viernes, 26 de junio de 2009

En el día de hoy...entonces Gilia


   Saramago hizo la gran metáfora sobre la ceguera humana. El espacio virtual es una gran venda que se nos pone en los ojos. El otro, el que lo usa, sabe hasta dónde puede o quiere que el telón se levante. Frente a la vida real, no hay contrapartidas. Como la reacción del espectador no nos condiciona, no esperamos su aplauso o abucheo, podemos ser cruelmente transparentes. El gran teatro del mundo, el que evocaba Calderón, ahora cobra sentido y está poblado de criaturas reales, obsesivas, neuróticas, inadaptadas, enfermas...demasiado lejos de lo que algún día soñamos (D.D.A., Conclusiones)
   
  Marga está lejos. Nos limitamos a intercambiar mensajes de móvil. La animo a que lo pase bien, a que disfrute. Anoche envié a su correo un poema de Pablo Neruda. No sé si lo llegará a ver; no tiene especial interés en este tipo de cosas. Con el paso de los días noto que su entusiasmo -el que creo que no existe- va debilitándose. Quizás las cosas las esté viendo con otra perspectiva. A mí me invade una sospechosa sensación de libertad, creo que podría acostumbrarme a la idea de que estuviera lejos. Quizás, por obvia, no había intuido la solución: la distancia. Sin embargo, no es probable que, al menos físicamente, nos alejemos un tiempo razonable.

  Mar acapara toda mi atención. Nunca pensé que tuviera tal grado de paciencia. Estoy acostumbrado a que las personas cambien sus planes por razones muy simples. Sin embargo, no es frecuente que alguien cambie de opinión "porque no quiere" y que te lo exprese de esa manera. Anoche decidí que no voy a coger más el teléfono. No estoy enfadado, simplemente, no puedo dedicar el tiempo que ella necesita a sus desahogos personales. Hace tiempo conocí a alguien; tenía la intención de establecer un diálogo, pero por mucho que me esforzaba, sus correos y los míos nunca se encontraron; lo di por imposible aunque soy consciente de que también hizo su esfuerzo. El caso de Mar no sé todavía cómo catalogarlo, ella no parece tener prisa.
  
  Monta un viaje para descansar. Quiere traer a su hijo. El día antes me envía un correo diciendo que prefiere que no la vaya a buscar al aeropuerto; busca algunas justificaciones relativas a su seguridad. Ese mismo día, por la tarde, vuelve a llamar, está en la cama, con mareos, con desarreglos de todo tipo ( me hace la lista de todos sus males: hipotiroidismo, tensión muscular con contracturas, desvanecimientos, encefalopatías, alteraciones hormonales...). Seguramente yo me habría inventado una simple gripe, pero ella no miente...más de lo normal y ésta es su auténtica fotografía. Consigue que justifique la cancelación de su viaje, de nuestro encuentro. Mi primera reacción fue la de salir corriendo, la decir punto y final con una gran sensación de alivio. Estoy seguro de que lo comprendería. Pero esta factura también tengo que pagarla.

   Todos estos días de temores, de miedos a la recaída, de darle vueltas a la conveniencia o no de ese encuentro que organizó ella, se derrumban. No se va a producir, ha sido su decisión. Las cartas se ponen boca arriba. Todo resultaba demasiado fácil, demasiado evidente. Me ha dado por donde más me duele. Ha captado mi desinterés - su desinterés-  Lamentablemente no es alguien especial, pero ha estado a punto de desviar mi atención dejándome poner en un lugar por encima de ella. Sin embargo, tiene las cosas muy claras y estoy muy lejos de lo que busca, si es que realmente quiere encontrar algo. Cuando en la vida se tiene de casi todo, el amor se puede convertir también en un objeto de consumo. Pero nadie que se enamora de un televisor de última generación siente la necesidad de eliminar los demás aparatos de su casa que están en pleno funcionamiento. Sin embargo los objetos no piden, no se quejan, no se sienten frustrados si se les da mayor o menor uso, las personas sí.

   Gilia cumplía los dieciocho en diciembre. La esquivaba por el Instituto, pero esa situación empezó a ser bastante incómoda. Aunque no le pedía que dejara de ir a casa, siempre que intuí esa posibilidad, desaparecía. No fui a  su fiesta, aunque insistió mucho, no me veía en aquel grupo. Con Chantal y sus amigos recreaba una especie de clima bohemio con un toque francés en un bar cercano; se hizo casi habitual y allí Gilia no entraba. A final de curso, sobrecargada por los exámenes, me pidió que le echara una mano con su eterno tormento, la filosofía. Me gustaba recordar las cosas que había aprendido sobre la historia del pensamiento y, sobretodo, me gustaba sentirme especialmente admirado por saber todo lo que ella necesitaba sin necesidad de mirar un sólo libro. Al principio fue un Viernes; no pasó nada, es más tuve la sensación de que se había olvidado de todo aquel episodio y que realmente sólo quería que la ayudar a repasar. Le dije que todavía tenía que dedicar bastante tiempo para tener el examen preparado. Me propuso volver al día siguiente.

  "-Ya es un poco tarde, deberíamos dejarlo. En tu casa se van a pensar cosas raras. -No te preocupes, le dije a mamá que, después de estudiar ,iba a salir con las amigas. -Y, ¿a qué hora quedaron?. -¿Tienes prisa?.- Por mí no, pero quiero cenar algo, ¿te apuntas?-. -Bueno, no tengo demasiado apetito, tengo que cuidar mi línea-. -Voy a preparar algo y no te vas a poder resistir-" 
    
    "Me fui a la cocina. Ella miraba la tele. Alguna vez había mencionado que le encantaba la comida china y lo había dicho que me parecía una auténtica porquería.  Tenía en la nevera pollo y champiñones y todos los aderezos necesarios. De vez en cuando le preguntaba si estaba aburrida a lo que contestaba que se sentía muy a gusto. Apagó el viejo televisor y vino a la cocina. Me preguntó si podía tomar algo. Teníamos que irnos de allí inmediatamente."   (D.D.A.)

miércoles, 17 de junio de 2009

En el día de hoy...una recaída


  ¿Una recaída? Creo que en ningún momento he dejado mi adicción. A diferencia del alcohólico o el drogadicto, en esta situación no te alejas de ninguna sustancia. Llega un momento en que no sabes  si esto es bueno o malo, sigues dejándote llevar; si no fuera por las consecuencias, creo que es una forma un poco estúpida de perder el tiempo. 

  Las últimas semanas con Marga, aparentemente, son el reflejo de su intento por dejar la otra relación. Es un análisis racional de la inconveniencia de la misma. Sin embargo, sigue paralizada. Su novio se fue de viaje unos días; con el cinismo que le caracteriza, le confesó que se marchaba con su pareja oficial, porque ella se lo había pedido. Ese fin de semana se mostró creativa conmigo, estuvo relajada, no sonó el teléfono y se quedó en casa más tiempo de lo habitual. Creo que, sin embargo, en ningún momento dejó de pensar en él, pero estaba conmigo. Cuando volvió el domingo, ya cambió totalmente su actitud; tuvimos la ocasión de pasar la tarde juntos, como hacíamos antes, pero la cercanía del otro, la espera de novedades la volvió a sumir en la rutina. Yo me limito a usar frases hechas que hablan de la necesidad de ser felices, de la fugacidad del tiempo, de lo absurdo de las complicaciones. El colofón es, siempre, que ella y yo podríamos formar la pareja perfecta, aunque ya no me lo creo.

  "Lo de siempre. He contactado con dos chicas que viven aquí cerca. Son mujeres maduras, con unas vidas hechas. Una se llama Leny, no me preocupa demasiado, le he escrito un correo en donde me muestro ambiguo y reticente. Pero no he sido claro. Simplemente me he limitado a no hablar de mi vida privada. Sí es verdad que llamó el domingo por la mañana. Estaba todavía en la cama y le dije que era muy agradable hablar con alguien en aquellas situación sin tener que refunfuñar o discutir. Me esfuerzo en ser agradable, pero -y creo que es por su edad- no me interesa liar más las cosas"

  "La otra chica es una señora, un poco más joven que Leny, se llama Mar o María del Mar. Pensé que no iba a tomar iniciativas, pero ha decidido venir aquí, a pasar unas mini vacaciones para conocernos. Al menos, eso es lo que dice. Me llama varias veces al día y sostenemos largas conversaciones; intento ser educado. Podría llegar a ser una buena a miga, pero no lo creo. Lanza mensajes ambiguos sobre sus intenciones, quiere alejarse de su exmarido, empezar una vida en otro lugar. Tiene una buena pensión. Me ha enviado muchas fotos, es una mujer guapa, al menos su cara, pero ya me ha advertido que está un poco llenita. Creo que va a por todas, y no la veo reticente a meterse en la cama conmigo, todo lo contrario"

  "Me gustaría poder hablar con Mar de Marga, pero quizás es un poco prematuro; quiero ver hacia dónde van las cosas. Todavía creo que puedo enamorarme. Recuerdo otras historias. Físicamente me gusta. Habla demasiado, sin parar, pero son cosas intrascendentes, creo que las podré llevar bien. De entrada, al menos, no me está costando nada. Eso es nuevo, ¡qué bien!. Me regala unas vacaciones por todo lo alto. Quizás me esté utilizando. No se ha ganado un espacio en mi intimidad. ¿Cómo explicarle que estoy buscando una compañera si aún no he resuelto una historia que se alarga desde hace más de cuatro años?. Creo que lo "correcto" sería decir: "Hola, estoy hasta las narices de mi pareja actual, ni come ni deja comer; me es infiel, yo le he sido infiel, pero todavía nos queremos, a trancas y barrancas, pero nos queremos. Aposté con ella para tener una relación estable, invertí mi patrimonio, me he deshecho en atenciones para que todo funcione; aunque empezó muy bien, a los seis meses me dijo que había otra persona, y hasta la fecha; ella dice que quiere dejarlo pero, una y otra vez, vuelve a recaer. Desde que sucedió esto, me he dedicado a buscar chicas -ella no sabe nada, nadie sabe nada-. Bueno, pues si te interesa ser mi próximo intento, aquí estoy; no te garantizo nada, no ejerzo control sobre la voluntad de Marga, tengo que estar pendiente de ella, de sus llamadas. Está convencida de mi fidelidad y estabilidad, no puedo decepcionarla. Pero si esta relación marcha, si esta relación me motiva, Marga será historia. Sólo espero que esta vez no se interponga. ¿Cómo no se va a interponer? Está, no puedo salir con nadie más, no puedo hacer nada a ese nivel. Mi grado de agotamiento es tal que se han muerto mis ilusiones, pero, así y todo, quiero que lo intentemos, ¿te apetece?" (D.D.A.)


  

martes, 16 de junio de 2009

En el día de hoy... todo pasa, nada queda.


  Ver la vida como una secuencia de hechos que se repiten, puede llegar a ser desesperante. Si te quedas atrapado en el tiempo y las cosas van bien, perfecto. Pero si tu ciclo está marcado por las calamidades, a ver cómo lo solucionamos. Está claro que nuestros patrones de conducta se fijan hacia los diecisiete años. Un primer fracaso amoroso, una actitud despótica hacia las mujeres, fomentada por el exceso de celo de una madre y unas hermanas, individualismo y afán de originalidad que nos hacen rechazar los modelos, una emotividad frustrada que se enmascara y reprime los auténticos sentimientos. La relación con el sexo opuesto es un sustituto de la falta de socialización plena. Cuando descubrimos nuestra capacidad para atraer a otros seres. construimos un modelo propio de organización, una cédula funcional con rasgos singulares que funciona en el tejido social. En realidad, el grupo de afines, las novias, novios, pretendientes, aspirante, sustituyen a la familia y a los amigos, porque sobre estos no se puede  ejercer ningún tipo de control y es, precisamente, de esto de lo que se trata. Lo más peculiar de esta estructura es que sus miembros no se comunican entre sí,  sino, sólo, a través del que lo manipula, es una mini secta. La relación es múltiple, pero unidireccional. En términos reales se comunica con todas los miembros de su entorno, por separado, sin que los demás lo sepan; en un plano subjetivo y particular, sólo el organizador tiene conciencia de grupo, conforma una comunicación irreal que cohesiona a sus miembros y ese es el principal motivo de satisfacción. (D.D.A., Conclusiones).

   La situación de Marga no ha cambiado. Sin embargo, como en otras ocasiones, las circunstancias han favorecido un acercamiento. En líneas generales, se sigue comportando como la novia secreta, la amante. Ha convertido esta relación en su desahogo. Aunque su novio oficial le ha confesado que tiene otra mujer que le impide mantener una relación "normal", está en la fase de negación. Los gestos hacia una ruptura definitiva, hacia una reconstrucción de su vida, son puramente epidérmicos. La secuencia es agotadora. Hace el amor con uno, no con el otro auque lo desea, discute con ambos, se reconcilia, hace valoraciones, asume lo bueno y lo malo de las dos relaciones. No es capaz de salir. En este caso, por el tiempo transcurrido, ya se cuestiona que yo pueda ser una alternativa. Me agrada seguir mimándola, hacerle creer que es la única mujer. Hasta ahora lo ha sido, en cierto modo. El grado de compromiso ha avanzado mucho. Sin embargo, existen muchas dudas acerca de mi respuesta  en el caso de que ella accediera a un cambio radical y lo lograra.

   He conocido a otras dos personas, Leni y Mar. No tengo un juicio definitivo, sólo percepciones. No les he cerrado las puertas, no les he hablado de los vínculos reales que hay en mi vida. Me he presentado como alguien que busca pareja.

   Leni parece una mujer algo triste. Con una situación familiar compleja y un hijo adoptado. Me gusta su serenidad aparente, su desparpajo al escribir; es alguien sencillo, con cierta tendencia al esoterismo y un alto grado de inseguridad. Me ha escrito y me ha dicho que puede que se esté enamorando; de momento, sólo quiere conocerme en persona. Es probable que no volvamos a saber nada el uno del otro.

  Mar va demasiado rápido. Ya hemos concertado una cita. Tiene iniciativa, pero no termino de ver su perfil. Creo que es una persona que ha vivido hacia fuera, con grandes comodidades económicas. Trata de llenar espacios vacíos de una vida ociosa y relajada, sólo complicada, creo, por la entrega a su hijo. Emocionalmente me da la impresión de que ha tenido un pasado tormentoso. No acepta el paso del tiempo, está jugando a ser joven y divertida. Puede resultar, aunque no a largo plazo. De momento nuestra comunicación es placentera y relajada.

sábado, 30 de mayo de 2009

En el día de hoy..., nueva casa, nueva vida.

   Hace tiempo que los nacionalismos han dejado de tener sentido para mí. He entendido que como personas, el ser de un lugar o de otro, no nos hace diferentes, al menos en esencia. Sin embargo, esto se ha usado siempre como pretexto para enfrentar a unos pueblos con otros, bajo la consigna de que "ellos son los mejores". El nacionalismo canario nace del odio y del rencor hacia los pueblos que vinieron a conquistar las islas. Nada que se alimente del rencor y del odio puede ser bueno. Por eso, para mí, hoy es, simplemente, un día de fiesta y un día más para reflexionar sobre mienredada vida afectiva.
  
 Marga sigue llamando, puntual como siempre. Ahora soy su confidente, de cansancio y aburrimiento, hablamos de su historia una y otra vez, reconoce que es algo que no quiere para su vida, pero también está claro que yo no soy su alternativa. Tengo miedo de que, al final, como mal menor, cambie su actitud y quiera estar conmigo. Como lo veo hoy, sería un castigo más del destino, si es que existe: terminar con alguien que me quiere con la cabeza, pero no con el corazón. Va en contra  de lo que siempre he defendido. De momento, queda fuera de mis planes, no siento necesidad de que me venga a ver, de que estemos juntos. Intento hacer mi vida, justo lo que hace ella. Ella me cuenta lo que quiere, yo la creo. Yo no me quiero poner a su altura. Sólo así, puedo mantener el equilibrio. Las medias verdades, las mentiras enteras...no hay más.


   Mi primer apartamento de soltero de oro lo compartí con un compañero de trabajo. Dormíamos la siesta frente al televisor pendientes de la invasión de Kuwait por los Iraquíes. Nos interesaba lo que pasaba en el mundo. Íbamos tirando a medias con nuestros sueldos y mis padres perdieron definitivamente la esperanza de que volviera al nido familiar. En aquel apartamento, bastante más cutre que los que ocupé en mi época de estudiante, comencé mis primeros trabajos sobre mi futura tesis: Los epítetos del amor en la poesía griega antigua. Francisco se iba los fines de semana; la casa quedaba para mí solo. Me seguía sintiendo como un universitario y mis amistades las seleccionaba en función de su grado de compatibilidad en ese sentido. Aunque no concreté ninguna relación en este espacio, sí se gestaron algunas posibilidades. A pesar de tener una cama propia y un espacio para cualquier andanza de soltero, casi nunca tiré de esta posibilidad. Todavía me gustaba tomar el aire, disfrutar de la calle, del buen tiempo y de las oportunidades que mi recién inaugurada vida social me ofrecían.

"Aquel verano conocí a Silvia; fue lo más parecido a una locura entre un adolescente y un adulto. Si entonces hubiese conocido el mito de Lolita, seguro que lo habría referenciado. Me llevó a mis diecisiete años, hice canciones y casi perdí la cordura por corretear detrás de ella. Sin embargo, se marchó pronto. Quedó su aroma y su recuerdo y los ratos compartidos. Una de sus amigas de grupo terminaría luego siendo mi adorado tormento. Chantal tomó el relevo, me acompañaba por las tardes los sábados del curso; como extranjera adoraba la isla y paseábamos mucho. Gilia, llegó para quedarse mucho tiempo. Era más joven, era de aquí, iniciaba el mismo camino universitario que  yo había dejado atrás hacía apenas un año...esa fue su mejor baza."

"Poco antes de iniciarse el curso, después de una monumental fiesta, terminamos todos medio borrachos algunos y completamente borrachos otros. Gilia saltaba sobre el tejado de mi viejo Starlet, no me preocupaba tanto que terminara con alguna fractura, como que destrozara el coche; como hacía calor intentó hacer un amago de baile erótico que terminó en una patosa caída en la que sólo pudo enseñar parte de su sujetador. Mientras, Silvia me rondaba; la noche era seductora, y no es un tópico; supongo que el hecho de que fuera la primera vez que bebía alcohol detonó sus instintos y, a pesar de la diferencia de edad, se acercó, me abrazó y me dijo que quería algo conmigo" 

"Algunas tardes, mientras Francisco dormía a pierna suelta, las dedicaba a organizar el material para la tesis. Me molestaba que me interrumpieran. Sonó el timbre, lo que no era muy frecuente. No me acordaba que le había insinuado a Chantal la posibilidad de que nos visitara alguna vez, y lo hizo. Preparamos café y hablamos un rato. El recuerdo de Silvia me mantuvo algunos meses alejado de veleidades amorosas, pero -como supe luego- en Chantal había despertado algo más que curiosidad y como buena Leo tomó la iniciativa. Lo que no se  me pasó por la cabeza es que un poco más tarde el timbre volviera a sonar; esta vez era Gilia, ¿qué rayos hacía allí?, ¡yo era su profesor!. Ni corta ni perezosa y sin anestesia, cuando abrí la puerta, me agarró el cuello y me soltó dos sonoros besos en  ambas mejillas. El desconcierto de todos, nos dejó mudos. Después de un tímido hola, le dije que pasara, que se uniera a la reunión y la invité a café. Cuando fui a la cocina a por una taza, yo me puse otta, pero con un buen bautismo de ron...mi ansiolítico de entonces."  (D.D.A.) 
   
  
  

miércoles, 20 de mayo de 2009

En el día de hoy...otra vez las convenciones


   Pocas veces nos damos cuenta de hasta qué punto nos condiciona nuestra educación. Supongo que no reparamos en que la mayor parte de nuestras actitudes de rechazo son consecuencia de un desajuste entre nuestros propios modelos y los que nos vamos encontrando a lo largo de la vida.

   Miramos atrás, nos damos cuenta de que hemos estado luchando por una relación estable todo el tiempo, asumimos nuestros fracasos y equivocaciones y, cuando intentamos empezar de nuevo, todo nos sigue resultando extraño, ajeno a nuestros propósitos, desmotivador. Creo que tenían algo de razón quienes, en su momento, postularon la teoría de que nuestro cerebro, cuando nacemos, es un libro en blanco. El aprendizaje le proporciona sus contenidos. Es una pena que no tengamos criterios para elegir esos contenidos; es triste que quienes conocen la maleabilidad de la conciencia infantil, la modelen para que las personas sirvan a sus intereses; y, lo peor, esos patrones, esos moldes, quedan fuertemente impresos y nos impiden -o nos lo permiten con mucho esfuerzo- tomar decisiones libres, necesarias, imperativas que se adecuen a la evolución de nuestra personalidad. Esos sellos son indelebles, nos marcan. Es verdad, nos hacen como somos, pero y ¿ cuando no queremos ser así?

   Imágenes, charlas, modelos, orientaciones y confesiones. Un hombre bueno es aquel que desde su infancia honra y respeta a sus padres y a un dios, cuida de sus hermanos, trabaja para el bien de la casa. Un día, ese hombre bueno conoce a una chica y se enamora de ella. Se formaliza la relación si resulta conveniente, adecuado; las nuevas familias se conocen. Viene el "sagrado vínculo del matrimonio", la construcción de un nuevo hogar, la concepción y el cuidado de los hijos. Con el paso del tiempo, ellos se harán mayores y seguirán la cadena. El hombre bueno, con su esposa, envejecerá plácidamente, asumirá con resignación los reveses de la vida, afrontará la muerte con esperanza, porque ha cumplido con su papel.

   Esto no es una película. Ojalá fuera un buen dibujante, podría plasmar los paisajes en tonos cálidos en que un hombre y una mujer, hermosa y recatada en su forma de vestir, con dos niños de la mano, miraban el atardecer dando gracias a su divinidad por tantos bienes concedidos; le pintaría la sonrisa plácida de la novia y la ternura del esposo en la ceremonia nupcial; el gozo del padre, aún con barba marrón, correteando tras sus hijos en un jardín perfecto lleno de pájaros y flores; les pintaría, al fin, a esa misma pareja, él ya con barba blanca, mirándose en una comprensiva complicidad, cuando sus hijos parten del hogar para buscar una nueva vida.
   
   Frente a esto, grabado a sangre y fuego en nuestras maleables conciencias, nuestra vida, con perdón de la expresión, es una "mierda". O mejor, la vida de más de dos tercios de la población de este mundo. A mí no me pasaron ninguna película donde la gente pasara hambre, donde la gente fuera discriminada por su sexo, por su raza, por su condición social o económica. No me documentaron sobre el sufrimiento humano, sobre la enfermedad, sobre la violencia de género, sobre la pederastia y la explotación de las personas. Me vendieron un mundo feliz; en aquella época, dios y su divina bondad eran el premio. Hoy, así y todo, tenemos por ahí un montón de sectas que han sustituido a ese Dios por el Dinero, pero la canción no cambia, sigue con la misma letra y con la misma música.

   Rápidamente alguien diría: "te has quedado en la adolescencia, careces de personalidad" La adolescencia fisiológica obviamente la he superado; sobre lo de la personalidad habría mucho que decir. Si no nos atrevemos, ¿no será porque carecemos de la individualidad suficiente para hacerlo?. Sí tengo claro que reconquistar la libertad propia es un trabajo complejo, y no puede limitarse a la acción individual, aunque pueda parecer un poco paradójico. He tenido que empezar a preguntarme porqué hago determinadas cosas, porqué actúo de determinadas maneras; he hecho un análisis, lo más riguroso y autocrítico posible. Sólo busco la razón de mi tristeza, de mi sufrimiento. Encontrarse con la verdad es duro, complejo, duele y no podemos inventarnos "la valentía" que, un día, nos arrebataron para ser de otra manera.

   A veces, pongo un ejemplo que me parece bastante clarificador y que conecta, bastante, con la realidad que nos afecta. ¿Por qué apago las luces de mi casa, por qué reciclo el vidrio?. Como buenos alumnos responderíamos que hay que ahorrar energía, que contribuimos, con esos pequeños gestos, a la salvación del Planeta. Creo que habrían suspendido todos. La respuesta correcta, mi respuesta correcta es que apago la luz porque la factura que debo pagar será menor, reciclo el vidrio porque me molesta y me resulta cómodo que haya contenedores donde ponerlo. Estos son actos de libertad, en conciencia o no, pero es lo que realmente me mueve a hacer ciertas cosas. Cuando no separábamos la basura, el papel o el vidrio se recuperaban de la misma manera. Sólo nace la conciencia ecológica cuando se crean las infraestructuras necesarias para hacer rentable este reciclaje. Traperos y chatarreros ha habido siempre. Reciclar basura era su medio de vida. Ahora, mediante la educación para concienciarnos sobre la importancia del Medio Ambiente, abaratamos los costes de producción de un vidrio reciclado y de un papel reciclado y salen al mercado con un nuevo valor. Nosotros hacemos una obra de caridad en favor de los especuladores comerciales, pero nos sentimos bien, porque estamos contribuyendo a la salud del Planeta.

   En el ámbito de la pareja, podemos dar el mismo enfoque. En algún momento de nuestras vidas aprendimos que las cosas deben ser de una manera y eso, de lo que casi nunca somos conscientes, nos condiciona para siempre. Un hombre mayor y una chica jóven forman una pareja ridícula. Pero también era ridícula la posibilidad de que un hombre libre se casara con una esclava, o que un blanco se casara con un negro, o que dos hombres o dos mujeres establecieran una relación sólida, estable y feliz. ¿Se imaginan el sufrimiento que puede haber pasado un homosexual casado por convenciones?. ¿Se imaginan el sufrimiento de payos y gitanos enamorados, condenados a la separación por sus tradiciones?. ¿Cuántos problemas individuales han generado las diferencias religiosas, económicas o políticas a la hora de luchar por una relación amorosa?. Pues bien, a mí me hicieron un hombre convencional. Me dijeron que la única forma de relacionarme era buscando a una mujer, casarme con ella, tener hijos y esperar, en el atardecer de nuestras vidas, a ver cómo se marchan para seguir su propio camino. No me dieron alternativas, o eso, o el celibato, ¡porque sí!. Es un canal demasiado estrecho para todo el caudal que representa una vida. Afortunadamente, hoy podemos hablar, podemos postular un modelo de educación menos restrictivo, en el que se potencien, por encima de todo, las capacidades del individuo, sus posibilidades de realización. Tenemos que erradicar la idea de bueno/malo, porque una ética verdadera sólo se puede construir desde la perspectiva de lo propio e individual. Partiendo del hecho de que el AMOR es un pilar fundamental de la existencia, jamás diré que exista un modelo de relación. Siempre diré que cada uno debe buscar el suyo; es un trabajo de autoconocimiento, de saber delimitar nuestros deseos, nuestras aspiraciones, de conocer lo que podemos afrontar y lo que no. De esta manera, si un día descubrimos que nos gusta una mujer musulmana, no añoraremos tener una boda católica; si un día descubrimos que nos gustan los hombres o las mujeres, no añoraremos la fotografía de la familia tradicional; si caemos en la cuenta de que queremos vivir una vida sin compromisos, mirándonos el ombligo, disfrutando de nuestro cuerpo, no tendremos necesidad de engañar a nuestras esposas, a nuestras parejas por esforzarnos en dar la imagen del hombre bueno del catecismo.
¿Hay dos que piensen así?

martes, 19 de mayo de 2009

En el día de hoy. Conversando con un amigo.


   Alguien podría decir que contar las cosas que se hablan con un amigo resulta poco apropiado. En este caso, sin embargo, voy a hacer una excepción y espero que me perdone. Lo conozco hace bastantes años, no somos íntimos, ni tenemos una relación fluida. A veces, pasan muchos meses sin vernos. Él es A.C., pero creo que no le importaría que usara su nombre verdadero. Quizás, en este tiempo, lo que nos ha unido en mayor medida, es la afinidad en los sucesos de nuestra vida o eso creo. Al principio, entrar en ciertos detalles, más allá de los tópicos, resultaba complicado. Pero ahora, hemos podido profundizar. Las tropiezos comunes duelen menos.

   "A.C. ¿No me habías dicho que Marga era historia?
   -Le dije que no viniera a casa. Que llamara cuando quisiera. Tenía la esperanza de que, si se limitaba a llamar, me reservaría el derecho a contestar. Estaba firmemente decidido a no hacerlo en un tiempo. Además, le dije que los pocos nexos que nos quedaban, nuestros pequeños compromisos comunes, los iba a cancelar.

   A.C. ¿Entonces?
   -Se plantó en casa. Sabes que mis puertas están abiertas. Creo que intuyó que podría no cogerle el teléfono. Fue una reconciliación suave, no pasó de la entrada. Hablamos un rato. La noté muy ansiosa, con la necesidad de complacerme, pero triste.

   A.C. ¿De qué hablaron?
  -¿De qué va a ser? Monólogo sobre el otro. Menos mal que ya me lo tomo con calma. Creo que no tiene a quién contar sus problemas y, realmente, pretende mantenerme a mí, como colchón al menos,  pero sin renunciar a su otra relación. Es bastante agotador. Ahora, toda la cuestión, es el famoso viaje a Madrid.

  A.C. Es verdad que me contaste que estaban planeando un viaje con una amiga. También me dijiste que no lo veías nada claro, que, al final, te ibas a gastar un montón de dinero y que ya no te hacía demasiada ilusión pasar unos días con ella a estas alturas.
  -Tal y como suponía, yo estaba excluido. La idea se había forjado con su amiga. No tiene fuerza de voluntad para cambiar nada, o, simplemente, no le interesa. ¿Cómo se iba a pasar un fin de semana de fiesta conmigo y el otro sin saberlo? Reconozco que, por un momento, pensé que se podría hacer y les puse las cosas bastante fáciles. Luego, vino la noche del desencuentro, lo de su carta testimonial y empecé a respirar aliviado. 

   A.C. ¿Qué te hizo pensar que se iría contigo?
  -Seguramente quería ponerla a prueba. Enseguida aparecieron los pretextos. Hace algún tiempo, sabía más o menos lo que estaba pasando, ahora me limito a evaluar las cosas que me cuenta y que pongo constantemente en duda. Tengo que insistirle mucho para que me confiese que su otra historia no está tan mal, que hay mucho más de lo que yo sé. Esto ya no sé dónde encasillarlo. Es como un burro y una zanahoria, conversando de espaldas. 
 
  A.C. ¿Podrías esquematizar la situación sin enfadarte?
-¡Muy bien!, vamos allá. Ella sale con otro. Se ven en entornos públicos, pero no dan a conocer su relación. Hacen el amor, no sé con qué frecuencia, ni dónde. Hablan por teléfono. A veces, de forma obsesiva, el individuo la llama sin parar, especialmente, cuando sale a dar una vuelta o se queda fuera de sus rutinas. Él nunca la acompaña, siempre tiene compromisos. Las conversaciones, según me cuenta, aparte de alguna que he presenciado, son breves, cortantes, son discusiones más que conversaciones. Algunas veces se ríe. Se queja de que no quiere eso para su vida, pero es incapaz de dejarlo, de no responder a sus llamadas, de dejar de someterse a su voluntad.

   A.C. Es como si estuviera casada. No rompe el vínculo con su marido, me da la impresión de que su idea del matrimonio entra en los parámetros más tradicionales. Sin embargo, parece que está harta, que quiere salir de ahí, por eso te usa a ti para quejarse, para contarte su malestar y, si te sirve de consuelo, hasta cierto punto, no llegas ni a la categoría de un amante. ¿Por qué quieres salir de un papel que no te han dado?
   - Creo que, desde que la conozco, me presenté como siempre. Como un novio, con planes, con ilusiones. Pero ahora que lo dices, cuando pasaron unos meses y me intenté implicar más en sus cosas, empezaron los problemas. Luego, apareció el otro. Simplemente, no he sabido cambiar mi papel. ¿Y qué hace un  quasi amante?

  A.C. Hay que tener un poco de sangre fría. La posición más cómoda y satisfactoria es no tratar de competir con el marido. Eso genera sufrimiento, te impide disfrutar de los ratos que estén juntos y te crea expectativas. ¿Estás enamorado de ella?
  -Estoy encabronado, frustrado, enfadado. Lo que siento hacia ella tiene que ver muy poco con el amor y, a estas alturas, ni siquiera con el deseo. Es una rabieta de impotencia. Y ya me estoy impacientando.

  A.C. ¿Qué te gustaría que pasara?
  -Que ella vaya a Madrid con una amiga me parece de lo más natural. No me importa que haya decidido hacerlo a su manera. Fui yo quien intentó cambiar sus planes. Necesita conocer gente, salir de su círculo, ver otras cosas y con otra perspectiva. Me alegro de verdad de que haya tomado la decisión. Pero el otro elemento tiene una fijación que no la deja vivir: para él, su amiga no es de fiar, le da mala espina, está convencido de que ese viaje no es un viaje cultural, que el primo al que va a ver, no es tal y, simple y llanamente, se opone a ese viaje porque lo dice él. Ella  se resiste y viene y me lo cuenta. Aunque sé que no es asunto mío,  ¿o sí?.

   A.C. ¿Qué te hace pensar que las sospechas del otro no son ciertas?
  -Seguramente porque confío más en ella que él. Además, si se va a Madrid a tener una aventura, es algo que a mí no me preocupa. Ojalá encuentre una relación que le dé más fuerza y vuelva a tener ilusiones. De lo que tengo ganas es de que, de una vez, acabe este juego.

   A.C. Si no te importa que tenga otros líos, realmente has renunciado a tener algo serio con ella. No eres una alternativa en su vida, Me preocupa que no te sientas libre para hacer lo que quieras con tu vida por culpa de esos lazos que, sólo tú, te has creado. Ella, como mujer, con sus necesidades, los acepta de boca para fuera, es cultural; la idea de tener una aventura no es algo que se pueda confesar tan alegremente. Por eso, si tu le ofreces matrimonio ella quizás te dirá que sí, pero, desengáñate, su historia no está contigo.
  -Le dije que porqué no le proponía ir con ella, que se inventara cualquier excusa, si tanto temía por su integridad moral. Me contestó que eso no podía ser, simplemente, porque su novia (ya lo tiene asumido), o querida o lo que sea no se lo iba a poner fácil. Luego le sugerí que si está convencida de que lo quiere, debe aceptarlo como es, y renunciar a ese viaje para que no se sienta mal. Aquí patinó.

   A.C. ¿En qué sentido?
  -Te he contado las implicaciones económicas que hemos tenido. Intento olvidarlo, porque nunca me había gastado tanto dinero en una relación. Cuando le he preguntado si el otro se ha comprometido a ese nivel, siempre me ha dicho que no, e, incluso, algunas veces lo ha justificado, porque su situación económica no es buena (algo que no he entendido nunca, cobra más que yo, y en este espacio de tiempo se ha dedicado a gastar dinero sin más, se ha comprado, primero, una moto de gran cilindrada y, luego, un coche de lujo). Pero, de repente, se le escapó que estaría dispuesto a pagarle el billete comprado, con tal de que no se fuera. Entonces la quiere más de lo que yo creía. Cuando le insistí en que, si de verdad iba a ser capaz de gastar su dinero con ella, me dijo que seguro. Mal, mal, mal, creo que me la ha estado pegando a gusto. Ya no sé qué pensar. Miente más que yo, ¡y ya es difícil!

   A.C. ¿Has tomado alguna decisión?
   - Por lo pronto, repetir el mantra "Marga es historia, Marga es historia"(actus limen est). Otra vez me ha llamado para cancelar la que se supone iba a ser nuestra cita de despedida. Y me he cabreado. Creo que le he dicho con claridad que ya está bien. Su amigo la amenazó con ir al Aeropuerto a comprobar si, efectivamente, se iba a ir sola. Me salió decirle que yo tenía intención de ir a despedirla. Me pidió de favor que no fuera.., claro que no voy a ir. No voy a perder más el tiempo. Reconozco que me dolió. Pero es verdad que, en estos últimos meses, no me he dado cuenta de que no ha habido ni un solo indicio de que ella quiera o pueda dejar la otra relación. Siendo así, le he recomendado que acepte lo que tiene, que deje de quejarse y se fije en las cosas buenas, que seguro que alguna habrá. Quizás no debí recordarle lo que ha sucedido en todo este tiempo, sus noches de soledad, sus fines de semana encerrada, su falta de relacionarse con gente de su generación, sus discusiones, pero es la realidad que ella me ha pintado, y es la que me ha apetecido poner sobre la mesa. Así y todo, le he pedido, clara y taxativamente, que si sucede algo, y sólo si sucede algo importante, y le apetece contármelo, que estaré abierto...

   A.C. ¿Qué esperas que suceda?¿Estás dejando la puerta abierta de verdad?
  -No, si su relación se compone o va hacia donde ella desea en el fondo, yo me alegraré de que sea así, no lo dudo y me encantará saberlo. Si ella se harta -y al ritmo que van las cosas, me temo que va para largo-, pues podremos hablar, si nos interesa retomar esta historia, la retomamos y si no, lo de siempre, quizás seamos amigos y ahora sí, sin más.. Sabes perfectamente que esta última posibilidad es remota, pero queda bien en una despedida.

   A.C. Entonces, ¿Con qué te quedas de sus sentimientos ?
  -Yo puse la primera piedra. Ella cedió. Me abrió su vida durante seis meses más o menos, y, luego, todo se ha ido a la porra poco a poco. No dudo que despierte emotividad en ella, no dudo  que nos hayamos deseado durante todo este tiempo, no dudo que en mí haya generado muchas cosas que me han marcado. Pero no sabe lo que quiere y se lo he puesto difícil. Sé que te parecerá presuntuoso de mi parte, pero he puesto el listón es muy alto y  me he tirado a la piscina sin ninguna reserva. Lo único que he provocado en ella, sin embargo, es confusión y, a cambio, me ha dado muy buenos ratos. Debí parar cuando ella me dijo que quería intentarlo con el otro. Nos habríamos ahorrado mucho tiempo y descalabros. Por mi parte, punto y final, se va unos días, no hablaremos, no llamará y si lo hace, no cogeré el teléfono. Esto lleva tiempo y ella necesita aclararse. A mí ya no me aporta nada. 

   A.C. Pues que tengas suerte. Parece que esta vez te veo más convencido y que quieres salir de esto. Me reservo mi opinión. Como te necesita, seguirá ahí. Pero intenta mantenerte fuera, no la comprometas más. La pelota está en tu tejado." (D.D.A.)

Fin de un capítulo...comienza la vida....(I)


 Al volver de aquellas vacaciones no vi inmediatamente a Belén. Pasaron un par de semanas hasta que nos volvimos a encontrar. Aunque intenté mantener la apariencia de normalidad, algo empezaba a no ir bien, su intuición no la engañaba, yo sí. Estaba nervioso por la proximidad de las oposiciones. Belén adoptó el papel de ama de casa, me preparaba la comida y se hacía cargo de cosas cotidianas el tiempo que compartíamos, básicamente, para que yo estudiara. Percibía su malestar y eso generaba mucha tensión entre nosotros. A partir de aquel fin de semana, mis visitas se distanciarían.

"Estudiaba en una habitación que estaba bajo la casa de mis padres. Aunque me concentraba sin dificultad, porque estaba muy entusiasmado con mis posibilidades de aprobar, me mantenía un poco alerta. Mi madre era la encargada de recibir las llamadas. Con Belén tenía un trato muy familiar, aunque aún no se conocían en persona. Ana resultaba una intrusa, fueron muy pocas las veces que descolgué el teléfono para llamarla. Lo más cómodo era hablar de amigas, de compañeras. No me hacían preguntas, probablemente porque era un hombre y, el que me llamaran varias chicas, era completamente normal. en mi casa. De haber sido una de mis hermanas, las cosas habrían sido muy diferentes"  (D.D.A.) 

   Un día me llamó Belén. Tenía que ir a verla urgentemente. Aunque ya estaba acostumbrado a su alarmismo, el mundo se me vino encima; a punto de opositar, era lo que menos esperaba, pero su salud estaba en juego.  Afortunadamente, todo quedó en una falsa alarma. He llegado a pensar, incluso, que Belén, en una estrategia para que no se perdiera nuestra historia, quiso darle una vuelta de tuerca.  Siempre pensé que era medio bruja, "la bruja de Femés" y que con sus pócimas y maleficios quería robarme el alma. Visto con cierta perspectiva, creo que es la misma sensación que he vuelto a tener después, en otras situaciones. A lo mejor es verdad, hay mujeres buenas y mujeres malas, ángeles protectores y detractores. Cuando no alcanzo a entender algo con la razón, uso la imaginación, vuelvo al mundo de los chamanes. Quiero sentirme otra vez un poco troglodita.

   Salí tan afectado de este incidente, que me refugié en Ana Montenegro. Ya había complicidad, y Belén salía alguna vez en nuestras conversaciones; como estaba algo resentido, adopté el papel de víctima, le contaba que me acosaba, que intentaba forzar  la relación  que yo había dado por terminada y que, seguramente, era una cuestión de interés, porque mi situación laboral había cambiado y, ahora, contaba con recursos. Creo que esto le terminó de abrir las puertas. Mucho más experimentada y culta que Belén, sosteníamos conversaciones sobre lo que realmente me preocupaba en aquel momento: mis oposiciones. Como premio, me ofreció un viaje en verano por toda Europa, cuando saliera de aquel trance. Nos lo pasaríamos genial, 

    En estos momentos de mi vida me sentía libre para hacer lo que me diera la gana. Poco me importaban los sentimientos de las personas que estaban a mi alrededor. Sí me fui acostumbrando a la compañía de una mujer, de Belén, teníamos un lugar, vivíamos nuestra propia vida, aunque con la intermitencia de la separación. La relación había perdido mucha fuerza: siempre tuve la sensación de haberle dado el premio a Belén y habérselo arrebatado a Carmen Rosa. Ana Montenegro era una especie de venganza. Con ella tenía un poco más de libertad, la sentía más independiente a la hora de cualquier complicación. Sin embargo, la distancia nos impidió hacer más cosas juntos. El calvario que había pasado para estabilizar mi relación con Belén, aún me dolía, y no quise profundizar en la relación con Ana Montenegro; me limitaba a seguir su juego, a atender con cierto entusiasmo sus llamadas y a hablar de algunos planes. Belén siguió ignorando esta situación, también tenía su propio juego, estaba más cerca de mí, podíamos vernos con más frecuencia, había muchas cosas de ella que me seguían gustando. En términos de necesidad, estaba convencido de que Ana Montenegro seguiría con su vida tarde o temprano; no lo tenía tan claro en el caso de Belén. 

   Llegaron las oposiciones, fueron unos días terribles, de tensión y de nervios. Pero todo salió bien. Llamé a mi casa para dar la noticia. Deambulé algunos días por las calles de aquella ciudad que no conocía bien. Me sentía como alguien al que acaban de liberar después de un largo secuestro. Totalmente desorientado. Me di mi primer capricho: comprarme un teclado eléctrico. Luego, tenía que tomar una decisión. Ana me estaba esperando para irnos de viaje por Europa, a Belén, a pesar de la insistencia de mi madre, ni siquiera la llamé. Fui a la agencia de viajes para tomar un billete y reunirme con Ana, pensé que todo iba a salir como habíamos planeado. En el último momento, cancelé el viaje: con un telegrama y sin ningún pretexto, le dije que no quería ir. Realmente deseaba volver a mi casa, descansar un poco y, luego, ya se vería.

    De Ana no volví a saber hasta unos años después. No por ella, sino por un amigo. Se había ido a recorrer mundo con un empresario. Conoció, luego, a un médico, pero como las cosas no les fueron bien, estaba atendiendo un bar en algún lugar de Suiza.
  
   No me resultó complicado convencer a Belén de por qué no la había llamado al terminar las oposiciones, simplemente estaba en estado de shock. La promesa de que ese verano iría a verla y nos pasaríamos unos días juntos en algún lugar bonito, despejó todas las dudas. Mi vida parecía otra vez en orden. Con mi estabilidad laboral y mi novia, mi única novia, me sentía bien. Ana había salido de mi vida y de mi memoria.