"Entre los recuerdos anteriores a los diez años, aparecen experiencias que pueden resultar significativas en la fijación posterior de ciertos patrones de conducta. En la medida que estas experiencias se vinculan a un grado mayor de conciencia sobre los límites del propio cuerpo y sobre el alcance de la interacción social, propician un grado de conflicto interior que, simplemente, puede no haberse resuelto en la edad adulta".(T.G.P.)
"Todos los chicos de mi edad estaban obligados, por ley. a asistir a los campamentos para la formación de la juventud (O.J.E.). Permanentemente, nos convocaban a reuniones interminables, que minaban nuestras energías infantiles. No entendíamos nada de consignas, ni de ideales nacionales, pero el hecho de ponernos un uniforme de flecha y cantar himnos servía para sentirnos un poco más hombres".
"Los campamentos de verano solían durar quince días. Me lo pasaba realmente mal y me sancionaban constantemente. Olvidaba las consignas y me saltaba los horarios. Sin embargo, cumpliendo el castigo de permanecer firme en el mástil de la bandera, sentía un placer extraño, el que me producía saber que estaba sufriendo de una forma excepcional. Echaba de menos a mis padres y aprovechaba la más mínima ocasión para ir a la enfermería. En aquella ocasión iban a realizar una revisión médica. Nos mandaron a todos a la ducha, fría y al aire libre, y luego nos pusieron en fila, sólo con el traje baño, ante la puerta del ambulatorio de campaña. Fuimos pasando de uno en uno sin saber qué es lo que nos iban a hacer. Los compañeros que salían parecían avergonzados por alguna razón que desconocíamos. Cuando me tocó el turno, me esperaba un médico de aspecto poco profesional sentado en una silla baja. En su lado derecho había una mesilla con una palangana esmaltada en forma de judía, con tijeras y otros utensilios; había también gasas y desinfectante. Me mandó a cuadrar y a saludar militarmente; acto seguido, me ordenó que me bajara el bañador. Mi pequeño pene, encogido aún más por el efecto del agua fría y del bañador húmedo, dio un respingo cuando aquellos dedos sin guantes lo presionaron para comprobar si había fimosis. Como su manipulación no resultaba fácil, me aplicó una pomada y me mandó a salir, tras el preceptivo saludo militar. Los chicos no nos desnudábamos unos delante de los otros; aquel individuo de bata blanca le comentó a algunos auxiliares mayores que había dentro ´si a éste le cortamos algo, lo dejamos hembra´. Cuando salí de allí, comprendí porqué a mis compañeros se les veía ruborizados"
1 comentario:
Habría que buscar a los responsables de aquellas prácticas y pedir explicaciones e, incluso, ver hasta qué punto aquellos comportamientos podrían ser constitutivos de delito. La humillación es una acto de desprecio al otro, ataca su autoestima, pero en el caso de la humillación a unos niños, es simplemente una de las peores bajezas que se pueden cometer. Afortunadamente es algo que hoy, al menos en un entorno civilizado, la ley lo persigue, lo juzga y lo castiga. Nada diferencia a quienes justificaban estas prácticas con el peor de los violadores o acosadores; al final, la sensibilidad no entiende de conceptos, se hiere y se despiertan mecanismos de autodefensa, se limita la sociabilidad, la posibilidad de una expresión libre y directa; las consecuencias son que a la hora de adaptarnos al entorno tengamos que crear fantasías que nos hagan olvidar la auténtica realidad. Pasamos de una conducta en la que "vivimos", a una conducta en la que "sobrevivimos".
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