lunes, 11 de mayo de 2009

En el día de hoy. El bicho raro.


   El pasado debe abordarse. No para quedarse en él y dar vueltas sobre sucesos que nos han afectado; esto lleva a la neurosis. El pasado debe abordarse como el que revisa los cimientos de una casa. Cuando detectamos la causa de algún problema actual, buscamos las soluciones e intentamos que la casa siga funcionando. De nada sirve inculpar al albañil porque en su momento no construyó como debía.

   Nuestra naturaleza, nuestra dimensión física, nuestro cuerpo viene a ser la finca sobre la que construir. Los materiales los aporta la cultura
   
   Me educaron, o aprendí, que la unión de un hombre y una mujer tiene como finalidad la perpetuación de la especie. El modelo social fue el del matrimonio. El matrimonio implicaba una elección, más o menos inteligente, de una pareja. Esta elección era única y para siempre. Se establecían una orientaciones aproximadas sobre los criterios de elección, por ejemplo, la edad más conveniente para la toma de la decisión, que no existieran rasgos manifiestamente antisociales en la otra persona; el amor, los sentimientos, en realidad, y, a pesar de todo, eran ingredientes que se daban por supuesto. 

   La fidelidad se impone como un requisito para algo que tenemos que conseguir. Pero en la vida hay muchas tatajos para llegar a comprender exactamente la naturaleza de las cosas. Para casarte tenías que ser fiel, aún en fase de ensayos, aún en los primeros noviazgos porque todo estaba enfocado hacia la misma dirección. No sabía nada de amor, no sabía nada de respeto, no sabía nada de afecto y sentimientos. En los libros de mi juventud no se hablaba de esas cosas. En las familias de mi tiempo, o había otras prioridades, o los niños no tenían nada que ver con esos asuntos.
 
   Todo modelo que anula lo individual, todo modelo que proscribe lo diferente destruye a quien lo cuestiona. Nadie nos invitó a ser originales, a explotrr nuestra propia naturaleza; nos invitaban a ser un todo, de acuerdo con unas normas y unos modelos. Los mecanismos sobre los que se construía el modelo social eran dos, la castidad sacerdotal o el matrimonio. Terriblemente simple y efectivo. Es como cuando el arquitecto diseña un proyecto y debe ejecutarse en todas las circunstancias, sin opciones a cambio alguno. ¿Imaginan un gran rascacielos en terreno arenoso? Moldear la personalidad es un arte. Contamos con los materiales, nuestra naturaleza e inteligencia. Somos el solar dónde ha de construirse la casa. No cualquier casa, sino la que mejor se adecue a las condiciones de ese solar. Si no, nadie podrá garantizar que ese edificio se mantenga en pie o que pronto empiece a mostrar sus patologías.
 
   Afortunadamente, la conquista de la libertad individual ha progresado mucho. En los grandes sistemas sociales se van abriendo  mas nichos en los que dar cabida a quienes tienen sus propias opciones de vida, acordes con su naturaleza. Hoy podemos comprender mucho mejor las razones que rigen el comportamiento y las decisiones dentro de la pareja. La educación es fundamental para que el individuo comprenda su geometría, su forma. Sólo así, podrá ubicarse con precisión en el espacio que le corresponde. Es muy simple. Tomemos una plantilla en la que hay troquelados un triángulo, un rombo, un cuadrado, un círculo y algunas otras figuras más complejas. Ahora tomemos las formas correspondientes que han de adaptarse a los dibujos troquelados. Este es uno de los primeros juegos de lógica que se regala a los niños. El cubo entrará por la forma cuadrada, el cilindro por la forma redonda y así sucesivamente. Cualquier figura puede entrar por uno de los troqueles, pero el troquel o la figura sufrirán y se romperán. Es premisa obligatoria que las personas conozcamos nuestro contorno y  que determinemos si encaja en alguno de los modelos en la medida que somos individuales; si no es así, las opciones serían: quedarnos fuera (no soportamos el aislamiento), entrar por cualquiera (nos amoldamos y nos alejamos de nuestra propia esencia a costa de sufrimiento e inadaptación),  creamos nuestro propio troquel (si se supera el miedo al rechazo y a la expresión de la propia originalidad, sería, sin duda, la opción menos mala. 

  

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