El patán, ante las sacudidas de la vida, despliega su arsenal y selecciona entre sus opciones la medicina más eficaz. Tiene la ventaja de conocer sus beneficios, su forma de actuar. Se dirige a sus amigas como el que busca el analgésico en el cajón de su mesilla. También es el momento de tirar las que ya no sirven, o de las que cree que puede prescindir. De esta manera, obtiene nuevamente el equilibrio.
Las cosas con Mar y Leni se complicaron. No pensé en la posibilidad de conocerlas físicamente, pero sucedió. Leni es una gran escuchadora, una mujer paciente, con mucha energía, curtida en la vida, pero hemos recorrido un largo camino y es difícil sincronizar nuestros pasos. Mar representa la inocencia y la necesidad, la siento como un niño perdido que intenta aferrarse a la primera baliza que encuentre. No sabe flotar, no sabe nadar, su efecto resulta más desestabilizador que sedante. Miriam es el gran colocón. Está bien para alguna ocasión, pero nada más. He confirmado lo diferentes que somos, la incompatibilidad total de nuestros caracteres, pero es una mujer tierna, sencilla, hacendosa y complaciente...¡lástima! No me imagino un día a día junto a ella. Explicar estos sentimientos a cada una y esperar que lo entiendan y lo acepten, es lo más complicado, pero no puede ser de otra manera. ¿Soy capaz de asumir las consecuencias?
También Marga se ha quedado fuera. Ha agotado definitivamente mi paciencia. Puedo actuar en circunstancias normales, pero en circunstancias límite, es superior a mí. Aunque tuvimos una despedida de las habituales, quizás un poco más firme por mi parte, el reencuentro se hizo inevitable. Su orgullo le impide aceptar un rechazo. Asumió el papel de víctima, adoptó la posición dominante y, al final, fue ella la que se negó a entrar. Se escapó de la gaveta. Es un medicamento fuerte, de gran efectividad, pero con demasiados efectos secundarios...mejor así.
Rosita Garmendia ha estado a mi lado en todo momento. Un sedante suave y progresivo, realmente efectivo. No he olvidado las complicaciones que tiene su uso prolongado. Daños colaterales múltiples, incompatiblilidad crónica; en estos momentos, en cambio, es lo que mejor me sienta.
."..la sangre casi llega al río. Demasiados escrúpulos, demasiados principios bailando en mi cabeza. De haber sido un veinteañero aquella situación no dejaba lugar a dudas: ¿Gilia había ido para acostarse conmigo? Un poco presuntuoso por mi parte, pero se me pasó por la cabeza. No pudo ser. A pesar de que el vino que le ofrecí no le gustó -era más de cerveza- y del que yo sí me tomé unos buenos tragos, ni siquiera se acercó. Me levantaba y me sentaba constantemente buscando cualquier pretexto tonto, quería enseñarle mi trabajo, el libro que estaba leyendo, mi última adquisición culinaria. A medida que pasaba el tiempo, me fui impacientando. Le dije que era tarde, que iba a tener problemas en su casa; ella respondía que, como estaba con sus amigas, tenía una buena coartada. Logramos reconducir la conversación, salió a relucir su pareja de entonces y ya empecé a sentirme cómodo otra vez. A Gilia le gustaban los hombres altos, muy altos. Me quedaba fuera de su perfil. Me enteré entonces de que su vida amorosa había sido más ajetreada de lo que imaginaba -siempre he infravalorado la experiencia de los otros, aún siendo muy jóvenes-. Al final, resultó que tenía un pretendiente serio, alguien que le atraía más que su novio y acerca del cuál me pedía consejo. Hablamos un buen rato de cómo lo había conocido en un campamento de verano, de sus inquietudes universitarias, de su "madurez", de las posibiidades de encontrarse al año siguiente. El malentendido se deshizo solo, emprecé a valorarla como una amiga y el desafortunado suceso de su beso imprevisto no me volvió a preocupar...al menos por un tiempo" (D.D.A.)
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