A partir de hoy, podríamos titular estos textos "Tribulaciones de un funcionario desplazado". El que suscribe no está de humor para seguir siendo un patán y, seguramente, en las próximas entradas, si las hay, podré desvelar algunas cosas sobre este cambio. Lo primero, quiero agradecer a Miriam que me haya puesto en la tarea otra vez de depurar mi conciencia a través de estas líneas. ¿Lo ven? Es inevitable. Mi energía no viene de mí, viene de aquellas personas -mujeres claro-, que en algún momento de mi vida se han cruzado en la geografía de mi conciencia o de mi inconciencia.
Hace algunos años, una ñiña desgarbada, demasiado grande para su edad y con una imagen personal más que llamativa, fue la responsable de que una de mis clases no pudiera por menos que convertirse en un ejercicio de convivencia pacífica, más que en un acto de "docencia/decencia". Hoy los pedagogos dirían que se trataba de una niña hiperactiva con trastornos psicoafectivos múltiples y algo disruptiva, ¡no jodas! Para mí siempre fue una chica que no encajaba en su cuerpo, demandando cariño por todas partes y con un corazón tan grande como ella. No hace mucho, con unas copas de más, me la encontré en un bar de fin de semana. No había perdido ni un ápice de su espontaneidad, de su gran capacidad para expresar emociones de la forma más escandalosa pensable. Es ya una mujer; su imagen desordenada se ha convertido en un signo de identidad, de una personalidad única como no puede ser menos en una acuariana. Su desaliño de antes, ahora es pulcritud en los detalles, porque creo que ha terminado de encontrarse a sí misma. No le pregunté por su orientación sexual -porque en los tiempos que corren eso es preceptivo-, pero supongo que tampoco es demasiado importante. Nos despedimos con abrazos y besos algo hebrios por mi parte, nos dimos los teléfonos y dejamos, otra vez, una puerta abierta para el reencuentro. Miriam es una mujer morena, de rasgos marcados, rezuma carácter, energía; labios oscuros, pechos rotundos, mirada infantil, inocente. Cumple mi patrón. Afortunadamente para ella y para mí, sólo pasamos cerca, sólo nos dio el aire cuando nos cruzamos...eso ha preservado la amistad. Fue testigo silencioso y cómplice de mis "tribulaciones" con Marga. Hoy, ha aparecido de nuevo, lejos, luchando por su vida, ahora, que otra vez voy a tener que empezar a luchar por la mía. Las cosas pasan por algo, aunque, a veces, ni siquiera lleguemos a saber la razón. En la vida nunca se terminan de apagar las balizas que nos ayudan a seguir caminando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario