lo creo.

  "Lo de siempre. He contactado con dos chicas que viven aquí cerca. Son mujeres maduras, con unas vidas hechas. Una se llama Leny, no me preocupa demasiado, le he escrito un correo en donde me muestro ambiguo y reticente. Pero no he sido claro. Simplemente me he limitado a no hablar de mi vida privada. Sí es verdad que llamó el domingo por la mañana. Estaba todavía en la cama y le dije que era muy agradable hablar con alguien en aquellas situación sin tener que refunfuñar o discutir. Me esfuerzo en ser agradable, pero -y creo que es por su edad- no me interesa liar más las cosas"

  "La otra chica es una señora, un poco más joven que Leny, se llama Mar o María del Mar. Pensé que no iba a tomar iniciativas, pero ha decidido venir aquí, a pasar unas mini vacaciones para conocernos. Al menos, eso es lo que dice. Me llama varias veces al día y sostenemos largas conversaciones; intento ser educado. Podría llegar a ser una buena a miga, pero no lo creo. Lanza mensajes ambiguos sobre sus intenciones, quiere alejarse de su exmarido, empezar una vida en otro lugar. Tiene una buena pensión. Me ha enviado muchas fotos, es una mujer guapa, al menos su cara, pero ya me ha advertido que está un poco llenita. Creo que va a por todas, y no la veo reticente a meterse en la cama conmigo, todo lo contrario"

  "Me gustaría poder hablar con Mar de Marga, pero quizás es un poco prematuro; quiero ver hacia dónde van las cosas. Todavía creo que puedo enamorarme. Recuerdo otras historias. Físicamente me gusta. Habla demasiado, sin parar, pero son cosas intrascendentes, creo que las podré llevar bien. De entrada, al menos, no me está costando nada. Eso es nuevo, ¡qué bien!. Me regala unas vacaciones por todo lo alto. Quizás me esté utilizando. No se ha ganado un espacio en mi intimidad. ¿Cómo explicarle que estoy buscando una compañera si aún no he resuelto una historia que se alarga desde hace más de cuatro años?. Creo que lo "correcto" sería decir: "Hola, estoy hasta las narices de mi pareja actual, ni come ni deja comer; me es infiel, yo le he sido infiel, pero todavía nos queremos, a trancas y barrancas, pero nos queremos. Aposté con ella para tener una relación estable, invertí mi patrimonio, me he deshecho en atenciones para que todo funcione; aunque empezó muy bien, a los seis meses me dijo que había otra persona, y hasta la fecha; ella dice que quiere dejarlo pero, una y otra vez, vuelve a recaer. Desde que sucedió esto, me he dedicado a buscar chicas -ella no sabe nada, nadie sabe nada-. Bueno, pues si te interesa ser mi próximo intento, aquí estoy; no te garantizo nada, no ejerzo control sobre la voluntad de Marga, tengo que estar pendiente de ella, de sus llamadas. Está convencida de mi fidelidad y estabilidad, no puedo decepcionarla. Pero si esta relación marcha, si esta relación me motiva, Marga será historia. Sólo espero que esta vez no se interponga. ¿Cómo no se va a interponer? Está, no puedo salir con nadie más, no puedo hacer nada a ese nivel. Mi grado de agotamiento es tal que se han muerto mis ilusiones, pero, así y todo, quiero que lo intentemos, ¿te apetece?" (D.D.A.)


  

martes, 16 de junio de 2009

En el día de hoy... todo pasa, nada queda.


  Ver la vida como una secuencia de hechos que se repiten, puede llegar a ser desesperante. Si te quedas atrapado en el tiempo y las cosas van bien, perfecto. Pero si tu ciclo está marcado por las calamidades, a ver cómo lo solucionamos. Está claro que nuestros patrones de conducta se fijan hacia los diecisiete años. Un primer fracaso amoroso, una actitud despótica hacia las mujeres, fomentada por el exceso de celo de una madre y unas hermanas, individualismo y afán de originalidad que nos hacen rechazar los modelos, una emotividad frustrada que se enmascara y reprime los auténticos sentimientos. La relación con el sexo opuesto es un sustituto de la falta de socialización plena. Cuando descubrimos nuestra capacidad para atraer a otros seres. construimos un modelo propio de organización, una cédula funcional con rasgos singulares que funciona en el tejido social. En realidad, el grupo de afines, las novias, novios, pretendientes, aspirante, sustituyen a la familia y a los amigos, porque sobre estos no se puede  ejercer ningún tipo de control y es, precisamente, de esto de lo que se trata. Lo más peculiar de esta estructura es que sus miembros no se comunican entre sí,  sino, sólo, a través del que lo manipula, es una mini secta. La relación es múltiple, pero unidireccional. En términos reales se comunica con todas los miembros de su entorno, por separado, sin que los demás lo sepan; en un plano subjetivo y particular, sólo el organizador tiene conciencia de grupo, conforma una comunicación irreal que cohesiona a sus miembros y ese es el principal motivo de satisfacción. (D.D.A., Conclusiones).

   La situación de Marga no ha cambiado. Sin embargo, como en otras ocasiones, las circunstancias han favorecido un acercamiento. En líneas generales, se sigue comportando como la novia secreta, la amante. Ha convertido esta relación en su desahogo. Aunque su novio oficial le ha confesado que tiene otra mujer que le impide mantener una relación "normal", está en la fase de negación. Los gestos hacia una ruptura definitiva, hacia una reconstrucción de su vida, son puramente epidérmicos. La secuencia es agotadora. Hace el amor con uno, no con el otro auque lo desea, discute con ambos, se reconcilia, hace valoraciones, asume lo bueno y lo malo de las dos relaciones. No es capaz de salir. En este caso, por el tiempo transcurrido, ya se cuestiona que yo pueda ser una alternativa. Me agrada seguir mimándola, hacerle creer que es la única mujer. Hasta ahora lo ha sido, en cierto modo. El grado de compromiso ha avanzado mucho. Sin embargo, existen muchas dudas acerca de mi respuesta  en el caso de que ella accediera a un cambio radical y lo lograra.

   He conocido a otras dos personas, Leni y Mar. No tengo un juicio definitivo, sólo percepciones. No les he cerrado las puertas, no les he hablado de los vínculos reales que hay en mi vida. Me he presentado como alguien que busca pareja.

   Leni parece una mujer algo triste. Con una situación familiar compleja y un hijo adoptado. Me gusta su serenidad aparente, su desparpajo al escribir; es alguien sencillo, con cierta tendencia al esoterismo y un alto grado de inseguridad. Me ha escrito y me ha dicho que puede que se esté enamorando; de momento, sólo quiere conocerme en persona. Es probable que no volvamos a saber nada el uno del otro.

  Mar va demasiado rápido. Ya hemos concertado una cita. Tiene iniciativa, pero no termino de ver su perfil. Creo que es una persona que ha vivido hacia fuera, con grandes comodidades económicas. Trata de llenar espacios vacíos de una vida ociosa y relajada, sólo complicada, creo, por la entrega a su hijo. Emocionalmente me da la impresión de que ha tenido un pasado tormentoso. No acepta el paso del tiempo, está jugando a ser joven y divertida. Puede resultar, aunque no a largo plazo. De momento nuestra comunicación es placentera y relajada.

sábado, 30 de mayo de 2009

En el día de hoy..., nueva casa, nueva vida.

   Hace tiempo que los nacionalismos han dejado de tener sentido para mí. He entendido que como personas, el ser de un lugar o de otro, no nos hace diferentes, al menos en esencia. Sin embargo, esto se ha usado siempre como pretexto para enfrentar a unos pueblos con otros, bajo la consigna de que "ellos son los mejores". El nacionalismo canario nace del odio y del rencor hacia los pueblos que vinieron a conquistar las islas. Nada que se alimente del rencor y del odio puede ser bueno. Por eso, para mí, hoy es, simplemente, un día de fiesta y un día más para reflexionar sobre mienredada vida afectiva.
  
 Marga sigue llamando, puntual como siempre. Ahora soy su confidente, de cansancio y aburrimiento, hablamos de su historia una y otra vez, reconoce que es algo que no quiere para su vida, pero también está claro que yo no soy su alternativa. Tengo miedo de que, al final, como mal menor, cambie su actitud y quiera estar conmigo. Como lo veo hoy, sería un castigo más del destino, si es que existe: terminar con alguien que me quiere con la cabeza, pero no con el corazón. Va en contra  de lo que siempre he defendido. De momento, queda fuera de mis planes, no siento necesidad de que me venga a ver, de que estemos juntos. Intento hacer mi vida, justo lo que hace ella. Ella me cuenta lo que quiere, yo la creo. Yo no me quiero poner a su altura. Sólo así, puedo mantener el equilibrio. Las medias verdades, las mentiras enteras...no hay más.


   Mi primer apartamento de soltero de oro lo compartí con un compañero de trabajo. Dormíamos la siesta frente al televisor pendientes de la invasión de Kuwait por los Iraquíes. Nos interesaba lo que pasaba en el mundo. Íbamos tirando a medias con nuestros sueldos y mis padres perdieron definitivamente la esperanza de que volviera al nido familiar. En aquel apartamento, bastante más cutre que los que ocupé en mi época de estudiante, comencé mis primeros trabajos sobre mi futura tesis: Los epítetos del amor en la poesía griega antigua. Francisco se iba los fines de semana; la casa quedaba para mí solo. Me seguía sintiendo como un universitario y mis amistades las seleccionaba en función de su grado de compatibilidad en ese sentido. Aunque no concreté ninguna relación en este espacio, sí se gestaron algunas posibilidades. A pesar de tener una cama propia y un espacio para cualquier andanza de soltero, casi nunca tiré de esta posibilidad. Todavía me gustaba tomar el aire, disfrutar de la calle, del buen tiempo y de las oportunidades que mi recién inaugurada vida social me ofrecían.

"Aquel verano conocí a Silvia; fue lo más parecido a una locura entre un adolescente y un adulto. Si entonces hubiese conocido el mito de Lolita, seguro que lo habría referenciado. Me llevó a mis diecisiete años, hice canciones y casi perdí la cordura por corretear detrás de ella. Sin embargo, se marchó pronto. Quedó su aroma y su recuerdo y los ratos compartidos. Una de sus amigas de grupo terminaría luego siendo mi adorado tormento. Chantal tomó el relevo, me acompañaba por las tardes los sábados del curso; como extranjera adoraba la isla y paseábamos mucho. Gilia, llegó para quedarse mucho tiempo. Era más joven, era de aquí, iniciaba el mismo camino universitario que  yo había dejado atrás hacía apenas un año...esa fue su mejor baza."

"Poco antes de iniciarse el curso, después de una monumental fiesta, terminamos todos medio borrachos algunos y completamente borrachos otros. Gilia saltaba sobre el tejado de mi viejo Starlet, no me preocupaba tanto que terminara con alguna fractura, como que destrozara el coche; como hacía calor intentó hacer un amago de baile erótico que terminó en una patosa caída en la que sólo pudo enseñar parte de su sujetador. Mientras, Silvia me rondaba; la noche era seductora, y no es un tópico; supongo que el hecho de que fuera la primera vez que bebía alcohol detonó sus instintos y, a pesar de la diferencia de edad, se acercó, me abrazó y me dijo que quería algo conmigo" 

"Algunas tardes, mientras Francisco dormía a pierna suelta, las dedicaba a organizar el material para la tesis. Me molestaba que me interrumpieran. Sonó el timbre, lo que no era muy frecuente. No me acordaba que le había insinuado a Chantal la posibilidad de que nos visitara alguna vez, y lo hizo. Preparamos café y hablamos un rato. El recuerdo de Silvia me mantuvo algunos meses alejado de veleidades amorosas, pero -como supe luego- en Chantal había despertado algo más que curiosidad y como buena Leo tomó la iniciativa. Lo que no se  me pasó por la cabeza es que un poco más tarde el timbre volviera a sonar; esta vez era Gilia, ¿qué rayos hacía allí?, ¡yo era su profesor!. Ni corta ni perezosa y sin anestesia, cuando abrí la puerta, me agarró el cuello y me soltó dos sonoros besos en  ambas mejillas. El desconcierto de todos, nos dejó mudos. Después de un tímido hola, le dije que pasara, que se uniera a la reunión y la invité a café. Cuando fui a la cocina a por una taza, yo me puse otta, pero con un buen bautismo de ron...mi ansiolítico de entonces."  (D.D.A.) 
   
  
  

miércoles, 20 de mayo de 2009

En el día de hoy...otra vez las convenciones


   Pocas veces nos damos cuenta de hasta qué punto nos condiciona nuestra educación. Supongo que no reparamos en que la mayor parte de nuestras actitudes de rechazo son consecuencia de un desajuste entre nuestros propios modelos y los que nos vamos encontrando a lo largo de la vida.

   Miramos atrás, nos damos cuenta de que hemos estado luchando por una relación estable todo el tiempo, asumimos nuestros fracasos y equivocaciones y, cuando intentamos empezar de nuevo, todo nos sigue resultando extraño, ajeno a nuestros propósitos, desmotivador. Creo que tenían algo de razón quienes, en su momento, postularon la teoría de que nuestro cerebro, cuando nacemos, es un libro en blanco. El aprendizaje le proporciona sus contenidos. Es una pena que no tengamos criterios para elegir esos contenidos; es triste que quienes conocen la maleabilidad de la conciencia infantil, la modelen para que las personas sirvan a sus intereses; y, lo peor, esos patrones, esos moldes, quedan fuertemente impresos y nos impiden -o nos lo permiten con mucho esfuerzo- tomar decisiones libres, necesarias, imperativas que se adecuen a la evolución de nuestra personalidad. Esos sellos son indelebles, nos marcan. Es verdad, nos hacen como somos, pero y ¿ cuando no queremos ser así?

   Imágenes, charlas, modelos, orientaciones y confesiones. Un hombre bueno es aquel que desde su infancia honra y respeta a sus padres y a un dios, cuida de sus hermanos, trabaja para el bien de la casa. Un día, ese hombre bueno conoce a una chica y se enamora de ella. Se formaliza la relación si resulta conveniente, adecuado; las nuevas familias se conocen. Viene el "sagrado vínculo del matrimonio", la construcción de un nuevo hogar, la concepción y el cuidado de los hijos. Con el paso del tiempo, ellos se harán mayores y seguirán la cadena. El hombre bueno, con su esposa, envejecerá plácidamente, asumirá con resignación los reveses de la vida, afrontará la muerte con esperanza, porque ha cumplido con su papel.

   Esto no es una película. Ojalá fuera un buen dibujante, podría plasmar los paisajes en tonos cálidos en que un hombre y una mujer, hermosa y recatada en su forma de vestir, con dos niños de la mano, miraban el atardecer dando gracias a su divinidad por tantos bienes concedidos; le pintaría la sonrisa plácida de la novia y la ternura del esposo en la ceremonia nupcial; el gozo del padre, aún con barba marrón, correteando tras sus hijos en un jardín perfecto lleno de pájaros y flores; les pintaría, al fin, a esa misma pareja, él ya con barba blanca, mirándose en una comprensiva complicidad, cuando sus hijos parten del hogar para buscar una nueva vida.
   
   Frente a esto, grabado a sangre y fuego en nuestras maleables conciencias, nuestra vida, con perdón de la expresión, es una "mierda". O mejor, la vida de más de dos tercios de la población de este mundo. A mí no me pasaron ninguna película donde la gente pasara hambre, donde la gente fuera discriminada por su sexo, por su raza, por su condición social o económica. No me documentaron sobre el sufrimiento humano, sobre la enfermedad, sobre la violencia de género, sobre la pederastia y la explotación de las personas. Me vendieron un mundo feliz; en aquella época, dios y su divina bondad eran el premio. Hoy, así y todo, tenemos por ahí un montón de sectas que han sustituido a ese Dios por el Dinero, pero la canción no cambia, sigue con la misma letra y con la misma música.

   Rápidamente alguien diría: "te has quedado en la adolescencia, careces de personalidad" La adolescencia fisiológica obviamente la he superado; sobre lo de la personalidad habría mucho que decir. Si no nos atrevemos, ¿no será porque carecemos de la individualidad suficiente para hacerlo?. Sí tengo claro que reconquistar la libertad propia es un trabajo complejo, y no puede limitarse a la acción individual, aunque pueda parecer un poco paradójico. He tenido que empezar a preguntarme porqué hago determinadas cosas, porqué actúo de determinadas maneras; he hecho un análisis, lo más riguroso y autocrítico posible. Sólo busco la razón de mi tristeza, de mi sufrimiento. Encontrarse con la verdad es duro, complejo, duele y no podemos inventarnos "la valentía" que, un día, nos arrebataron para ser de otra manera.

   A veces, pongo un ejemplo que me parece bastante clarificador y que conecta, bastante, con la realidad que nos afecta. ¿Por qué apago las luces de mi casa, por qué reciclo el vidrio?. Como buenos alumnos responderíamos que hay que ahorrar energía, que contribuimos, con esos pequeños gestos, a la salvación del Planeta. Creo que habrían suspendido todos. La respuesta correcta, mi respuesta correcta es que apago la luz porque la factura que debo pagar será menor, reciclo el vidrio porque me molesta y me resulta cómodo que haya contenedores donde ponerlo. Estos son actos de libertad, en conciencia o no, pero es lo que realmente me mueve a hacer ciertas cosas. Cuando no separábamos la basura, el papel o el vidrio se recuperaban de la misma manera. Sólo nace la conciencia ecológica cuando se crean las infraestructuras necesarias para hacer rentable este reciclaje. Traperos y chatarreros ha habido siempre. Reciclar basura era su medio de vida. Ahora, mediante la educación para concienciarnos sobre la importancia del Medio Ambiente, abaratamos los costes de producción de un vidrio reciclado y de un papel reciclado y salen al mercado con un nuevo valor. Nosotros hacemos una obra de caridad en favor de los especuladores comerciales, pero nos sentimos bien, porque estamos contribuyendo a la salud del Planeta.

   En el ámbito de la pareja, podemos dar el mismo enfoque. En algún momento de nuestras vidas aprendimos que las cosas deben ser de una manera y eso, de lo que casi nunca somos conscientes, nos condiciona para siempre. Un hombre mayor y una chica jóven forman una pareja ridícula. Pero también era ridícula la posibilidad de que un hombre libre se casara con una esclava, o que un blanco se casara con un negro, o que dos hombres o dos mujeres establecieran una relación sólida, estable y feliz. ¿Se imaginan el sufrimiento que puede haber pasado un homosexual casado por convenciones?. ¿Se imaginan el sufrimiento de payos y gitanos enamorados, condenados a la separación por sus tradiciones?. ¿Cuántos problemas individuales han generado las diferencias religiosas, económicas o políticas a la hora de luchar por una relación amorosa?. Pues bien, a mí me hicieron un hombre convencional. Me dijeron que la única forma de relacionarme era buscando a una mujer, casarme con ella, tener hijos y esperar, en el atardecer de nuestras vidas, a ver cómo se marchan para seguir su propio camino. No me dieron alternativas, o eso, o el celibato, ¡porque sí!. Es un canal demasiado estrecho para todo el caudal que representa una vida. Afortunadamente, hoy podemos hablar, podemos postular un modelo de educación menos restrictivo, en el que se potencien, por encima de todo, las capacidades del individuo, sus posibilidades de realización. Tenemos que erradicar la idea de bueno/malo, porque una ética verdadera sólo se puede construir desde la perspectiva de lo propio e individual. Partiendo del hecho de que el AMOR es un pilar fundamental de la existencia, jamás diré que exista un modelo de relación. Siempre diré que cada uno debe buscar el suyo; es un trabajo de autoconocimiento, de saber delimitar nuestros deseos, nuestras aspiraciones, de conocer lo que podemos afrontar y lo que no. De esta manera, si un día descubrimos que nos gusta una mujer musulmana, no añoraremos tener una boda católica; si un día descubrimos que nos gustan los hombres o las mujeres, no añoraremos la fotografía de la familia tradicional; si caemos en la cuenta de que queremos vivir una vida sin compromisos, mirándonos el ombligo, disfrutando de nuestro cuerpo, no tendremos necesidad de engañar a nuestras esposas, a nuestras parejas por esforzarnos en dar la imagen del hombre bueno del catecismo.
¿Hay dos que piensen así?

martes, 19 de mayo de 2009

En el día de hoy. Conversando con un amigo.


   Alguien podría decir que contar las cosas que se hablan con un amigo resulta poco apropiado. En este caso, sin embargo, voy a hacer una excepción y espero que me perdone. Lo conozco hace bastantes años, no somos íntimos, ni tenemos una relación fluida. A veces, pasan muchos meses sin vernos. Él es A.C., pero creo que no le importaría que usara su nombre verdadero. Quizás, en este tiempo, lo que nos ha unido en mayor medida, es la afinidad en los sucesos de nuestra vida o eso creo. Al principio, entrar en ciertos detalles, más allá de los tópicos, resultaba complicado. Pero ahora, hemos podido profundizar. Las tropiezos comunes duelen menos.

   "A.C. ¿No me habías dicho que Marga era historia?
   -Le dije que no viniera a casa. Que llamara cuando quisiera. Tenía la esperanza de que, si se limitaba a llamar, me reservaría el derecho a contestar. Estaba firmemente decidido a no hacerlo en un tiempo. Además, le dije que los pocos nexos que nos quedaban, nuestros pequeños compromisos comunes, los iba a cancelar.

   A.C. ¿Entonces?
   -Se plantó en casa. Sabes que mis puertas están abiertas. Creo que intuyó que podría no cogerle el teléfono. Fue una reconciliación suave, no pasó de la entrada. Hablamos un rato. La noté muy ansiosa, con la necesidad de complacerme, pero triste.

   A.C. ¿De qué hablaron?
  -¿De qué va a ser? Monólogo sobre el otro. Menos mal que ya me lo tomo con calma. Creo que no tiene a quién contar sus problemas y, realmente, pretende mantenerme a mí, como colchón al menos,  pero sin renunciar a su otra relación. Es bastante agotador. Ahora, toda la cuestión, es el famoso viaje a Madrid.

  A.C. Es verdad que me contaste que estaban planeando un viaje con una amiga. También me dijiste que no lo veías nada claro, que, al final, te ibas a gastar un montón de dinero y que ya no te hacía demasiada ilusión pasar unos días con ella a estas alturas.
  -Tal y como suponía, yo estaba excluido. La idea se había forjado con su amiga. No tiene fuerza de voluntad para cambiar nada, o, simplemente, no le interesa. ¿Cómo se iba a pasar un fin de semana de fiesta conmigo y el otro sin saberlo? Reconozco que, por un momento, pensé que se podría hacer y les puse las cosas bastante fáciles. Luego, vino la noche del desencuentro, lo de su carta testimonial y empecé a respirar aliviado. 

   A.C. ¿Qué te hizo pensar que se iría contigo?
  -Seguramente quería ponerla a prueba. Enseguida aparecieron los pretextos. Hace algún tiempo, sabía más o menos lo que estaba pasando, ahora me limito a evaluar las cosas que me cuenta y que pongo constantemente en duda. Tengo que insistirle mucho para que me confiese que su otra historia no está tan mal, que hay mucho más de lo que yo sé. Esto ya no sé dónde encasillarlo. Es como un burro y una zanahoria, conversando de espaldas. 
 
  A.C. ¿Podrías esquematizar la situación sin enfadarte?
-¡Muy bien!, vamos allá. Ella sale con otro. Se ven en entornos públicos, pero no dan a conocer su relación. Hacen el amor, no sé con qué frecuencia, ni dónde. Hablan por teléfono. A veces, de forma obsesiva, el individuo la llama sin parar, especialmente, cuando sale a dar una vuelta o se queda fuera de sus rutinas. Él nunca la acompaña, siempre tiene compromisos. Las conversaciones, según me cuenta, aparte de alguna que he presenciado, son breves, cortantes, son discusiones más que conversaciones. Algunas veces se ríe. Se queja de que no quiere eso para su vida, pero es incapaz de dejarlo, de no responder a sus llamadas, de dejar de someterse a su voluntad.

   A.C. Es como si estuviera casada. No rompe el vínculo con su marido, me da la impresión de que su idea del matrimonio entra en los parámetros más tradicionales. Sin embargo, parece que está harta, que quiere salir de ahí, por eso te usa a ti para quejarse, para contarte su malestar y, si te sirve de consuelo, hasta cierto punto, no llegas ni a la categoría de un amante. ¿Por qué quieres salir de un papel que no te han dado?
   - Creo que, desde que la conozco, me presenté como siempre. Como un novio, con planes, con ilusiones. Pero ahora que lo dices, cuando pasaron unos meses y me intenté implicar más en sus cosas, empezaron los problemas. Luego, apareció el otro. Simplemente, no he sabido cambiar mi papel. ¿Y qué hace un  quasi amante?

  A.C. Hay que tener un poco de sangre fría. La posición más cómoda y satisfactoria es no tratar de competir con el marido. Eso genera sufrimiento, te impide disfrutar de los ratos que estén juntos y te crea expectativas. ¿Estás enamorado de ella?
  -Estoy encabronado, frustrado, enfadado. Lo que siento hacia ella tiene que ver muy poco con el amor y, a estas alturas, ni siquiera con el deseo. Es una rabieta de impotencia. Y ya me estoy impacientando.

  A.C. ¿Qué te gustaría que pasara?
  -Que ella vaya a Madrid con una amiga me parece de lo más natural. No me importa que haya decidido hacerlo a su manera. Fui yo quien intentó cambiar sus planes. Necesita conocer gente, salir de su círculo, ver otras cosas y con otra perspectiva. Me alegro de verdad de que haya tomado la decisión. Pero el otro elemento tiene una fijación que no la deja vivir: para él, su amiga no es de fiar, le da mala espina, está convencido de que ese viaje no es un viaje cultural, que el primo al que va a ver, no es tal y, simple y llanamente, se opone a ese viaje porque lo dice él. Ella  se resiste y viene y me lo cuenta. Aunque sé que no es asunto mío,  ¿o sí?.

   A.C. ¿Qué te hace pensar que las sospechas del otro no son ciertas?
  -Seguramente porque confío más en ella que él. Además, si se va a Madrid a tener una aventura, es algo que a mí no me preocupa. Ojalá encuentre una relación que le dé más fuerza y vuelva a tener ilusiones. De lo que tengo ganas es de que, de una vez, acabe este juego.

   A.C. Si no te importa que tenga otros líos, realmente has renunciado a tener algo serio con ella. No eres una alternativa en su vida, Me preocupa que no te sientas libre para hacer lo que quieras con tu vida por culpa de esos lazos que, sólo tú, te has creado. Ella, como mujer, con sus necesidades, los acepta de boca para fuera, es cultural; la idea de tener una aventura no es algo que se pueda confesar tan alegremente. Por eso, si tu le ofreces matrimonio ella quizás te dirá que sí, pero, desengáñate, su historia no está contigo.
  -Le dije que porqué no le proponía ir con ella, que se inventara cualquier excusa, si tanto temía por su integridad moral. Me contestó que eso no podía ser, simplemente, porque su novia (ya lo tiene asumido), o querida o lo que sea no se lo iba a poner fácil. Luego le sugerí que si está convencida de que lo quiere, debe aceptarlo como es, y renunciar a ese viaje para que no se sienta mal. Aquí patinó.

   A.C. ¿En qué sentido?
  -Te he contado las implicaciones económicas que hemos tenido. Intento olvidarlo, porque nunca me había gastado tanto dinero en una relación. Cuando le he preguntado si el otro se ha comprometido a ese nivel, siempre me ha dicho que no, e, incluso, algunas veces lo ha justificado, porque su situación económica no es buena (algo que no he entendido nunca, cobra más que yo, y en este espacio de tiempo se ha dedicado a gastar dinero sin más, se ha comprado, primero, una moto de gran cilindrada y, luego, un coche de lujo). Pero, de repente, se le escapó que estaría dispuesto a pagarle el billete comprado, con tal de que no se fuera. Entonces la quiere más de lo que yo creía. Cuando le insistí en que, si de verdad iba a ser capaz de gastar su dinero con ella, me dijo que seguro. Mal, mal, mal, creo que me la ha estado pegando a gusto. Ya no sé qué pensar. Miente más que yo, ¡y ya es difícil!

   A.C. ¿Has tomado alguna decisión?
   - Por lo pronto, repetir el mantra "Marga es historia, Marga es historia"(actus limen est). Otra vez me ha llamado para cancelar la que se supone iba a ser nuestra cita de despedida. Y me he cabreado. Creo que le he dicho con claridad que ya está bien. Su amigo la amenazó con ir al Aeropuerto a comprobar si, efectivamente, se iba a ir sola. Me salió decirle que yo tenía intención de ir a despedirla. Me pidió de favor que no fuera.., claro que no voy a ir. No voy a perder más el tiempo. Reconozco que me dolió. Pero es verdad que, en estos últimos meses, no me he dado cuenta de que no ha habido ni un solo indicio de que ella quiera o pueda dejar la otra relación. Siendo así, le he recomendado que acepte lo que tiene, que deje de quejarse y se fije en las cosas buenas, que seguro que alguna habrá. Quizás no debí recordarle lo que ha sucedido en todo este tiempo, sus noches de soledad, sus fines de semana encerrada, su falta de relacionarse con gente de su generación, sus discusiones, pero es la realidad que ella me ha pintado, y es la que me ha apetecido poner sobre la mesa. Así y todo, le he pedido, clara y taxativamente, que si sucede algo, y sólo si sucede algo importante, y le apetece contármelo, que estaré abierto...

   A.C. ¿Qué esperas que suceda?¿Estás dejando la puerta abierta de verdad?
  -No, si su relación se compone o va hacia donde ella desea en el fondo, yo me alegraré de que sea así, no lo dudo y me encantará saberlo. Si ella se harta -y al ritmo que van las cosas, me temo que va para largo-, pues podremos hablar, si nos interesa retomar esta historia, la retomamos y si no, lo de siempre, quizás seamos amigos y ahora sí, sin más.. Sabes perfectamente que esta última posibilidad es remota, pero queda bien en una despedida.

   A.C. Entonces, ¿Con qué te quedas de sus sentimientos ?
  -Yo puse la primera piedra. Ella cedió. Me abrió su vida durante seis meses más o menos, y, luego, todo se ha ido a la porra poco a poco. No dudo que despierte emotividad en ella, no dudo  que nos hayamos deseado durante todo este tiempo, no dudo que en mí haya generado muchas cosas que me han marcado. Pero no sabe lo que quiere y se lo he puesto difícil. Sé que te parecerá presuntuoso de mi parte, pero he puesto el listón es muy alto y  me he tirado a la piscina sin ninguna reserva. Lo único que he provocado en ella, sin embargo, es confusión y, a cambio, me ha dado muy buenos ratos. Debí parar cuando ella me dijo que quería intentarlo con el otro. Nos habríamos ahorrado mucho tiempo y descalabros. Por mi parte, punto y final, se va unos días, no hablaremos, no llamará y si lo hace, no cogeré el teléfono. Esto lleva tiempo y ella necesita aclararse. A mí ya no me aporta nada. 

   A.C. Pues que tengas suerte. Parece que esta vez te veo más convencido y que quieres salir de esto. Me reservo mi opinión. Como te necesita, seguirá ahí. Pero intenta mantenerte fuera, no la comprometas más. La pelota está en tu tejado." (D.D.A.)