viernes, 15 de mayo de 2009

En el día de hoy...amor y sufrimiento, nada original.


   Marga se acaba de marchar. No quisiera estar en su piel. Lo que le está pasando me duele como si fuera a un hijo mío. ¿Es eso amor incondicional?. Ahora espero  que me llame, no sé si al final lo hará. Muchas veces decimos que la realidad supera a la ficción, es un tópico, y no me gustan los tópicos. Pero puede que sea así. Creo, no obstante, que es un problema de modelos y de referencias, cada cosa es o no es en función de algo. No es fácil salir de esos moldes, aunque el sufrimiento nos pueda llevar a la locura y la parálisis. Marga es la persona con la que hoy comparto los espacios de mi vida; a ella llegó con las lesiones del tiempo y la amargura de los desencantos. Todo estaría bien si no fuera porque está enamorada de otro, muy enamorada.
  
  Voy teniendo la certeza de que estamos al final. Sin embargo, siento una gran paz interior. He hecho todo lo posible; como otras muchas veces, me olvido de mi papel real en una relación. Todavía la deseo un poco, pero sólo eso. Ahora soy, simplemente, quien intenta convencerla de que es mejor que luche por su otra relación. Aunque mis sentimientos y emociones me controlen, sé perfectamente que no soy capaz de afrontar un compromiso. Parece que "estructuralmente" estoy diseñado para agotar las relaciones, para que ellas se enamoren mucho de otro, y yo me sienta liberado cuando vea que se van. Me han dado lo mejor, o lo que yo necesito. Lo demás es agotador.
   
  Quizás, mi forma de reaccionar ante un disgusto es mucho más peligrosa. Yo no grito, yo no me enfado, intento ser comprensivo. Eso despista y es una maniobra desconcertante. A veces, consigo mis propósitos, mostrarme mejor que el otro para que se acerque a mí. Otras veces, la fuerza de la verdad me hace desistir. El otro, el que maltrata con insultos, el que dice lo que no le gusta, el que ataca y humilla, por muy canalla que sea, está plantando batalla a pecho descubierto. Eso indica valentía, pero cuando el rival es un igual, no cuando el rival es una persona mucho más débil.  En esa situación, al menos, nos equiparamos, yo por esconderme y él por abusar. 
  
   Marga es una mujer maltratada. No la abofetean, ni la golpean a puño cerrado, pero la llaman  puta, zorra, malnacida, ignorante, burra...y eso delante de mí. Porque le he pedido que no se vaya a hablar a la otra habitación cuando estamos juntos y él la llama. No sé si las cosas entre nosotros habrían ido bien, serían más hipócritas quizás, pero en este momento de mi vida me siento con la fuerza suficiente como para intentar ser coherente con todas las cosas que le he prometido.  Esto no se arreglará por mucho que lo desee, es sólo una  ilusión; si el otro no estuviera, hace tiempo que, quizás, ya habría perdido el interés por ella. Mi única satisfacción es que, en el espacio que hemos compartido, en mi teatralidad, le he mostrado que existe una cara amable en las relaciones, que el amor es posible, que el respeto hacia el otro, a su espacio, a su intimidad, a sus necesidades, son las armas fundamentales para una buena convivencia. 
   
  Llevamos casi tres horas intercambiando llamadas, algunas mientras estaba aquí; las otras desde su casa, él llama, ella me llama, yo espero. Ya nos despedimos, ha sido más frío que otras veces. La carta que me enseñó, la carta que no le envió, pero que él leyó porque tiene la contraseña de su correo, ha sido su gesto más generoso y hermoso para conmigo. En ella le dice lo mucho que le quiere, lo mucho que ha deseado tener un proyecto de vida con él, le expresa su firme deseo de olvidarlo porque lo considera un mal hombre, un ser despreciable, pero se muestra como alguien indigna de él, alguien que es "poca cosa", que lo reconoce, aunque sus sentimientos sean sinceros y puros. Cuántas veces me ha abandonado por una llamada, cuántas veces ha cancelado una cita o ha roto un momento de intimidad por no darle motivos de sospechas. Mi tolerancia es mi castigo. Voy pagando mis deudas. 
   
  Ahora, incluso,  este individuoa se justifica porque reconoce abiertamente que hay otra mujer en su vida. En lugar de castigar su mentira, hablan del sentido de esa situación, no abandona. ¿Èl es valiente porque lo confiesa? Yo me he tenido que ganar su confianza sacrificando muchas cosas. Pero se ha dado vuelta la tortilla, nadie ha conquistado realmente mi corazón después que está ella. Me devolvió la calma, me devolvió las ilusiones. Pero ella ya quería a otro y eso no lo he podido cambiar. Pero, insisto, una sensación de paz y tranquilidad me invade, me inunda.
   
  Cada vez está más lejos de mí, cada vez, este sufrimiento está próximo a terminar. Así debe ser. Supongo que yo también olvidaré. Que un día seremos amigos o no, pero ya no será mi decisión. En el fondo es una víctima por partida doble, por mi parte y por la de él. Yo debo retirarme discretamente, mientras mi dignidad esté a salvo; guardaré para mí esa otra parte fea que no me he atrevido a mostrarle . Lo menos que puedo hacer es descargarla de su sentimiento de culpa, librarla de toda responsabilidad. Hay o no hay amor, no es culpa de ella.
   
   Creo que hemos ganado en racionalidad, los poetas malditos se enamoraban de mujeres casadas y, ante la imposibilidad de su amor, se suicidaban. Madame Bovary, la Quijote femenina, hizo lo mismo porque no pudo soportar la ignominia de su adulterio...pero lo disfrutó. No vivimos los tiempos del amor romántico, ahora vivimos los tiempos de la serotonina y la cortisona, de la sertralina y las benzodiazepinas. Es mucho más prosaico, pero mucho más real. Lo vamos a llamar como más nos guste. Ya me cansé de mi idealismo salvador, quiero vivir mi vida, quiero ser feliz, sin Libros de Caballería, con mi semblante feo y corriente, pero con toda mi dignidad de ser y existir.

                             Para mi querida Claudia, de las pocas personas que creo que han entendido algo de mi personalidad.    

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