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De muy antigua data es la tesis de que entre los dos sexos existen diferencias innatas que por fuerza traen aparejadas diferencias básicas de carácter y destino. La maldición del Antiguo Testamento hace propio de la mujer el que "a tu marido estará sujeta tu voluntad y él será tu señor", y del hombre, que deberá trabajar con sudor y pesar. Pero el relato bíblico también contiene virtualmente la tesis opuesta: el hombre fue creado a semejanza de Dios, y sólo como castigo por su desobediencia original del hombre y la mujer -tratados como iguales en cuanto a su responsabilidad moral- recibieron la maldición de los conflictos mutuos y la eterna diferencia. Ambas opiniones, la de su diferencia básica y la de su identidad básica, fueron repetidas a través de los siglos; una época o una escuela filosófica ponía el énfasis en una tesis, mientras otra defendía la posición contraria (FROMM E., La condición humana actual, "Sexo y carácter")
De vez en cuando es bueno acudir a los tópicos. A fin de cuentas, lo son porque le sirven a todo el mundo. Nuestras congojas se hacen más llevaderas precisamente cuando nos identificamos con los otros, más insoportables si las sentimos como exclusivas. Es obvio que razón y pasión parecen justificar la encrucijada del amor. No es tan obvio que alguno de estos bienes se reparta en proporciones concretas entre hombres y mujeres. El corazón puede latir tan fuerte en el pecho de un hombre como en el de una mujer. Las decisiones más frías pueden albergarse, con la misma comodidad, en la mente compleja de una mujer, como en la simplicidad instintiva del hombre.
Marga y yo hemos mantenido una larga conversación. La novedad es que cada día me siento más tranquilo. Ya no intento explicar la realidad con relación a ningún modelo, me limito a observarla y a extraer de ella lo bueno y lo malo, lo que me sirve y lo que no. Después de casi veinte años, aferrarme a valores concretos me resulta estúpido e inútil. Puede parecer una claudicación, lo es. Es la claudicación del que se adapta, se amolda para no condenarse al aislamiento y la soledad. Pero en la nueva situación siguen existiendo valores irrenunciables, lo que sucede es que carecen de la universalidad de los de siempre, de su absolutismo y tiranía. Su gran virtud es la naturaleza individual de los mismos. Mientras seamos más de uno, no estaremos aislados, pero aún como la mínima expresión de la comunidad, también nos regimos por leyes.
Esto es lo que hay. Una mujer asustada, llena de miedo, ¿enamorada?. La idea que me tortura pertenece a otro mundo, a otra época. ¿Será verdad que cuando entregamos el corazón es de una vez para siempre?. Eso es sólo un bolero. Olvidamos, superamos los fracasos y vamos dibujando nuestra propia geografía sentimental. A unos el pasado les condicionará más que a otros, pero es su pasado y lo llevaremos siempre con nosotros hasta el último aliento. Lo cierto es que, en nuestro constante proceso de cambio, construir agota, aceptar agota pero, hay un final, hay un resultado. Si no somos benévolos con nuestros logros, sólo conseguiremos frustrarnos.
Pensemos que "lo normal", "lo éticamente correcto" es que un solo hombre no pueda completar todas las expectativas de una mujer y viceversa. Si una relación debe ser la búsqueda de nuestra complementariedad, esto es fácilmente comprensible; nuestro nivel de complejidad personal así lo exige y no nos conformamos. Es un acto de deseo que debemos satisfacer para ser felices y sentirnos bien.
Marga ha tenido mucha suerte, sólo falta que lo entienda y lo acepte. Hay un hombre que despierta en ella emociones desestabilizadoras, irracionales. Es ese ser primario que la derrite con la mirada o con una leve sonrisa. Es la belleza y la arrogancia que despierta toda su dimensión masoquista, es el complemento a su elementalidad animal. No puede renunciar a todo esto porque es vital, porque está en su cuadro de necesidades. Si intentamos abordarlo desde la razón entraremos en un diálogo imposible; lo único que podremos hacer es recriminar y juzgar basándonos en nuestra diferencia de criterio, pero esas emociones íntimas y personales no nos pertenecen.
Marga es afortunada, sólo falta que lo entienda y lo acepte. Hay otro hombre en su vida, le aporta tranquilidad, comprensión, tolerancia, seguridad. Le presta toda su atención, le da todo su amor y, además, lo desea, pero no satisface esas ansias más íntimas, más esenciales. Ese hombre representa todo lo que la razón y el sentido común pueden ofrecer. A esa parte tampoco puede renunciar, porque también compromete su bienestar.
Goza de todo lo que necesita, su sufrimiento carece de sentido. Si luchara por conseguir el equilibrio y el control de la situación, en lugar de luchar por decantarse en un sentido u otro, se terminarían sus problemas. Sin embargo esto, como no es "normal" no puede conciliarse. La dificultad reside en que esas dos personas hablan lenguajes diferentes. Ella tiene que dialogar con cada uno en su propio código. Está claro que jamás habrá entendimiento. Es un calvario para todos, pero no puede ser de otra manera.
Quiere estar con los dos, yo lo sé, el otro no. Sería bueno que se liberara entendiendo que yo no quiero lo que le prometo, que me basta con lo que me da, que no soy una alternativa, que eso no me pertenece. Me siento bien en mi papel, ofreciéndole todo lo que el otro no le da. Tengo justamente lo que necesito de ella; ella tiene de mí todas las cosas de las que el otro carece.
Marga es afortunada, pero no lo sabe. Yo soy afortunado, lo sé. Ignoro en qué lugar está la otra persona. Soy todo lo que él no le da, ella me da todo lo que necesito.
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