ADOLESCENCIA: "Período de la vida entre la pubertad y la edad adulta". El término procede del latín adulescens y adulescentum; la raíz común a ambos, es el verbo adolesco que significa ´crecer, desarrollarse, embellecerse`.
PUBERTAD: "Período de la vida caracterizado por el inicio de la actividad de las glándulas reproductoras y la manifestación de los caracteres sexuales secundarios (en el hombre, aumento y crecimiento del pelo cambio de voz; en la mujer, aparición de pelo en determinadas zonas de su cuerpo, crecimiento de los senos y menstruación".
Los niños y las niñas, a partir de cierta edad (variable) empiezan a crecer, a ponerse bellos; a ellos empieza a salirles barba, y a ellas se les ensanchan las caderas y sus senos van desarrollándose. A ambos les aparece el vello púbico. Sin embargo, también es el primer tropiezo con el acné, con los "gallos" que trae el cambio de voz y la menstruación.
Si en 1976, un chico de catorce años apenas conocía su propia anatomía y sus funciones, mucho menos conocía la anatomía de una mujer. Si la menstruación ha sido un tabú cultural generalizado, no lo iba a ser menos en estas circunstancias. Eso de la "regla" sonaba tan raro, las chicas no querían hablar del tema con los chicos, era algo demasiado íntimo y personal; los chicos imaginaban que era algo terrible y sucio. En la medida que las características sexuales se definen, se delimitan, al mismo tiempo, la identidad chico-chica, y se crea una barrera psicológica que mantiene separados dos mundos, aparentemente distintos. pero que deben relacionarse por imperativo natural. No reparamos en la terrible paradoja que este hecho implica, y en la cantidad de complejos, falsas verdades, fantasías y sufrimientos que su difícil solución causa en la edad adolescente. Una vez más, ante la falta de información, ¡sálvese quien pueda!.
"En octavo de EGB, el profesor de ciencias naturales nos grapó el libro en el tema relativo a la reproducción humana. Me había suscrito, con la ayuda de mi padre, a una colección, GT, Los grandes temas de la editorial Salvat. El número cuatro se titulaba El nacimiento de un niño. El librero me lo entregó con cierta suspicacia, pero como era parte de la colección, no puso ningún reparo. Curiosamente, cuando mis hermanas lo vieron, se encargaron de hacerlo desaparecer de la forma más discreta. En estas condiciones llegué al Instituto. Las chicas eran para mí fuente de conflictos, misterios, me rechazaban y me demonizaban. Lo mejor era no hacerles caso, lo mejor era centrarme en mis estudios. La posibilidad de que tuviera una novia la descarté en mi subconsciente. De suceder algo especial con alguien, debía guardarlo como un secreto inconfesable, casi como el peor de los pecados"
"Nuestras aulas de octavo estaban muy cerca de un colegio de niñas, el mismo en el que hice mi parvulario. En los recreos aprovechábamos para pavonearnos a través de las rejas del patio; recordaban más a un campo de concentración que a una institución educativa (como ahora). Y allí estaba ella, Carmen Rosa, el primer amor de mi vida. Era morena, de larga melena negra, labios gruesos y oscuros, Era menuda y hablaba como si cantara. Lo demás, poco me importaba. Acudía alguna vez a la reja, le hice saber mi interés preguntando por ella a sus amigas. Una de aquellas chicas sería mi Celestina por muchos años. Un día, cuando no nos conocíamos todavía, paseábamos arriba y abajo con nuestros uniformes rojos y azul marinos, distintivos del último grado de la EGB. Las chicas miraban y se reían. En esto, uno de nuestros maestros apareció y se paró. Delante de todas aquellas ninfas se quedó mirándome y, después de revisarme de arriba abajo, -¿con esos zapatos sucios y desabrochados y esas uñas negras pretendes conquistar a una mujer?- me amonestó casi gritando. Mi cara se puso tan roja como el polo que llevaba puesto. Los pocos méritos que había hecho para llamar la atención de aquella chica se derrumbaron en aquel gesto humillante cuyo alcance, aún hoy, no he llegado a comprender del todo".
1 comentario:
En la competición por conseguir el amor de una mujer entran todos los componentes propios de una lucha. Humillar al contricante puede ser una estrategia. Esa reprobación fue un error y una falta de consideración; no se miden las consecuencias y es un indicio de ciertos prejuicios educativos. Entre compañeros podría haber sido perfectamente comprensible, de un profesor a un alumno resulta totalmente incomprensible porque no aporta ningún rédito pedagógico. Todavía no se tiene una conciencia clara de en qué medida en edad tremprana se puede minar la autoestima de una persona.
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