jueves, 15 de octubre de 2009

En el día de hoy...también me gustaba hacer canciones.

   Es innato, está en nuestros genes preguntarnos por el pasado. Supongo que es una forma de garantizar nuestro presente. Desde un punto de vista filosófico, forma parte del proceso que necesitamos llevar a cabo para completar nuestra personalidad, de manera consciente o inconsciente. A esto es a lo que psicólogos y psiquiatras y otros terapeutas de la mente han sacado partido. La mayor parte de las terapias terminan convenciendo al individuo de que todos sus problemas presentes son causados por su pasado...más o menos a partir de Freud. Las técnicas de indagación son de lo más diversas y con unos resultados más que cuestionables. A mí, casi me han convencido de que, en efecto, soy producto de mi pasado; lo que todavía no hemos averiguado es en qué momento empieza ese pasado condicionador. Sin embargo, si de lo que se trata es de devolver al individuo a un estado de felicidad del que en algún momento se ha apartado, ¿de qué sirve que traigan a su vida actual cosas que, de otra manera, nunca más se recordarían?. Ya me imagino las respuestas. Si entráramos en polémica, podríamos llegar, incluso, a afirmar que esas terapias regresivas son un auténtico fracaso, pero proporcionan mucho dinero. No se trata de eso. Es lo de menos. Sí estoy convencido de que lo que hay es una necesidad de comunicación muy fuerte, que los individuos intentamos evitar el aislamiento, y que el psiquiatra o el psicólogo simplemente tiene que rellenar esos espacios de conversación con pautas y esquemas que impidan que terminen en aburridas charlas útiles para el paciente y lucrativas para el médico. Si de lo que se trata es de hablar un rato y pagar por ello, ¡bienvenido!, cumple su función.

  A lo largo del verano, me he encontrado con viejas fotos de mi más tierna infancia, de mi menos tierna infancia, de mi pubertad y adolescencia y de mi primera juventud. No me costó dinero, simplemente tuve que rebuscar en viejas gavetas de la casa de mis padres. Hoy, sin vergüenza de ningún tipo, alumbro una de las causas por las que me he convertido en un patán  relativo. Ya les he aburrido con aquello de la lucha por la supervivencia, por la supremacía del más fuerte. Hasta creo que he inventado un refrán que dice "a quien la naturaleza da cabeza, no le da belleza" o, mejor, "a quien Dios no da cabeza, el diablo le da belleza" (dedicado a mi amigo Luis, amante de los ripios). Va a resultar que las madres son unas santas, siempre alaban, con o sin razón, a sus hijos, y, aunque sean feos de verdad, eso nunca se lo dicen.

   De pequeño era un crío rubito, de ojos claros, con unos dientes discretos que nunca quise que fueran a su sitio del todo, no soportaba los aparatos. Hacia los doce años me superaba mi desmañado aspecto, supongo que ensayando ante el espejo la mejor forma de mostrarme al mundo. Las gafas que usaba entonces son dignas de una antología del mal gusto. Realmente no sé qué podía ver una chica en mí, porque con mis pintas resultaba bastante repelente, sin embargo, mi autoestima estaba tan alta que ya me sentía un conquistador irresistible. Y las cosas no mejoraron con el tiempo. Probé con la raya en medio, usaba clearasil para los granos, mis paletas estaban amarillas por los antibióticos, y descuadradas. No logré desarrollar un cuerpo mínimamente garboso o atractivo, estaba flaco, petudo y vestía de cualquier manera (aunque debo agradecer a los consejos de mis hermanas mayores que los estragos estéticos no fueran a más).

  En la Universidad -y ya sin hermanas mayores- mi aspecto no mejoró; seguía siendo pálido, terriblemente delgado, con una sonrisa aterradora y con aire un poco afeminado. ¿Cómo iba a gustar a las mujeres? Lo peor es que no era consciente y estaba convencido de que esa imagen era lo suficientemente atractiva, ¡cuánta preocupación inútil!. Ahora sé que tenía que mentir, embaucar, enredar para que alguien me hiciera caso. De ahí nacen historias inverosímiles, hechos y circunstancias que intentaban crear una pantalla que tapara aquella imagen que ninguna mujer deseaba o buscaba; al menos es lo que creía y de lo que estaba convencido.

  Quizás, si hubiera asumido que era un chico feíto y algo repelente por sus actitudes, habría asumido también, que tendría que buscar otros argumentos para relacionarme. Pero es una cuestión de supervivencia. El mono feo y débil, ofrece fruta y entretenimiento a la mona guapa, la despioja, quizás no la conquiste, pero no puede competir con el mono guapo y fuerte, con otros argumentos. La mona tiene derecho a elegir y elige normalmente lo más evidente y claro. Pero si el mono feo no se vale de sus estrategias está condenado a extinguirse, al menos, en lo que a su vida sexual se refiere. Entiendo que usar la figura del primate en esta comparación es para simplificar las cosas, al fin y al cabo, no somos tan diferentes.

   Nunca he valorado mi potencial capacidad para despertar admiración. Quizás Gilia no se enamoró de mí, pero sí me admiró y mucho. Dejé a mi compañero de piso y busqué mi primer apartamento. Chantal había vuelto a Francia y quizás no volvería a verla. Entonces no tenía demasiadas cosas que llevarme de un sitio a otro, unos pocos libros, una maleta de ropa y una kentia que aún sigue viva y  va conmigo dondequiera que voy. En la comisaría de policía conocí a la que luego sería mi ayuda de cámara y quien cuidaría de mis miserias cotidianas. Su hijo había destrozado mi coche durante una borrachera. Ella necesitaba trabajo y se ocupó de mi nueva casa, un ático algo descuidado, pero suficiente. Doña Carmela vino y se quedó, ¡ya no quedan de esas mujeres! Gilia, en su recién estrenada mayoría de edad, me ayudó a decorarlo y se apoderó de una copia de la llave: marcaba territorio. Ella y sus amigas se iban a la Universidad. Hicimos una fiesta para celebrarlo. Comimos y bebimos mucho. Nuestros primeros encuentros estuvieron llenos de calidez, entrega, sensualidad. Comencé a aprenderla, a robar su energía desbordante, me seducía su sonrisa, su olor, sus locuras. Quise atraerla a mi vida de adulto y me convertí en su protector, su tutor, su confidente. Dejó a sus antiguos novios: se sentía orgullosa de su pareja,  su exprofesor, estrechamente vinculado con la Universidad; me sentía orgulloso de mi exalumna, seguía mis pasos, la instruía, presumía de ella, sus amigas la envidiaban. 


  "Su habitación olía a pladur y humedad. El ruido de los demás colegiales tenía personalidad propia. La cama  era una loa a la incomodidad. Nos gustaba ir a buenos restaurantes, pero, sobretodo, nos gustaba tomar buen vino; nos relacionábamos poco, buscábamos siempre la intimidad. Aquella noche volvimos a su residencia, teníamos unas copillas encima. Le había preparado una sorpresa. Había grabado una canción en la que relataba nuestra historia, cómo nos habíamos conocido, en la que le pedía que me dijera que me quería y la invitaba a vivir el momento. No era una buena canción, la música era casi un plagio de una de Phil Collins, pero era nuestra canción y, en aquel contexto, resultó conmovedora. Gilia es una mujer insistente, casi obsesiva. Supongo que para mostrarme su agradecimiento, la reprodujo una y otra vez  hasta el aburrimiento. El cassette siguió funcionando y le dio accidentalmente a la tecla rec. Se grabó todo. Nos preocupaba que su familia supiera lo nuestro, especialmente su madre; bromeábamos pensando en la cara que pondría si se enterara de las cosas que su hija hacía con su exprofesor. Unos meses después todo se aclaró; me presentó a su familia en un almuerzo formal. Orgullosa de la canción que le había hecho fue a buscar el cassette y lo mostró a la concurrencia. Tras la canción se habían grabado los arrumacos...y la mofa hacia su malhumorada madre. En aquel momento creo que me diluí por la junta de las baldosas. Fue el colofón de mi presentación en sociedad. Supongo que la canción le habría gustado tanto como a su hija."  (D.D.A.)   

miércoles, 2 de septiembre de 2009

En el día de hoy: ética, principios: de vuelta con la monogamia.


   El término ética viene de ethós, en griego clásico, "costumbre, hábito". Sin embargo, el concepto con su uso y aplicaciones, se ha desvirtuado y alejado de su sentido original. Se entiende por ética un código de conducta, aplicable a un entorno cultural. Los códigos éticos se alejan de su naturaleza en la medida que sirven para manipular a las colectividades y para salvaguardar ciertos intereses que suelen resumirse en los que sostienen los mecanismos de poder. El gran error de los planteamientos éticos ha consistido en darles un valor plural, universal a veces, al menos en sus pretensiones. Sin embargo la ética es algo personal, es lo que la costumbre imprime en nuestra naturaleza y nos hace aceptar algo como bueno o como malo. Este es el punto de vista que sostiene Erich Fromm en un ensayo sobre "El carácter revolucionario". Sin embargo, es obvio, que no todos los individuos son capaces de percibir y objetivar valores éticos que les son propios. De ahí que, a lo largo del tiempo, hayan sido pensadores excepcionales los que han dado pautas de comportamiento que han sido aceptadas por colectividades importantes.
   
   La monogamia no es una imposición biológica, aunque resulta conveniente para el desarrollo de ciertos modelos sociales. Si vamos más allá, y sirva como ejemplo, el celibato es completamente antinatural; sin embargo, la Iglesia Católica lo consagra sin que haya ningún precedente doctrinal. Eso ocurre en un momento en que la estructura de la familia permitía la transmisión de los bienes de padres a hijos. El celibato era una forma de acopiar bienes y recursos para la propia institución. Si la poligamia hubiese tenido alguna forma de rentabilidad, obviamente se habría convertido en un principio ético al servicio de la estructura social. Como no es así, simplemente se condena.

   Y había que elegir, aceptar, resignarse. Los modelos estaban ahí y cada etapa de la vida se hizo vulnerable a sus sacudidas, muchas veces, violentas y, casi siempre dejando secuelas por su incompatibilidad. En España, las cosas se percibían más o menos así.:

  DÉCADA DE LOS SETENTA. Predomina la familia estructurada. Se construye a partir del matrimonio religioso. No existe el divorcio. La carga laboral recae sobre el hombre. La mujer se encarga de las tareas domésticas. Obviamente existían infidelidades. Los hombres frecuentaban los prostíbulos de una manera, hasta cierto punto, consentida. Cuando las circunstancias económicas lo permitían, aparecía la figura de la amante. Era una desgracia irreversible, porque aquellas mujeres, a diferencia de las prostitutas, se condenaban a una vida en la oscuridad, sin posibilidad de retorno, alimentadas por esperanzas inalcanzables; su vida se consumía y, normalmente, terminaban solas y abandonadas.

  La infidelidad femenina era menos frecuente. Las mujeres no tenían independencia económica. Su vida social era muy limitada. Aceptaban con resignación el papel de esposas que su ética particular les dictaba. El cuidado de los hijos, normalmente muchos, les dejaba pocas opciones para liberarse. El anatema social en que podrían verse implicadas, actuaba como mecanismo inhibidor.

  La estructura familiar estaba sólidamente delimitada. Había hombres y mujeres casados, solteros o viudos. Nada más, la sociedad no reconocía otros estados civiles. Como una norma, de su riguroso cumplimiento, sólo se inferían cosas positivas; el salirse de ella suponía un descalabro irremediable. Esto es lo que aprendimos y asumimos; estas fueron nuestras metas y el sustento de nuestros sentimientos de culpa. Era la costumbre, el ethós individual, la melodía reconocible, en la que queríamos incluirnos. Desde nuestro fuero interno fomentábamos ese modelo.

  DÉCADA DE LOS OCHENTA. En virtud de lo aprendido, sabíamos que ser infieles era malo. No entendíamos muy bien porqué. Al debilitarse el poder de la Iglesia, al disfrutar de un modelo democrático en el que empezaban a tener cabida nuevas ideas, sólo había lugar para algunos gestos especulativos que estaban, todavía, muy lejos de alterar los modelos precedentes. La gran novedad fue que se empiezan a tener en cuenta nuevos colectivos. Hasta ahora la preocupación sociológica había estado dirigida a cuestiones políticas, a la figura del disidente, a las actitudes contraculturales. Poco a poco se van abordando nuevos frentes. La mujer recupera un papel activo, el desarrollo de la psicología permite conocer aspectos del comportamiento que, hasta ahora, no se habían abordado explícitamente. La homosexualidad aflora tímidamente. El matrimonio deja de ser algo para toda la vida y se lucha por el reconocimiento del divorcio.

  Ahora, el tejido social empieza a mostrar su verdadera cara. Siempre estuvo ahí con todas sus particularidades, pero lo que no resultaba operativo estaba confinado en lo más hondo de sus cárceles y manicomios. Hombres y mujeres se cuestionan el valor de sus relaciones humanas y la consonancia de ellas con sus necesidades personales. El matrimonio sigue siendo el referente principal, pero en él no tienen cabida las relaciones múltiples, la posibilidad de ruptura, las relaciones homosexuales, la creación de modelos monoparentales. Sin embargo, han aflorado, están a la vista, se discute sobre ello, el modelo ético empieza a cuestionarse.

  DE LOS NOVENTA HASTA NUESTROS DÍAS. Vivimos una época de relativismo en la que todo vale. Nuestro comportamiento, sustentado en determinados valores, nos ha permitido estructurar el mundo actual. Si no se aceptan, está claro que este modelo ya no podrá seguir funcionando. Como por encima de todo se proclama la libertad individual, como el gran triunfo del siglo XX, nadie se va a sentir obligado a elegir este modelo u otro. Caminamos hacia microsistemas que sobrecargarán las grandes estructuras sociales de los que se alimentan y a las que, en cambio, no nutren. Es ese relativismo lo que nos sumerge en una profunda sensación de pérdida, de abandono, y desdibuja cualquier tipo de metas o ilusiones. Veamos algunos ejemplos.

  A los doce o trece años, cualquier chico posee una información sexual -con o sin asesoramiento- que le permite ir construyendo su propio modelo de comportamiento. No hay nada taxativo, ni conveniente. La percepción de los riesgos es puramente instintiva, el límite es aquello que me puede causar la muerte que, por lo demás, se vive como un fenómeno extraño. Estos chicos no asocian sexo a nada más. Las relaciones múltiples son las más frecuentes. Se frivolizan. Se intenta que el impacto emocional sea el mínimo. La incomunicación con sus tutores, con sus modelos les lleva a paliar sus contradicciones con drogas o alcohol. Una chica puede haber mantenido doce o trece contactos sexuales, en distinto grado de implicación, durante una única noche. Eso es una proeza. La homosexualidad, la interracialidad, están perfectamente integradas. Todos aspiran a ser "iguales", ninguno a ser "individual". Entrar en un modelo productivo sólo se justifica por la necesidad de cubrir los propios gastos. Lo positivo de todo esto es que no son modelos cerrados, evolucionan y cambian, en función del proceso de maduración personal, y en función del cambio de necesidades. Sin embargo estos cambios, tristemente, se reducen a una racionalización del consumismo, se trata de obtener determinadas cosas que los hacen aún más iguales y menos individuales. Puede dar la sensación de  que llegan a integrarse. Sin embargo, como ese modelo no fue creado ni alimentado por ellos, corre el riesgo severo de perderse en el vacío, no se somete a crítica, no se fomentan nuevas ideas sostenibles. Y si ya es malo, terminará siendo peor.

   ¿Patán entre interrogaciones?, es para reflejar dos momentos de un concepto que se cruza entre las generaciones. Los comportamientos e historias que se van superponiendo a lo largo de la vida, a lo mejor, resultan totalmente reprobables desde mi propia ética, desde el punto de vista de las cosas vividas y aprendidas; sin embargo, a los ojos de otras personas, no necesariamente ubicadas en una edad o cultura concreta, pueden parecer simples cuentos, que ya no son, ni siquiera, graciosos, porque describen comportamientos que se asumen como normales.

1.- Estar con una chica o un chico es una acto natural. Se mantienen relaciones sexuales. No hay una visión prospectiva. Ella o él no prometen nada, no establecen un vínculo que vaya más allá del simple encuentro. Si él se va o ella se va, ¿son patanes?

2.-Se hace uso de la mentira, de la superioridad, de una mejor posición, para obtener una conquista. El  principio más elemental de la selección natural secundaría estos comportamientos. ¿Son patanes?

3.- A pesar de mantener una relación más o menos estable con alguien, mantienen otras relaciones simultáneas, consentidas, habladas o no. Ambos miembros de la pareja se reservan el derecho de actuar así. Hay igualdad. ¿Son patanes?

4.-Sabiendo que los sentimientos están desfasados y una parte de la pareja deja de sentirse motivada para seguir en el proyecto, ¿Será un patán si no lucha por mantener algo que ya ha pasado?

5.- Si se entra en el juego del matrimonio y la familia, ¿qué sucede con la descendencia? Es el otro modelo el que les impone ciertos compromisos cuando se rompe la unión. Esa misma imposición justifica su rechazo, por tanto, ¿son patanes si no cumplen lo impuesto, si no han cultivado vínculos afectivos profundos, si no han desarrollado los valores de la paternidad?

  Preguntemos al otro: ¿Qué piensas, qué quieres, en qué crees, qué es significativo en tu vida? Después cuenta tú, tu parte. Te sorprenderá ver en cuantas cosas coincides y en cuántas difieres -serán menos, sin duda- No serán capaces de pactar, de establecer límites, de comprometerse. Por tanto, habrá nacido otra micro-ética, válida para sus creadores, inútil para la colectividad. Con las cosas así, no hay patanes...todo es relativo.

lunes, 17 de agosto de 2009

En el día de hoy...confirmaciones, Gilia, Gilia, !Qué peligro!



   El patán, ante las sacudidas de la vida, despliega su arsenal y selecciona entre sus opciones la medicina más eficaz. Tiene la ventaja de conocer sus beneficios, su forma de actuar. Se dirige a sus amigas como el que busca el analgésico en el cajón de su mesilla. También es el momento de tirar las que ya no sirven, o de las que cree que puede prescindir. De esta manera, obtiene nuevamente el equilibrio.

  Las cosas con Mar y Leni se complicaron. No pensé en la posibilidad de conocerlas físicamente, pero sucedió. Leni es una gran escuchadora, una mujer paciente, con mucha energía, curtida en la vida, pero hemos recorrido un largo camino y es difícil sincronizar nuestros pasos. Mar representa la inocencia y la necesidad, la siento como un niño perdido que intenta aferrarse a la primera baliza que encuentre. No sabe flotar, no sabe nadar, su efecto resulta más desestabilizador que sedante. Miriam es el gran colocón. Está bien para alguna ocasión, pero nada más. He confirmado lo diferentes que somos, la incompatibilidad total de nuestros caracteres, pero es una mujer tierna, sencilla, hacendosa y complaciente...¡lástima! No me imagino un día a día junto a ella. Explicar estos sentimientos a cada una y esperar que lo entiendan y lo acepten, es lo más complicado, pero no puede ser de otra manera. ¿Soy capaz de asumir las consecuencias?

   También Marga se ha quedado fuera. Ha agotado definitivamente mi paciencia. Puedo actuar en circunstancias normales, pero en circunstancias límite, es superior a mí. Aunque tuvimos una despedida de las habituales, quizás un poco más firme por mi parte, el reencuentro se hizo inevitable. Su orgullo le impide aceptar un rechazo. Asumió el papel de víctima, adoptó la posición dominante y, al final, fue ella la que se negó a entrar. Se escapó de la gaveta. Es un medicamento fuerte, de gran efectividad, pero con demasiados efectos secundarios...mejor así.

   Rosita Garmendia ha estado a mi lado en todo momento. Un sedante suave y progresivo, realmente efectivo. No he olvidado las complicaciones que tiene su uso prolongado. Daños colaterales múltiples, incompatiblilidad crónica; en estos momentos, en cambio, es lo que mejor me sienta.


   ."..la sangre casi llega al río. Demasiados escrúpulos, demasiados principios bailando en mi cabeza. De haber sido un veinteañero aquella situación no dejaba lugar a dudas: ¿Gilia había ido para acostarse conmigo? Un poco presuntuoso por mi parte, pero se me pasó por la cabeza. No pudo ser. A pesar de que el vino que le ofrecí no le gustó -era más de cerveza- y del que yo sí me tomé unos buenos tragos, ni siquiera se acercó. Me levantaba y me sentaba constantemente buscando cualquier pretexto tonto, quería enseñarle mi trabajo, el libro que estaba leyendo, mi última adquisición culinaria. A medida que pasaba el tiempo, me fui impacientando. Le dije que era tarde, que iba a tener problemas en su casa; ella respondía que, como estaba con sus amigas, tenía una buena coartada. Logramos reconducir la conversación, salió a relucir su pareja de entonces y ya empecé a sentirme cómodo otra vez. A Gilia le gustaban los hombres altos, muy altos. Me quedaba fuera de su perfil. Me enteré entonces de que su vida amorosa había sido más ajetreada de lo que imaginaba -siempre he infravalorado la experiencia de los otros, aún siendo muy jóvenes-. Al final, resultó que tenía un pretendiente serio, alguien que le atraía más que su novio y acerca del cuál me pedía consejo. Hablamos un buen rato de cómo lo había conocido en  un campamento de verano, de sus inquietudes universitarias, de su "madurez", de las posibiidades de encontrarse al año siguiente. El malentendido se deshizo solo, emprecé a valorarla como una amiga y el desafortunado suceso de su beso imprevisto no me volvió a preocupar...al menos por un tiempo" (D.D.A.)        

sábado, 18 de julio de 2009

En el día de hoy...presentimientos


   Hace unos días me caí de una escalera. No he tenido accidentes importantes a lo largo de mi vida, sí algún que otro susto. Me di un buen golpe y la sensación fue muy desagradable. Por tercera vez, en ese momento tomé conciencia, me miré y comprobé que todavía podía mover todos mis miembros. Aunque he intentando continuar con el trabajo que estaba haciendo, no he superado el miedo.

  Ovidio decía en El arte de amar que no hay peor remedio para un corazón enamorado que una mente ociosa. Las vacaciones tienen ese inconveniente. Sin embargo, desde que adopté la actitud de aceptación, siento una extraña serenidad; el caos en el que creo que está sumida mi vida, se me figura más ligero y llevadero.

 ¿Estaré llegando al final de algo? Todo son anuncios, todo son presentimientos. Rosita Garmendia va a cumplir cincuenta años, no los aparenta. Su esfuerzo por mantener su amistad conmigo deteriora el frágil hilo que nos une -me parece absurdo cuestionarnos que somos amigos, después de tanto tiempo-. Quiere dar un nuevo matiz a nuestra forma de relacionarnos, pero caemos constantemente en una dinámica de reproches. Se quedó en un pasado en el que yo no era una persona bien recibida en su vida. Aunque ahora hago un esfuerzo por llamarla de vez en cuando, por hablar un rato con ella, ya no le gusta. Ahora se siente controlada, ¡qué lejos está de la realidad! La situación me recuerda, un poco, a esas crisis matrimoniales de los veinticinco años; resulta que ahora he sido un manipulador y chantajista psicológico, un controlador obsesivo, ¡ya vamos hablando claro!. Nuestra imaginación nos juega muy malas pasadas. Quizás nuestro deseo de alcanzar ciertas metas nos hace construir los escalones de la rampa sin que esta exista. Es como si después de mucho tiempo viviera las distintas etapas de una relación. Un principio creativo y emocionante, una meseta serena y compartida y una crisis de identidad que reclama la independencia perdida. No ha habido nada de eso, salvo en sus deseos más íntimos. Ahora recrea una etapa de crisis que no existe. Yo sí deseo ser su amigo, pero si le pregunto por su planes, por lo que está pasando, por su situación familiar, me reprocha que la controlo. ¡Nada más lejos de la realidad!

   Estoy llegando a la conclusión de que, en este momento de mi vida, sólo puedo aspirar a relaciones efímeras, mi grado de insensibilidad es tal, que me siento como alguien que va perdiendo la vista o el oído, o que se va quedando inmóvil de forma progresiva. Cuento con mi capacidad de adaptación, pero por inercia sigo jugando con los papeles que me han movido durante todos estos años. Querer correr cuando ya no puedes, eso es frustrante, pero lo práctico es no correr. 
  Mar entró y salió de mi vida con una rapidez inusual. Creo que fue mi falta de "disponibilidad" lo que la alejó de mí; voy aprendiendo a no mostrarme como el hombre al que puede acceder cualquier mujer.
   Leni sigue conversando conmigo, es una mujer prudente, honesta, me ha manifestado su deseo de encontrar un compañero, pero he sido sincero desde el principio. Está en su derecho de alentar ilusiones y yo en el de mantenerme firme. 
  Etzel, con sus sutilezas habituales, envía correos hablándome de su soledad y aislamiento, de un posible viaje para conocernos; aprecio su inteligencia, su sentido de la vida, pero no me gusta su actitud crítica, ni sus celos de prevención, su mundo, su realidad está cada vez más lejos de la mía. 
  Miriam es un junco al viento, espera que alguien la saque de su situación, pero no hace nada; es enervante su indolencia, pero es así. Un día le sugerí que debía prepararse, formarse para ubicarse mejor y conseguir un trabajo digno. Entre sus hermanas y sus sobrinas sentí una sonrisa reprimida; creo que toqué el tema que no debía. A estas alturas no sé si realmente estudió algo, su formación acaba en leer y escribir y poco más. Fue una mujer hermosa, llamativa, pero la edad le está pasando factura o, quizás, una vida no demasiado agradecida, un pasado oscuro del que ahora intenta redimirse. Sólo puedo ayudarla con pequeñas cosas, alguna gestión, algún detalle. Algo que he evitado siempre es tener en mi entorno a alguien que solo sepa expresar cariño y necesidades afectivas, mis gatitos, por ejemplo, pero ellos se libran porque son lo que son. La imagen de la mujer servil, metódica con las cosas básicas, atenta y primordial, me asusta. Miriam es sólo eso; seguramente habrá muchos hombres a los que podría hacer sentir muy felices.

   Marga sigue llorando, sigue limpiándose por dentro. Tal y como imaginaba, cada día me afecta menos. Su mundo se va desmoronando y yo soy testigo. Es una historia más de mentiras, de lados oscuros, pero creo que no es del todo consciente, creo que hay mucho de inmadurez y ahora empieza a despertar. Estoy de su lado, y en la medida de mis posibilidades la ayudo a  enfrentar su pasado, han salido cosas nuevas que llevaba guardadas como sus grandes secretos. Me esfuerzo por hacerle ver con la cabeza esas razones locas del corazón. La última vez que hablamos le dije que tenía ganas de ver el final de la historia, saber cómo va a acabar este culebrón que le está robando la felicidad y la vida...así podría contarlo. En cuanto a mí, me sorprende la serenidad con la que me lo estoy tomando, la claridad con la que veo que no me interesa y la indiferencia que sus actos me producen.

   Por primera vez en mi vida, he publicado unas fotos con la persona que creo que hoy es importante, con la que tengo un diálogo abierto, con la que me siento cómodo y a la que echo mucho de menos. Mi amigo hizo lo mismo, quizás animado por mi iniciativa. Los dos tenemos necesidad de superar nuestras adicciones. Es demoledor que si suena el teléfono o te escribe un email una mujer, inmediatamente te sientas alerta, pienses que hay una posibilidad de liarte con ella, te obsesiones ante la idea de no poderle decir que no, que tu vida no está disponible. Supongo que el mismo terror sentirá el ludópata que pasa ante un tragaperras, el alcohólico que mira la botella de reojo, el drogadicto ante la caja de pastillas. Saben el daño que les causa, pero no saben si serán capaces de evitarlo.

sábado, 4 de julio de 2009

En el día de hoy...soy todo lo que él no le da, es lo poco que necesito...




De muy antigua data es la tesis de que entre los dos sexos existen diferencias innatas que por fuerza traen aparejadas diferencias básicas de carácter y destino. La maldición del Antiguo Testamento hace propio de la mujer el que "a tu marido estará sujeta tu voluntad y él será tu señor", y del hombre, que deberá trabajar con sudor y pesar. Pero el relato bíblico también contiene virtualmente la tesis opuesta: el hombre fue creado a semejanza de Dios, y sólo como castigo por su desobediencia original del hombre y la mujer -tratados como iguales en cuanto a su responsabilidad moral- recibieron la maldición de los conflictos mutuos y la eterna diferencia. Ambas opiniones, la de su diferencia básica y la de su identidad básica, fueron repetidas a través de los siglos; una época o una escuela filosófica ponía el énfasis en una tesis, mientras otra defendía la posición contraria (FROMM E., La condición humana actual, "Sexo y carácter")
   De vez en cuando es bueno acudir a los tópicos. A fin de cuentas, lo son porque le sirven a todo el mundo. Nuestras congojas se hacen más llevaderas precisamente cuando nos identificamos con los otros, más insoportables si las sentimos como exclusivas. Es obvio que razón y pasión parecen justificar la encrucijada del amor. No es tan obvio que alguno de estos bienes se reparta en proporciones concretas entre hombres y mujeres. El corazón puede latir tan fuerte en el pecho de un hombre como en el de una mujer. Las decisiones más frías pueden albergarse, con la misma comodidad, en la mente compleja de una mujer, como en la simplicidad instintiva del hombre.

  Marga y yo hemos mantenido una larga conversación. La novedad es que cada día me siento más tranquilo. Ya no intento explicar la realidad con relación a ningún modelo, me limito a observarla y a extraer de ella lo bueno y lo malo, lo que me sirve y lo que no. Después de casi veinte años, aferrarme a valores concretos me resulta estúpido e inútil. Puede parecer una claudicación, lo es. Es la claudicación del que se adapta, se amolda para no condenarse al aislamiento y la soledad. Pero en la nueva situación siguen existiendo valores irrenunciables, lo que sucede es que carecen de la universalidad de los de siempre, de su absolutismo y tiranía. Su gran virtud es la naturaleza individual de los mismos. Mientras seamos más de uno, no estaremos aislados, pero aún como la mínima expresión de la comunidad, también nos regimos por leyes.

   Esto es lo que hay. Una mujer asustada, llena de miedo, ¿enamorada?. La idea que me tortura pertenece a otro mundo, a otra época. ¿Será verdad que cuando entregamos el corazón es de una vez para siempre?. Eso es sólo un bolero. Olvidamos, superamos los fracasos y vamos dibujando nuestra propia geografía sentimental. A unos el pasado les condicionará más que a otros, pero es su pasado y lo llevaremos siempre con nosotros hasta el último aliento. Lo cierto es que, en nuestro constante proceso de cambio, construir agota, aceptar agota pero, hay un final, hay un resultado. Si no somos benévolos con nuestros logros, sólo conseguiremos frustrarnos.

   Pensemos que "lo normal", "lo éticamente correcto" es que un solo hombre no pueda completar todas las expectativas de una mujer y viceversa. Si una relación debe ser la búsqueda de nuestra complementariedad, esto es fácilmente comprensible; nuestro nivel de complejidad personal así lo exige y no nos conformamos. Es un acto de deseo que debemos satisfacer para ser felices y sentirnos bien.

 Marga ha tenido mucha suerte, sólo falta que lo entienda y lo acepte. Hay un hombre que   despierta en ella emociones desestabilizadoras, irracionales. Es ese ser primario que la derrite con la mirada o con una leve sonrisa. Es la belleza y la arrogancia que despierta toda su dimensión masoquista, es el complemento a su elementalidad animal. No puede renunciar a todo esto porque es vital, porque está en su cuadro de necesidades. Si intentamos abordarlo desde la razón entraremos en un diálogo imposible; lo único que podremos hacer es recriminar y juzgar basándonos en nuestra diferencia de criterio, pero esas emociones íntimas y personales no nos pertenecen.

  Marga es afortunada, sólo falta que lo entienda y lo acepte. Hay otro hombre en su vida, le aporta tranquilidad, comprensión, tolerancia, seguridad. Le presta toda su atención, le da todo su amor y, además, lo desea, pero no satisface esas ansias más íntimas, más esenciales. Ese hombre representa todo lo que la razón y el sentido común pueden ofrecer. A esa parte tampoco puede renunciar, porque también compromete su bienestar.
  Goza de todo lo que necesita, su sufrimiento carece de sentido. Si luchara por conseguir el equilibrio y el control de la situación, en lugar de luchar por decantarse en un sentido u otro, se terminarían sus problemas. Sin embargo esto, como no es "normal" no puede conciliarse. La dificultad reside en que esas dos personas hablan lenguajes diferentes. Ella tiene que dialogar con cada uno en su propio código. Está claro que jamás habrá entendimiento. Es un calvario para todos, pero no puede ser de otra manera.

   Quiere estar con los dos, yo lo sé, el otro no. Sería bueno que se liberara entendiendo que yo no quiero lo que le prometo, que me basta con lo que me da, que no soy una alternativa, que eso no me pertenece. Me siento bien en mi papel, ofreciéndole todo lo que el otro no le da. Tengo justamente lo que necesito de ella; ella tiene de mí todas las cosas de las que el otro carece.

   Marga es afortunada, pero no lo sabe. Yo soy afortunado, lo sé. Ignoro en qué lugar está la otra persona. Soy todo lo que él no le da, ella me da  todo lo que necesito.

viernes, 26 de junio de 2009

En el día de hoy...entonces Gilia


   Saramago hizo la gran metáfora sobre la ceguera humana. El espacio virtual es una gran venda que se nos pone en los ojos. El otro, el que lo usa, sabe hasta dónde puede o quiere que el telón se levante. Frente a la vida real, no hay contrapartidas. Como la reacción del espectador no nos condiciona, no esperamos su aplauso o abucheo, podemos ser cruelmente transparentes. El gran teatro del mundo, el que evocaba Calderón, ahora cobra sentido y está poblado de criaturas reales, obsesivas, neuróticas, inadaptadas, enfermas...demasiado lejos de lo que algún día soñamos (D.D.A., Conclusiones)
   
  Marga está lejos. Nos limitamos a intercambiar mensajes de móvil. La animo a que lo pase bien, a que disfrute. Anoche envié a su correo un poema de Pablo Neruda. No sé si lo llegará a ver; no tiene especial interés en este tipo de cosas. Con el paso de los días noto que su entusiasmo -el que creo que no existe- va debilitándose. Quizás las cosas las esté viendo con otra perspectiva. A mí me invade una sospechosa sensación de libertad, creo que podría acostumbrarme a la idea de que estuviera lejos. Quizás, por obvia, no había intuido la solución: la distancia. Sin embargo, no es probable que, al menos físicamente, nos alejemos un tiempo razonable.

  Mar acapara toda mi atención. Nunca pensé que tuviera tal grado de paciencia. Estoy acostumbrado a que las personas cambien sus planes por razones muy simples. Sin embargo, no es frecuente que alguien cambie de opinión "porque no quiere" y que te lo exprese de esa manera. Anoche decidí que no voy a coger más el teléfono. No estoy enfadado, simplemente, no puedo dedicar el tiempo que ella necesita a sus desahogos personales. Hace tiempo conocí a alguien; tenía la intención de establecer un diálogo, pero por mucho que me esforzaba, sus correos y los míos nunca se encontraron; lo di por imposible aunque soy consciente de que también hizo su esfuerzo. El caso de Mar no sé todavía cómo catalogarlo, ella no parece tener prisa.
  
  Monta un viaje para descansar. Quiere traer a su hijo. El día antes me envía un correo diciendo que prefiere que no la vaya a buscar al aeropuerto; busca algunas justificaciones relativas a su seguridad. Ese mismo día, por la tarde, vuelve a llamar, está en la cama, con mareos, con desarreglos de todo tipo ( me hace la lista de todos sus males: hipotiroidismo, tensión muscular con contracturas, desvanecimientos, encefalopatías, alteraciones hormonales...). Seguramente yo me habría inventado una simple gripe, pero ella no miente...más de lo normal y ésta es su auténtica fotografía. Consigue que justifique la cancelación de su viaje, de nuestro encuentro. Mi primera reacción fue la de salir corriendo, la decir punto y final con una gran sensación de alivio. Estoy seguro de que lo comprendería. Pero esta factura también tengo que pagarla.

   Todos estos días de temores, de miedos a la recaída, de darle vueltas a la conveniencia o no de ese encuentro que organizó ella, se derrumban. No se va a producir, ha sido su decisión. Las cartas se ponen boca arriba. Todo resultaba demasiado fácil, demasiado evidente. Me ha dado por donde más me duele. Ha captado mi desinterés - su desinterés-  Lamentablemente no es alguien especial, pero ha estado a punto de desviar mi atención dejándome poner en un lugar por encima de ella. Sin embargo, tiene las cosas muy claras y estoy muy lejos de lo que busca, si es que realmente quiere encontrar algo. Cuando en la vida se tiene de casi todo, el amor se puede convertir también en un objeto de consumo. Pero nadie que se enamora de un televisor de última generación siente la necesidad de eliminar los demás aparatos de su casa que están en pleno funcionamiento. Sin embargo los objetos no piden, no se quejan, no se sienten frustrados si se les da mayor o menor uso, las personas sí.

   Gilia cumplía los dieciocho en diciembre. La esquivaba por el Instituto, pero esa situación empezó a ser bastante incómoda. Aunque no le pedía que dejara de ir a casa, siempre que intuí esa posibilidad, desaparecía. No fui a  su fiesta, aunque insistió mucho, no me veía en aquel grupo. Con Chantal y sus amigos recreaba una especie de clima bohemio con un toque francés en un bar cercano; se hizo casi habitual y allí Gilia no entraba. A final de curso, sobrecargada por los exámenes, me pidió que le echara una mano con su eterno tormento, la filosofía. Me gustaba recordar las cosas que había aprendido sobre la historia del pensamiento y, sobretodo, me gustaba sentirme especialmente admirado por saber todo lo que ella necesitaba sin necesidad de mirar un sólo libro. Al principio fue un Viernes; no pasó nada, es más tuve la sensación de que se había olvidado de todo aquel episodio y que realmente sólo quería que la ayudar a repasar. Le dije que todavía tenía que dedicar bastante tiempo para tener el examen preparado. Me propuso volver al día siguiente.

  "-Ya es un poco tarde, deberíamos dejarlo. En tu casa se van a pensar cosas raras. -No te preocupes, le dije a mamá que, después de estudiar ,iba a salir con las amigas. -Y, ¿a qué hora quedaron?. -¿Tienes prisa?.- Por mí no, pero quiero cenar algo, ¿te apuntas?-. -Bueno, no tengo demasiado apetito, tengo que cuidar mi línea-. -Voy a preparar algo y no te vas a poder resistir-" 
    
    "Me fui a la cocina. Ella miraba la tele. Alguna vez había mencionado que le encantaba la comida china y lo había dicho que me parecía una auténtica porquería.  Tenía en la nevera pollo y champiñones y todos los aderezos necesarios. De vez en cuando le preguntaba si estaba aburrida a lo que contestaba que se sentía muy a gusto. Apagó el viejo televisor y vino a la cocina. Me preguntó si podía tomar algo. Teníamos que irnos de allí inmediatamente."   (D.D.A.)

miércoles, 17 de junio de 2009

En el día de hoy...una recaída


  ¿Una recaída? Creo que en ningún momento he dejado mi adicción. A diferencia del alcohólico o el drogadicto, en esta situación no te alejas de ninguna sustancia. Llega un momento en que no sabes  si esto es bueno o malo, sigues dejándote llevar; si no fuera por las consecuencias, creo que es una forma un poco estúpida de perder el tiempo. 

  Las últimas semanas con Marga, aparentemente, son el reflejo de su intento por dejar la otra relación. Es un análisis racional de la inconveniencia de la misma. Sin embargo, sigue paralizada. Su novio se fue de viaje unos días; con el cinismo que le caracteriza, le confesó que se marchaba con su pareja oficial, porque ella se lo había pedido. Ese fin de semana se mostró creativa conmigo, estuvo relajada, no sonó el teléfono y se quedó en casa más tiempo de lo habitual. Creo que, sin embargo, en ningún momento dejó de pensar en él, pero estaba conmigo. Cuando volvió el domingo, ya cambió totalmente su actitud; tuvimos la ocasión de pasar la tarde juntos, como hacíamos antes, pero la cercanía del otro, la espera de novedades la volvió a sumir en la rutina. Yo me limito a usar frases hechas que hablan de la necesidad de ser felices, de la fugacidad del tiempo, de lo absurdo de las complicaciones. El colofón es, siempre, que ella y yo podríamos formar la pareja perfecta, aunque ya no me lo creo.

  "Lo de siempre. He contactado con dos chicas que viven aquí cerca. Son mujeres maduras, con unas vidas hechas. Una se llama Leny, no me preocupa demasiado, le he escrito un correo en donde me muestro ambiguo y reticente. Pero no he sido claro. Simplemente me he limitado a no hablar de mi vida privada. Sí es verdad que llamó el domingo por la mañana. Estaba todavía en la cama y le dije que era muy agradable hablar con alguien en aquellas situación sin tener que refunfuñar o discutir. Me esfuerzo en ser agradable, pero -y creo que es por su edad- no me interesa liar más las cosas"

  "La otra chica es una señora, un poco más joven que Leny, se llama Mar o María del Mar. Pensé que no iba a tomar iniciativas, pero ha decidido venir aquí, a pasar unas mini vacaciones para conocernos. Al menos, eso es lo que dice. Me llama varias veces al día y sostenemos largas conversaciones; intento ser educado. Podría llegar a ser una buena a miga, pero no lo creo. Lanza mensajes ambiguos sobre sus intenciones, quiere alejarse de su exmarido, empezar una vida en otro lugar. Tiene una buena pensión. Me ha enviado muchas fotos, es una mujer guapa, al menos su cara, pero ya me ha advertido que está un poco llenita. Creo que va a por todas, y no la veo reticente a meterse en la cama conmigo, todo lo contrario"

  "Me gustaría poder hablar con Mar de Marga, pero quizás es un poco prematuro; quiero ver hacia dónde van las cosas. Todavía creo que puedo enamorarme. Recuerdo otras historias. Físicamente me gusta. Habla demasiado, sin parar, pero son cosas intrascendentes, creo que las podré llevar bien. De entrada, al menos, no me está costando nada. Eso es nuevo, ¡qué bien!. Me regala unas vacaciones por todo lo alto. Quizás me esté utilizando. No se ha ganado un espacio en mi intimidad. ¿Cómo explicarle que estoy buscando una compañera si aún no he resuelto una historia que se alarga desde hace más de cuatro años?. Creo que lo "correcto" sería decir: "Hola, estoy hasta las narices de mi pareja actual, ni come ni deja comer; me es infiel, yo le he sido infiel, pero todavía nos queremos, a trancas y barrancas, pero nos queremos. Aposté con ella para tener una relación estable, invertí mi patrimonio, me he deshecho en atenciones para que todo funcione; aunque empezó muy bien, a los seis meses me dijo que había otra persona, y hasta la fecha; ella dice que quiere dejarlo pero, una y otra vez, vuelve a recaer. Desde que sucedió esto, me he dedicado a buscar chicas -ella no sabe nada, nadie sabe nada-. Bueno, pues si te interesa ser mi próximo intento, aquí estoy; no te garantizo nada, no ejerzo control sobre la voluntad de Marga, tengo que estar pendiente de ella, de sus llamadas. Está convencida de mi fidelidad y estabilidad, no puedo decepcionarla. Pero si esta relación marcha, si esta relación me motiva, Marga será historia. Sólo espero que esta vez no se interponga. ¿Cómo no se va a interponer? Está, no puedo salir con nadie más, no puedo hacer nada a ese nivel. Mi grado de agotamiento es tal que se han muerto mis ilusiones, pero, así y todo, quiero que lo intentemos, ¿te apetece?" (D.D.A.)