En este borrador no se ha escrito ni una sola línea. No es de extrañar; cada vez se distancian más las entradas en este blog. Mi fiel seguidora Silvia ya no encuentra nada interesante en él; las otras dos seguidoras habituales tampoco dan señales de vida.
Tantos años jugando con una palabra, la ginefilia, intentando dar una definición a algo que afecta a muchas personas, hombres, para encontrarte de frente con los nuevos enfoques que la psicología y la neurociencia moderna parecen tener bien acotado. Mi amigo A.C. habla de "erotomanía" una especie de inclinación incontrolable a buscar estímulos eróticos, en el más amplio sentido de la palabra. Creo que es la tentativa final por mantener un poco de espiritualidad a la hora de definir las relaciones humanas. Lo que viene después, cuando menos, resulta bastante decepcionante, aunque los efectos demoledores que Eros ha causado y causa en las personas desde el principio de los tiempos ahora se llamen reacciones químicas producidas por bombardeos de endorfinas, muchas y de muchas clasees, procesos asociativos que tienen su origen en las neuronas espejo, imperativos biológicos hacia el gregarismo etc.
En efecto, parece que ya no nos enamoramos. Nos contaban de pequeños que La Biblia usa un lenguaje simbólico porque si no su mensaje no iba a llegar a la gente sencilla. Al calor de la neuroquímica y la psicología conductista, me imagino explicándole a una adolescente niño o niña, cuando se sienta perturbada por la presencia de su objeto amado, que lo que le está pasando es que su cerebro ha dado orden a sus glándulas para segregar unas sustancias altamente adictivas, de efecto euforizante, sedante, analgésico, energizante en un desorden totalmente impredecible y con una intensidad variable, en función de la existencia de estímulos o no estímulos, porque ha reconocido en el chico o la chica de turno un modelo a imitar, estimulado por la necesidad de cubrir una carencia biológica que llevamos en nuestra carga genética y que tiene una eficacia probada por haberla actualizado alguno de nuestros antepasados. Irónico ¿verdad?. El amor romántico, como así se atreven a definirlo todavía otros autores, con la vista puesta en esas mismas teorías, no se diferencia en nada de un ataque de hambre, o un apretón de estómago después de una ingesta desproporcionada de un manjar exquisito.
Si esto así, ya no habrá más crisis sentimentales, no habrá más peleas conyugales, no habrá más violencia de género en nombre del amor porque todo lo causa el exceso de feniletilamina. Busquemos la forma de controlar ese exceso químico y habrán terminado los problemas.
Hace tiempo leí una crítica contra los libros de autoayuda en la idea de que con ellos se podía hacer crecer el nivel de conciencia y de autoestima de los lectores, aunque al final, y sin presuponer malas intenciones, lo único que crece con estas obras es la cuenta corriente de quienes los escriben y venden. Estoy convencido de que algo ayudan, consuelan, como La Biblia, pero como científico, como investigador no puedo evitar cierto alarmismo cuando leo afirmaciones rotundas sobre cuestiones muy complejas que no persiguen otro fin que el de dar al hambriento un trocito de pan para que se consuele.
Sin que esto sea un intento de desautorización, el señor don Iñaki Piñuel y la señorita Silvia Congost, han desarrollado interesantes teorías sobre el perfil del "psicópata integrado", sobre los distintos aspectos del "narcisismo". Cada uno desde su propia experiencia y formación. Caer en la generalización y en la universalización siempre es una vía arriesgada, meter en el mismo saco toda una casuística diversa para acabar con lo que efectivamente parece una lacra creciente que condiciona las relaciones humanas, en particular las de pareja, nos acerca peligrosamente al mesianismo. La otra parte es cuando entramos en territorios desconocidos, o no lo suficientemente conocidos, pues leer uno o dos libros de prestigiosos investigadores no es aval suficiente, y somos capaces de fundar teorías sobre el mimetismo como motor de las relaciones humanas, suprimir el factor original y la creatividad individual, y manejar términos tan delicados como es el caso de los neurotransmisores para hablar del bálsamo de Fierabrás frente a los arrebatos del amor.

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