domingo, 26 de abril de 2009

En el día de hoy... un momento, hace diez años


  Cuando te acostumbras a vivir de una manera, lo único que puedes esperar es que una tormenta te arrastre, que pase algo que te aparte de la rutina y así, con buena suerte, empezar de nuevo. Pero sé que eso ya sucede cada vez menos. La carga va contigo a todas partes, aunque te vayas lejos. Nunca he probado las drogas, nunca he fumado, me tomo algunas copas, pero si depender de algo es lo que me sucede, no sé si algún día voy a poder superarlo.
   Anoche, de madrugada recibí una llamada al móvil. Etzel se supone que había encontrado el amor de su vida, fue ella quien me habló de su nueva situación, no noté entusiasmo, pero tampoco desinterés. Anoche, de madrugada, Etzel volvió a llamar. No una vez, tres veces. Estaba de juerga, había tomado unas copas. De una simple conversación amistosa, en la tercera llamada, ya con bastante ron encima, terminamos hablando de amor, de la importancia que nos dábamos el uno al otro, despertó mi ego alabando mi inteligencia. Volvieron las expectativas de encontrarnos y conocernos. Reconozco que no me disgustó, al fin y al cabo, el otro no pudo ocupar mi lugar. Pero no puedo con sus armas, me lía, me embauca. Cuando me planto, sabe que cambiaré de opinión, no le importa que no coja el teléfono o que le dé disculpas o le hable de mis auténticos sentimientos, insiste. Me doy cuenta de la inutilidad de la evidencia, creo que nada puede impedir que ella juegue así conmigo. Es machacona y, ahora, resulta que piensa que me hace bien y que la necesito. Si le digo lo contrario, apela a su condición de mujer, a mi carácter grosero y no complaciente. Reconoce que me llama a esas horas para comprobar que duermo solo. Es la expresión más agresiva y triste del "no amor".  

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