Son muchas las canciones que hablan del paso del tiempo, del inexorable paso del tiempo. Si, además, este tópico se ve aderezado por las consecuencias que él mismo tiene sobre el amor y las relaciones humanas en general, la lista ya sería interminable.
Que me perdonen los puristas de la lengua, pero hoy no es uno de esos días en que me sienta especialmente inspirado. Acabo de resucitar de mi último cumpleaños y no saben con cuánta alegría. Creo que ahora ya soy adulto, no hubo borracheras, no hubo, tampoco, interminables llamadas de teléfono, ni al fijo, ni al móvil. No hubo tarjetas virtuales, ni mensajitos insinuantes que, aprovechando la ocasión, deslizaran otras intenciones. Creo que ayer certifiqué mi muerte, al menos mi muerte social. Algún día quizás cuente a qué atribuyo este feliz incidente y, en efecto, "descansé en paz".
A partir de ahora ya no habrá en el calendario otra fecha que me perturbe, bien sea porque esperas que alguien recuerde que estás en este mundo, bien sea porque no puedas afrontar económicamente la celebración. Además, ya no va a haber ninguna imposición mental que te obligue a predisponerte a "celebrar" el día X, aunque tengas un dolor de cabeza insoportable, una contractura en la espalda, o veinte mil preocupaciones que hacen que lo que menos te apetezca sea tomarte unas cuantas copas de vino o que te canten el "feliz, feliz en tu día".
Todo llega, así debe ser, para bien. Insisto, ¡qué descanso!. Los síntomas, en especial para aquellos que necesitan una preparación para los grandes cambios de la vida pueden ser los siguientes:
a) Un día te embroncas con la compañía telefónica y, después de un montón de burofax, decides no pagar, te compras un móvil de tarjeta, con un nuevo número, no lo actualizas, no lo reenvías y sólo entran llamadas del trabajo.
b) Un día dejas de mariposear las noches del sábado por las páginas de contactos, los chats, los foros sociales y te limitas a seleccionar alguna cadena de televisión delante de la que te quedarás plácidamente dormido.
c)Un día te cambias - o te cambian- de trabajo; aquellos compañeros que esperaban ansiosos el día de autos para darte el sablazo ya no están cerca de ti, se olvidan y, como tu tampoco tienes ya sus teléfonos, los grandes tenderetes son historia.
d)Un día, ese día, ya no es ni viernes, ni sábado, ni cae en festivo, es un lunes cualquiera lleno de las rutinas de cualquier lunes y con casi todos los restaurantes o bares que te interesan, cerrados por descanso del personal.
e) Un día ,al fin, aquellas pasiones más desesperadas, aquellos enfrentamientos por estar aquí o allá, con esta o la otra, dejan de tener sentido, no por tu parte -quizás algún poso de nostalgia los acompañe todavía-, sino por parte de aquellas que en sus desengaños, propios y ajenos, gracias a su mala memoria se han librado de un muerto....eso sí, un muerto social.
NIHIL OBSTAT
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