martes, 22 de octubre de 2013

En espiral

   Hoy es uno de esos días inusualmente calurosos. El calor me molesta y mucho, el sol me irrita. De pequeño apenas sudaba, ahora parezco un grifo abierto. Aquella película, Vértigo, me  acaba de sugerir una entrada; en ella todo parecía estar a punto de caer al vacío, la inseguridad, el miedo, no encontrar tierra firme bajo tus pies. ¿Alguien te puede empujar al vacío o vas caminando tú solo?. La segunda opción, quizás la más real, sin duda, no la admitimos; buscamos siempre a un causante de nuestros males. Los que hemos luchado por tener una posición, por cumplir sueños, por construirnos un porvenir tranquilo, observamos con demasiada frecuencia a otras caer desde torres altas, desde cumbres nevadas. Intentamos ponernos en su piel y nos preguntamos en qué momento esos castillos empiezan a desmoronarse. ¿Será ese nuestro momento?, ¿Qué pasará después?, ¿Seguiremos luchando o tiraremos la toalla?, ¿Es así como la vida nos avisa de que puede terminarse en cualquier momento?. Un día tuvimos un trabajo estable, una plaza fija; construimos una casa, con la intención de que quizás llegara a ser  un hogar; tuvimos un hijo y apostamos una y otra vez por meter en nuestra vida a una compañera. Aún así, no llega la felicidad...o no recuerdo que haya  llegado; ¿momentos felices?, por supuesto. ¿Y ahora?. Ya se ha superado el ecuador de la vida, con cálculos bastante optimistas. Los recursos están mermados, las responsabilidades son grandes, cada día aparecen nuevos obstáculos y, lo peor, ya no quedan sueños. 

  El otro día, viendo una de esas malas películas alemanas de relleno televisivo, me quedé con una frase: "La felicidad es un oasis al que nunca llega la caravana de la razón", puede ser. Me acabo de enterar que soy una persona fría y calculadora, despegada, nada afectiva, que no quiero sentirme bien. Acabo de enterarme que debo reaprender a vivir, hacerme cariñoso y fuertemente emocional. ¿Es tan importante?. ¿Y si también me equivoco? Más vale malo conocido. A lo mejor ya es tarde para aprender a vivir de otra manera. Eso deben saberlo todas las personas que se acerquen a mí. Están en su derecho de no quererme nada.