viernes, 20 de marzo de 2009

Un saludo cordial


¡Hola!. 
   Una experiencia reciente me ha dicho:¡¡Basta ya!! Cuando salta a la prensa un crimen de género, un pleito por maltratos, todos ponemos el grito en el cielo. El sufrimiento que provocan estas situaciones cuenta, al menos, con una regulación que, si bien, no siempre funciona, ya es algo. Aunque quienes se ven envueltos en un trance de este tipo, difícilmente van a recuperar su estabilidad emocional, tienen la complicidad, no sabemos si sincera, y el apoyo de la sociedad. Los otros dramas, los que no saltan a las noticias, los que son demasiado sutiles, los que afectan a la intimidad de la pareja concreta, infeliz y paralizada, siguen generando focos de tristeza y de conflictividad para todos.
 Creo que hay  falta de comunicación,  falta de conciencia que nos lleva a repetir patrones en el tiempo y en el espacio, que no encajan con nuestra naturaleza, y que nos devuelven, en las relaciones humanas, a las actitudes más primitivas y egoístas. Si las mujeres "normales" tienen una percepción de los "hombres" como "cabrones, capullos, mentirosos y un largo etcétera", es que esos hombres no han tenido, nunca, el valor de explicar sus verdaderas intenciones, sus auténticos propósitos (seguramente porque ni ellos mismos los conocen), y dar, así, la oportunidad al otro de elegir libremente si quiere o no quiere compartir un espacio de su vida con personas auténticas, buenas o malas, pero auténticas. 


P.D. Soy un hombre corriente, trabajo en la enseñana, me encanta leer, tomo notas, observo, apunto las citas interesantes.  Espero que mis testimonios puedan servir de algo, y contribuyan a romper la capa de miedo y de infelicidad que nos convierte en almas en pena; entiendo la necesidad de vivir con responsabilidad, pero ante todo la necesidad de vivir, y no me parece justo que no nos demos cuenta y que se nos escape sin sentido.  Por supuesto, son puntos de vista subjetivos, cuestionables, pero son los míos y seguramente por empatía, serán los de muchos también. Viendo la vida desde fuera, con perspectiva,  quizás seamos capaces de dulcificar los malos ratos, de entender lo que realmente nos pasó y no lo que hubiéramos querido que nos pasara. Trato de trabajar el sentimiento de culpa,  la mala conciencia, el pasar por la vida sin darnos cuenta que lo estamos haciendo. En ese acto de autoaceptación creo que es donde cobra sentido nuestra existencia: si no nos aceptamos a nosotros mismos...los de enfrente no lo van a hacer tampoco y, además, ni les interesa, ni les importa, eso sí, siempre y cuando  no les toques las narices. Si les apetece acompañarme, quizás encuentren alguna razón para reírse y, si no, pues sean también bienvenidos.  

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