martes, 19 de mayo de 2009

Fin de un capítulo...comienza la vida....(I)


 Al volver de aquellas vacaciones no vi inmediatamente a Belén. Pasaron un par de semanas hasta que nos volvimos a encontrar. Aunque intenté mantener la apariencia de normalidad, algo empezaba a no ir bien, su intuición no la engañaba, yo sí. Estaba nervioso por la proximidad de las oposiciones. Belén adoptó el papel de ama de casa, me preparaba la comida y se hacía cargo de cosas cotidianas el tiempo que compartíamos, básicamente, para que yo estudiara. Percibía su malestar y eso generaba mucha tensión entre nosotros. A partir de aquel fin de semana, mis visitas se distanciarían.

"Estudiaba en una habitación que estaba bajo la casa de mis padres. Aunque me concentraba sin dificultad, porque estaba muy entusiasmado con mis posibilidades de aprobar, me mantenía un poco alerta. Mi madre era la encargada de recibir las llamadas. Con Belén tenía un trato muy familiar, aunque aún no se conocían en persona. Ana resultaba una intrusa, fueron muy pocas las veces que descolgué el teléfono para llamarla. Lo más cómodo era hablar de amigas, de compañeras. No me hacían preguntas, probablemente porque era un hombre y, el que me llamaran varias chicas, era completamente normal. en mi casa. De haber sido una de mis hermanas, las cosas habrían sido muy diferentes"  (D.D.A.) 

   Un día me llamó Belén. Tenía que ir a verla urgentemente. Aunque ya estaba acostumbrado a su alarmismo, el mundo se me vino encima; a punto de opositar, era lo que menos esperaba, pero su salud estaba en juego.  Afortunadamente, todo quedó en una falsa alarma. He llegado a pensar, incluso, que Belén, en una estrategia para que no se perdiera nuestra historia, quiso darle una vuelta de tuerca.  Siempre pensé que era medio bruja, "la bruja de Femés" y que con sus pócimas y maleficios quería robarme el alma. Visto con cierta perspectiva, creo que es la misma sensación que he vuelto a tener después, en otras situaciones. A lo mejor es verdad, hay mujeres buenas y mujeres malas, ángeles protectores y detractores. Cuando no alcanzo a entender algo con la razón, uso la imaginación, vuelvo al mundo de los chamanes. Quiero sentirme otra vez un poco troglodita.

   Salí tan afectado de este incidente, que me refugié en Ana Montenegro. Ya había complicidad, y Belén salía alguna vez en nuestras conversaciones; como estaba algo resentido, adopté el papel de víctima, le contaba que me acosaba, que intentaba forzar  la relación  que yo había dado por terminada y que, seguramente, era una cuestión de interés, porque mi situación laboral había cambiado y, ahora, contaba con recursos. Creo que esto le terminó de abrir las puertas. Mucho más experimentada y culta que Belén, sosteníamos conversaciones sobre lo que realmente me preocupaba en aquel momento: mis oposiciones. Como premio, me ofreció un viaje en verano por toda Europa, cuando saliera de aquel trance. Nos lo pasaríamos genial, 

    En estos momentos de mi vida me sentía libre para hacer lo que me diera la gana. Poco me importaban los sentimientos de las personas que estaban a mi alrededor. Sí me fui acostumbrando a la compañía de una mujer, de Belén, teníamos un lugar, vivíamos nuestra propia vida, aunque con la intermitencia de la separación. La relación había perdido mucha fuerza: siempre tuve la sensación de haberle dado el premio a Belén y habérselo arrebatado a Carmen Rosa. Ana Montenegro era una especie de venganza. Con ella tenía un poco más de libertad, la sentía más independiente a la hora de cualquier complicación. Sin embargo, la distancia nos impidió hacer más cosas juntos. El calvario que había pasado para estabilizar mi relación con Belén, aún me dolía, y no quise profundizar en la relación con Ana Montenegro; me limitaba a seguir su juego, a atender con cierto entusiasmo sus llamadas y a hablar de algunos planes. Belén siguió ignorando esta situación, también tenía su propio juego, estaba más cerca de mí, podíamos vernos con más frecuencia, había muchas cosas de ella que me seguían gustando. En términos de necesidad, estaba convencido de que Ana Montenegro seguiría con su vida tarde o temprano; no lo tenía tan claro en el caso de Belén. 

   Llegaron las oposiciones, fueron unos días terribles, de tensión y de nervios. Pero todo salió bien. Llamé a mi casa para dar la noticia. Deambulé algunos días por las calles de aquella ciudad que no conocía bien. Me sentía como alguien al que acaban de liberar después de un largo secuestro. Totalmente desorientado. Me di mi primer capricho: comprarme un teclado eléctrico. Luego, tenía que tomar una decisión. Ana me estaba esperando para irnos de viaje por Europa, a Belén, a pesar de la insistencia de mi madre, ni siquiera la llamé. Fui a la agencia de viajes para tomar un billete y reunirme con Ana, pensé que todo iba a salir como habíamos planeado. En el último momento, cancelé el viaje: con un telegrama y sin ningún pretexto, le dije que no quería ir. Realmente deseaba volver a mi casa, descansar un poco y, luego, ya se vería.

    De Ana no volví a saber hasta unos años después. No por ella, sino por un amigo. Se había ido a recorrer mundo con un empresario. Conoció, luego, a un médico, pero como las cosas no les fueron bien, estaba atendiendo un bar en algún lugar de Suiza.
  
   No me resultó complicado convencer a Belén de por qué no la había llamado al terminar las oposiciones, simplemente estaba en estado de shock. La promesa de que ese verano iría a verla y nos pasaríamos unos días juntos en algún lugar bonito, despejó todas las dudas. Mi vida parecía otra vez en orden. Con mi estabilidad laboral y mi novia, mi única novia, me sentía bien. Ana había salido de mi vida y de mi memoria.        

lunes, 18 de mayo de 2009

En el día de hoy...la aventura de la mujer y el hombre.

   Cuatrocientos mil años de evolución. Siete u ocho mil de cultura. Cinco mil nueve de cultura escrita. Son referencias que nos sirven para comparar al individuo de hoy,con los primeros homínidos. Quizás sea verdad que en la actualidad sabemos muchas cosas, que con nuestra inteligencia hemos logrado controlar el medio y crear unas condiciones que permitan que nuestra adaptación sea menos traumática. Pero, también, ignoramos otras muchas. Aceptar esa limitación es un gesto de humana humildad.

   Educar, como dice un entrañable y sabio paisano, es "meter en vereda", "colocar en un camino" porque, cuando nacemos, somos, casi, puro instinto. A lo largo de la vida podemos enmascarar, disfrazar o utilizar cualquier recurso que nos permita la integración en el grupo, que nos dé la posibilidad de no quedarnos aislados. Una conducta es buena o mala si se adecua al código que la ha propiciado. Las acciones humanas se juzgan desde parámetros culturales, no desde parámetros biológicos Por eso, lo que está bien en un entorno, está mal en otro. Sin embargo, como seres humanos, nuestros impulsos básicos son los que motivan nuestros actos. Juzgados o analizados desde ese punto de vista, el cristiano, el judío, el musulmán o el hindú, actúan para cubrir sus necesidades esenciales; sus culturas correspondientes les dictan cómo hacerlo.

 Si volvemos a nuestra naturaleza, somos seres vivos que necesitamos integrarnos y reproducirnos. Son nuestros imperativos biológicos, así de simple. La integración en el grupo depende de las capacidades individuales, de las posibilidades de aportar para recibir. De la relación amplia con diversos miembros de la comunidad, pasamos a la relación especializada con miembros concretos que nos permiten la reproducción. Aunque las motivaciones de los hombres y las mujeres sean diferentes, en ese proceso de integración y de relación especializada, se obtiene un grado de satisfacción que hoy llamaríamos felicidad. Como organismos, nuestro buen funcionamiento depende del grado de satisfacción que obtengamos de esas  necesidades básicas y de la protección contra factores que puedan poner en riesgo este proceso. Comer y amar, grosso modo, podrían resumir nuestras aspiraciones como seres vivos. Tanto para una cosa, como para la otra, la socialización es imprescindible.

  Todo esto es obvio, y no me siento cualificado para profundizar más sobre el tema. Sin embargo, para enjuiciar nuestras conductas, resulta una salida bastante cómoda y las soluciones también serían fácilmente articulables. Seguramente la idea de reducir la actividad humana al simple hecho se saciar nuestro apetito y de reproducirnos, puede parecer algo disparatado. Pero si todos nuestros actos están regidos por una motivación, quizás alguien tendría ganas de seguir dándole vuletas y podría llegar a esa conclusión.

  El que un hombre quiera y desee copular con diversas mujeres está en su naturaleza. El que una mujer se permita elegir a un hombre entre varios para garantizar una prole sana y fuerte está en su naturaleza. Sí, somos animales, disfrazados con el manto de la educación, de la cultura, pero básicamente animales. La infidelidad, por tanto, es un concepto antinatural (cualquier zoólogo nos incluiría entre las especies no monógamas)

   La historia está llena de ejemplos en los que los actos de las personas se consideran "crueles", cuando, en realidad, son simples manifestaciones de sus instintos primarios. Los hombres siempre han luchado por conservar a la pareja que han elegido. Sólo han variado los métodos, su grado de sofisticación, pero, básicamente, cuando un hombre se enfrenta a otro por una mujer, es una lucha a muerte, física o mental. Aunque el tiempo del garrote o el machete deberían haber pasado,  los crímenes pasionales siguen siendo una realidad. Sólo la educación y la cultura nos impiden tomar una escopeta y pegarle un tiro al individuo que se está beneficiando a nuestra compañera. Dialogamos, vamos al psiquiatra, desarrollamos estrategias frente a la pérdida; así  la integridad física de nuestros enemigos se ve menos amenazada. Nosotros no iremos a la cárcel, pero el golpe está dado. No nos engañemos, se ha vulnerado nuestro principio funcional,  a nuestro mecanismo de subsistencia se le han perdido o roto elementos; el proceso de reparación implica un coste que merma nuestra calidad de vida y la recuperación no siempre está garantizada.

   La lucha de las mujeres ha sido también terrible, pero desigual. Los hombres pronto nos dimos cuenta de la superioridad fisiológica de la hembra, y nos apresuramos a construir un mundo de leyes restrictivas para someterlas. Nuestro poder se basó siempre en la familia como unidad, en los hijos que ampliaban y multiplicaban nuestras capacidades. Sólo las mujeres podían darnos los hijos, eran la fuente de la subsistencia. La posesión de esta fuente y su defensa, por encima de todo, nos convirtió en celosos dominadores empleando como argumentos la fuerza física, en lo único con lo que podíamos marcar alguna diferencia.

   Pero el hombre se olvidó de algo, de que el progreso intelectual no era una cuestión de géneros, que las mujeres serían capaces, con su inteligencia e intuición, de amenazar el Imperio del macho. Cuando capta esa amenaza, empieza una cruzada en la que el mundo debe regirse por las necesidades masculinas, reduciendo la misión de la mujer a sus aspectos puramente funcionales. Hoy, todavía quedan muchos hombres, que no se han enterado de que ese reino del macho hace mucho que cayó. Y lo peor es que la tradición, sostenida por el largo brazo de las religiones, se  niega a reconocer esta realidad.

  En la aventura del hombre, en la lucha por la vida, la energía vital de la mujer se ha manifestado de formas terribles. No sólo asesinan a sus maridos infieles, sino que, incluso, matan a sus propios hijos como el acto último de rebeldía. El hecho de que podamos considerar estas situaciones de "excepcionales" es, simplemente, una cuestión de posibilidades. En la lucha cuerpo a cuerpo, en la intimidad de la pareja, la mujer está en inferioridad de condiciones. Por eso, huye, se escapa, hasta que, finalmente, es sacrificada física o socialmente por su comportamiento. Si tu marido no te mata y logras dejarlo, puede que ya no tengas una nueva oportunidad, serás una "puta", una "zorra"; si encuentras una pareja, al limitarte en tus posibilidades de relación social, es muy probable que sufras el estigma de tu acción y vuelvas a ser víctima de aquello de lo que escapaste.

   Vivimos tiempos de concienciación, vivimos tiempos de medios y de información. Pero cambiar un modo de pensar y de actuar que está dictado por imperativos biológicos, requiere un esfuerzo ímprobo que comienza con una reeducación total de los papeles que el hombre y la mujer desempeñan en la sociedad. Una reeducación que muestre la esencia de la naturaleza humana, que obligue al individuo a reconocer sus límites y posibilidades y que ofrezca un catálogo amplio de opciones para la realización personal que no se basen exclusivamente en el modelo de la pareja que hasta ahora se ha sacralizado.
 
  
   Estamos acostumbrados a obtener las cosas que queremos, normalmente las compramos. Hablamos de objetos. Los objetos nos producen ciertas satisfacciones, pero no piden nada. Un piano me permite disfrutar con la música que creo en él; no pide nada a cambio; si intento conservarlo, es cosa mía, es por mi interés, el piano no interactúa conmigo ni debo preocuparme por su bienestar.
   
   A nivel subconsciente, si el buscar una pareja se convierte en un acto para cubrir nuestras necesidades afectivas, no difiere mucho del acto de comprar un piano. Pero la realidad es que una mujer o un hombre no son un objeto, demandan en la medida que dan. Esto supone un sobreesfuerzo para que la relación funcione, la inversión personal es muy alta. Quizás no podamos pagar el precio justo. Quizás no todos estemos preparados para aceptar que las cosas son así. Reconocer esto genera frustración y, a pesar de todo, intentamos conseguir nuestro objetivo. Las consecuencias son las que conocemos. Nuestro piano se desafinará, no sonará bien, nos creará problemas y resultará caro repararlo; al final lo despreciamos y arrinconamos, nos aburrimos de él y, seguramente, terminaremos sustituyéndolo por otro.


"LAS PERSONAS NO SON OBJETOS. LAS NECESIDADES PROPIAS SON TAMBIÉN LAS DEL OTRO. NECESITAMOS RELACIONARNOS CON EL GRUPO O CON EL INDIVIDUO. ESA RELACIÓN ES ENRIQUECEDORA, DEBE SER UNA SUMA DE RASGOS QUE SATISFAGAN LAS NECESIDADES MÚTUAS. NUNCA PUEDE BASARSE EN LA DOMINACIÓN O EN "EL TU TE QUEDAS PORQUE LO DIGO YO Y A CUALQUIER PRECIO". SI NO ERES CAPAZ DE DAR LO QUE RECIBES, BUSCA OTRAS ALTERNATIVAS, PERO RESPETA LA VIDA DEL OTRO COMO SI FUERA LA TUYA. NO ESPERES A QUE LA OTRA PERSONA DÉ SEÑALES DE LO QUE VA MAL. DEBES APRENDER A VERLO POR TI MISMO." (D.D.A.)


  Creo que esta consigna debería estar colgada en muchos sitios, que los niños y niñas en las escuelas deberían memorizarla e interiorizarla hasta el punto de borrar de sus mentes modelos caducos de relaciones basadas en la desigualdad y la imposición.

       "Hombres y mujeres son libres para relacionarse, aunque esto se olvida con frecuencia; esa libertad se las da la cultura, la formación, el conocimiento. Elegir una pareja no es comprar un piano, una casa o un coche, es sumar conciencias para un proyecto más rico que el individual. Es un acto de voluntad y en ese acto deben pactarse las condiciones para que pueda funcionar. La fidelidad, puede encontrarse o no entre esas condiciones; y si está, y no se es consecuente con ella, entonces el proyecto debe revisarse o disolverse." (D.D.A.)

viernes, 15 de mayo de 2009

En el día de hoy...amor y sufrimiento, nada original.


   Marga se acaba de marchar. No quisiera estar en su piel. Lo que le está pasando me duele como si fuera a un hijo mío. ¿Es eso amor incondicional?. Ahora espero  que me llame, no sé si al final lo hará. Muchas veces decimos que la realidad supera a la ficción, es un tópico, y no me gustan los tópicos. Pero puede que sea así. Creo, no obstante, que es un problema de modelos y de referencias, cada cosa es o no es en función de algo. No es fácil salir de esos moldes, aunque el sufrimiento nos pueda llevar a la locura y la parálisis. Marga es la persona con la que hoy comparto los espacios de mi vida; a ella llegó con las lesiones del tiempo y la amargura de los desencantos. Todo estaría bien si no fuera porque está enamorada de otro, muy enamorada.
  
  Voy teniendo la certeza de que estamos al final. Sin embargo, siento una gran paz interior. He hecho todo lo posible; como otras muchas veces, me olvido de mi papel real en una relación. Todavía la deseo un poco, pero sólo eso. Ahora soy, simplemente, quien intenta convencerla de que es mejor que luche por su otra relación. Aunque mis sentimientos y emociones me controlen, sé perfectamente que no soy capaz de afrontar un compromiso. Parece que "estructuralmente" estoy diseñado para agotar las relaciones, para que ellas se enamoren mucho de otro, y yo me sienta liberado cuando vea que se van. Me han dado lo mejor, o lo que yo necesito. Lo demás es agotador.
   
  Quizás, mi forma de reaccionar ante un disgusto es mucho más peligrosa. Yo no grito, yo no me enfado, intento ser comprensivo. Eso despista y es una maniobra desconcertante. A veces, consigo mis propósitos, mostrarme mejor que el otro para que se acerque a mí. Otras veces, la fuerza de la verdad me hace desistir. El otro, el que maltrata con insultos, el que dice lo que no le gusta, el que ataca y humilla, por muy canalla que sea, está plantando batalla a pecho descubierto. Eso indica valentía, pero cuando el rival es un igual, no cuando el rival es una persona mucho más débil.  En esa situación, al menos, nos equiparamos, yo por esconderme y él por abusar. 
  
   Marga es una mujer maltratada. No la abofetean, ni la golpean a puño cerrado, pero la llaman  puta, zorra, malnacida, ignorante, burra...y eso delante de mí. Porque le he pedido que no se vaya a hablar a la otra habitación cuando estamos juntos y él la llama. No sé si las cosas entre nosotros habrían ido bien, serían más hipócritas quizás, pero en este momento de mi vida me siento con la fuerza suficiente como para intentar ser coherente con todas las cosas que le he prometido.  Esto no se arreglará por mucho que lo desee, es sólo una  ilusión; si el otro no estuviera, hace tiempo que, quizás, ya habría perdido el interés por ella. Mi única satisfacción es que, en el espacio que hemos compartido, en mi teatralidad, le he mostrado que existe una cara amable en las relaciones, que el amor es posible, que el respeto hacia el otro, a su espacio, a su intimidad, a sus necesidades, son las armas fundamentales para una buena convivencia. 
   
  Llevamos casi tres horas intercambiando llamadas, algunas mientras estaba aquí; las otras desde su casa, él llama, ella me llama, yo espero. Ya nos despedimos, ha sido más frío que otras veces. La carta que me enseñó, la carta que no le envió, pero que él leyó porque tiene la contraseña de su correo, ha sido su gesto más generoso y hermoso para conmigo. En ella le dice lo mucho que le quiere, lo mucho que ha deseado tener un proyecto de vida con él, le expresa su firme deseo de olvidarlo porque lo considera un mal hombre, un ser despreciable, pero se muestra como alguien indigna de él, alguien que es "poca cosa", que lo reconoce, aunque sus sentimientos sean sinceros y puros. Cuántas veces me ha abandonado por una llamada, cuántas veces ha cancelado una cita o ha roto un momento de intimidad por no darle motivos de sospechas. Mi tolerancia es mi castigo. Voy pagando mis deudas. 
   
  Ahora, incluso,  este individuoa se justifica porque reconoce abiertamente que hay otra mujer en su vida. En lugar de castigar su mentira, hablan del sentido de esa situación, no abandona. ¿Èl es valiente porque lo confiesa? Yo me he tenido que ganar su confianza sacrificando muchas cosas. Pero se ha dado vuelta la tortilla, nadie ha conquistado realmente mi corazón después que está ella. Me devolvió la calma, me devolvió las ilusiones. Pero ella ya quería a otro y eso no lo he podido cambiar. Pero, insisto, una sensación de paz y tranquilidad me invade, me inunda.
   
  Cada vez está más lejos de mí, cada vez, este sufrimiento está próximo a terminar. Así debe ser. Supongo que yo también olvidaré. Que un día seremos amigos o no, pero ya no será mi decisión. En el fondo es una víctima por partida doble, por mi parte y por la de él. Yo debo retirarme discretamente, mientras mi dignidad esté a salvo; guardaré para mí esa otra parte fea que no me he atrevido a mostrarle . Lo menos que puedo hacer es descargarla de su sentimiento de culpa, librarla de toda responsabilidad. Hay o no hay amor, no es culpa de ella.
   
   Creo que hemos ganado en racionalidad, los poetas malditos se enamoraban de mujeres casadas y, ante la imposibilidad de su amor, se suicidaban. Madame Bovary, la Quijote femenina, hizo lo mismo porque no pudo soportar la ignominia de su adulterio...pero lo disfrutó. No vivimos los tiempos del amor romántico, ahora vivimos los tiempos de la serotonina y la cortisona, de la sertralina y las benzodiazepinas. Es mucho más prosaico, pero mucho más real. Lo vamos a llamar como más nos guste. Ya me cansé de mi idealismo salvador, quiero vivir mi vida, quiero ser feliz, sin Libros de Caballería, con mi semblante feo y corriente, pero con toda mi dignidad de ser y existir.

                             Para mi querida Claudia, de las pocas personas que creo que han entendido algo de mi personalidad.    

martes, 12 de mayo de 2009

Se acabó la diversión...el juego de dados.


   Terminar una carrera, leer una tesina y empezar a trabajar, todo en menos de tres meses, es algo que, hoy en día, resultaría excepcional. Hace veintitantos años era posible. Con el fin de la vida universitaria, dejé el otium y empecé el negotium. Tenía la intención de quedarme como becario en mi departamento, pero, ¡ casualidades de la vida!, llegó, a casa de mis padres, un telegrama en que me convocaban para trabajar a menos de treinta y cinco kilómetros de ellos (la Universidad estaba a trescientos, y en otra isla). Sentí a mi madre tan ilusionada con esa posibilidad, que no lo pensé dos veces. Dejé la adjuntía y empecé a trabajar en la enseñanza secundaria. Me enseñaron a aborrecer a los holgazanes y aprovechados. No podía decepcionar a mi padre, la estabilidad laboral sería para él un gran motivo de orgullo. y había que poner todo para obtenerla cuanto antes.

  Belén dejó la residencia de estudiantes y se fue a vivir a un piso con unas amigas; aún le quedaba un curso para terminar. Podríamos vernos los fines de semana, alternos, al menos. Yo volví a la casa de siempre, y Carmen Rosa a la suya. Volvíamos a estar como cinco años atrás, pero con toda la carga de lo que había sucedido. Me impuse una rutina de estudio rigurosa para preparar las oposiciones. Cada quince días iba a ver a Belén; cenábamos, paseábamos, nos divertíamos y, también, estudiaba un poco a su pesar. En este espacio fueron creciendo las discrepancias, las discusiones, pero no pasó nunca nada, lo suficientemente importante, para que yo perdiera las ganas de ir a verla. Me daba seguridad, y no quería líos emocionales porque necesitaba toda la concentración del mundo.

   Sin embargo, otra cosa era lo que estaba pasando en mi nuevo trabajo y lo que la situación de separación me daba la oportunidad de hacer.  Por una parte, empecé a dar clases en un Instituto mixto, estrenando década, rodeado de adolescentes, muchos del género femenino. Como mi novia no estaba, no existía, y yo no me molestaba en desmentirlo. Esto, sin duda, me convertía en una especie de "buen partido". Nunca me tomé en serio, al menos al principio, las tentativas de algunas chicas de entrar en mi vida, pero reconozco que me gustaba sentirme valorado. Me acomodé en aquella situación todo lo que pude. Nadie me preguntó por mi situación personal, pero, cuando desaparecía los fines de semana, siempre tenía una buena excusa relacionada con mi trabajo y ahí quedaba todo. Creo que a mí me preocupaba más que a ellas.
   
   Aunque lo hubiese deseado, aunque estaba apostando firmemente por mi relación, Carmen Rosa no terminó de salir de mi vida y la tentación de reencontrarme con Ana Montenegro era demasiado fuerte.  
    
     "Estaba con Belén y teníamos planes, proyectos y, a pesar de su carácter y algunos desencuentros, me sentía muy a gusto. Empezar una relación con Ana, terminar la relación con Belén, me resultaba impensable. Ana Montenegro nunca planteó nada que no fuera, simplemente, divertirnos, pasarlo bien o, al menos,  esa era la impresión que me había creado. En sus planes no entraba la posibilidad de venir a mi lugar de trabajo. No era una rival para Belén, a pesar de todo su carisma. El espacio y el tiempo nos distanciarían" (D.D.A.)
           

lunes, 11 de mayo de 2009

En el día de hoy. El bicho raro.


   El pasado debe abordarse. No para quedarse en él y dar vueltas sobre sucesos que nos han afectado; esto lleva a la neurosis. El pasado debe abordarse como el que revisa los cimientos de una casa. Cuando detectamos la causa de algún problema actual, buscamos las soluciones e intentamos que la casa siga funcionando. De nada sirve inculpar al albañil porque en su momento no construyó como debía.

   Nuestra naturaleza, nuestra dimensión física, nuestro cuerpo viene a ser la finca sobre la que construir. Los materiales los aporta la cultura
   
   Me educaron, o aprendí, que la unión de un hombre y una mujer tiene como finalidad la perpetuación de la especie. El modelo social fue el del matrimonio. El matrimonio implicaba una elección, más o menos inteligente, de una pareja. Esta elección era única y para siempre. Se establecían una orientaciones aproximadas sobre los criterios de elección, por ejemplo, la edad más conveniente para la toma de la decisión, que no existieran rasgos manifiestamente antisociales en la otra persona; el amor, los sentimientos, en realidad, y, a pesar de todo, eran ingredientes que se daban por supuesto. 

   La fidelidad se impone como un requisito para algo que tenemos que conseguir. Pero en la vida hay muchas tatajos para llegar a comprender exactamente la naturaleza de las cosas. Para casarte tenías que ser fiel, aún en fase de ensayos, aún en los primeros noviazgos porque todo estaba enfocado hacia la misma dirección. No sabía nada de amor, no sabía nada de respeto, no sabía nada de afecto y sentimientos. En los libros de mi juventud no se hablaba de esas cosas. En las familias de mi tiempo, o había otras prioridades, o los niños no tenían nada que ver con esos asuntos.
 
   Todo modelo que anula lo individual, todo modelo que proscribe lo diferente destruye a quien lo cuestiona. Nadie nos invitó a ser originales, a explotrr nuestra propia naturaleza; nos invitaban a ser un todo, de acuerdo con unas normas y unos modelos. Los mecanismos sobre los que se construía el modelo social eran dos, la castidad sacerdotal o el matrimonio. Terriblemente simple y efectivo. Es como cuando el arquitecto diseña un proyecto y debe ejecutarse en todas las circunstancias, sin opciones a cambio alguno. ¿Imaginan un gran rascacielos en terreno arenoso? Moldear la personalidad es un arte. Contamos con los materiales, nuestra naturaleza e inteligencia. Somos el solar dónde ha de construirse la casa. No cualquier casa, sino la que mejor se adecue a las condiciones de ese solar. Si no, nadie podrá garantizar que ese edificio se mantenga en pie o que pronto empiece a mostrar sus patologías.
 
   Afortunadamente, la conquista de la libertad individual ha progresado mucho. En los grandes sistemas sociales se van abriendo  mas nichos en los que dar cabida a quienes tienen sus propias opciones de vida, acordes con su naturaleza. Hoy podemos comprender mucho mejor las razones que rigen el comportamiento y las decisiones dentro de la pareja. La educación es fundamental para que el individuo comprenda su geometría, su forma. Sólo así, podrá ubicarse con precisión en el espacio que le corresponde. Es muy simple. Tomemos una plantilla en la que hay troquelados un triángulo, un rombo, un cuadrado, un círculo y algunas otras figuras más complejas. Ahora tomemos las formas correspondientes que han de adaptarse a los dibujos troquelados. Este es uno de los primeros juegos de lógica que se regala a los niños. El cubo entrará por la forma cuadrada, el cilindro por la forma redonda y así sucesivamente. Cualquier figura puede entrar por uno de los troqueles, pero el troquel o la figura sufrirán y se romperán. Es premisa obligatoria que las personas conozcamos nuestro contorno y  que determinemos si encaja en alguno de los modelos en la medida que somos individuales; si no es así, las opciones serían: quedarnos fuera (no soportamos el aislamiento), entrar por cualquiera (nos amoldamos y nos alejamos de nuestra propia esencia a costa de sufrimiento e inadaptación),  creamos nuestro propio troquel (si se supera el miedo al rechazo y a la expresión de la propia originalidad, sería, sin duda, la opción menos mala. 

  

viernes, 8 de mayo de 2009

Amor de lejos...no es fácil (III)


   Después de todos aquellos incidentes, intenté recobrar la normalidad, al fin y al cabo, no iba conmigo. Más que nunca, me sentía orgulloso de haber terminado la relación como la había terminado, todo el sufrimiento y la tristeza pasada, habían merecido la pena. Esta vez volví a pensar sólo en mí. Mi gesto hacia Carmen Rosa abrió las heridas que, sin duda, no habían cicatrizado. Estuve allí y ella sabía que podía contar conmigo.

   Me había programado aquel verano, como un verano de trabajo. Preparaba mi memoria de licenciatura. Belén se fue de vacaciones. Yo debía centrarme en mis cosas. Entonces ya había cambiado de compañero de habitación y aprovechó los días de asueto para invitar.  a unas amigas. Al principio, me mostré un poco autista, incluso me molestó aquella intromisión, porque contaba con que la casa iba a ser para mí solo. Cuando Inma y Ana llegaron de madrugada, vía Madrid, y Puli me las presentó, mi enojo se atemperó algo y, aunque de lejos, empecé a oler los problemas.

   Inma estudiaba astrofísica y creo que estaba interesada por Puli. Ana Montenegro acababa de terminar medicina, y creo que Puli estaba interesado en ella. Como me pasaba todo el día tecleando en el ordenador, teníamos tiempo por las noches para charlar un rato. Lo que, en principio era una visita de unas semanas, duró casi dos meses. A mediodía salía a llamar a Belén para decirle lo mal que estaba, el calor que hacía y cómo la echaba de menos. Por las noches salíamos los cuatro a tomar vodka con limón y a deambular por los casi vacíos bares de la ciudad universitaria. En alguna ocasión se unieron varios extranjeros del astrofísico; todos controlaban el inglés y yo me sentía un poco aislado. Hice todo lo posible por despertar el interés de Ana Montenegro  y esto casi me costó la amistad con Puli. A la semana de conocerla, nos emborrachamos y nos pusimos cariñosos. Unos días después, ya estábamos durmiendo juntos. No sé cómo, pero las pesquisas sexuales con Belén despertaron en mí nuevas curiosidades, y aquella morena andaluza, de ojos negros y grandes, se presentó como la mejor ocasión para seguir aprendiendo.
 
   No tenía necesidad de engañarla, le hablé rápidamente de mis desventuras a golpe de copas. Conocía la existencia de Belén, conocía la existencia de Carmen Rosa, pero asumió la complicidad de estar conmigo. Yo era torpe e inexperto, pero había perdido el miedo. A ella no parecía importarle demasiado. Nuestras conversaciones pronto adquirieron el tono melancólico de dos enamorados que se ven impedidos por las circunstancias. El tiempo iba pasando y nuestra separación sería inevitable.

   Como Ana aprovechó su estancia para conocer otros lugares, se ausentaba con cierta frecuencia. En ese tiempo, Carmen Rosa estaba otra vez en la ciudad universitaria. Su hermano había sido ingresado en el psiquiátrico, vivía la pesadilla de la soledad y el abandono. Me quedé varias veces en su casa, la acompañaba al hospital, no sabía nada de lo que estaba pasando con Ana y creo que no le interesaba. En esas noches creí que mi compañía sería buena para ella, pero olvidé un detalle: la seguía deseando...y lo peor, ahora ella también me deseaba a mí o, al menos, daba muestras de ello. Cuando un día decidió entregarse, cuando por fin estuvo preparada, se desnudó y me esperó en la cama. Sentí confusión y miedo y una profunda ansiedad. Cuando intenté desnudarla del todo, fui incapaz de hacer nada. Fue la única y la última oportunidad que tuvimos de hacer el amor y no pudo ser.

   Ana volvía de sus excursiones ajena a estas cosas. A ella le preocupaba que Belén regresaría pronto. Eso hacía las cosas más agobiantes. Cuando Belén volvió ocupó el lugar que le correspondía. Ana no puso ningún inconveniente. Aquello no podía durar; Ana Montenegro se marchó de casa y yo me empeñaba en seguirla visitando. El día antes de irse, nos bebimos una botella de vino y   disfrutamos con la fuerza que da una partida y separación inminente. Me fui de aquel lugar, le dije adiós, ni una disculpa. No rompimos, quedó como un punto y seguido. Esa misma noche dormí plácidamente con Belén, en nuestra cama, en mi seguridad. Intuyó lo que pasaba, lo supo y lo ignoró. Seguimos adelante, era nuestra historia, nada probado, nada demostrado, sólo nuestra voluntad de seguir juntos. 

   

Amor de lejos...no es fácil (II)


 
    




  La comunicación con Carmen Rosa era difícil, tortuosa, después de romper. Pero hicimos un esfuerzo por recuperar nuestra amistad. Un día, cuando salía de clase, una de sus amigas y cómplices fue a buscarme a la Universidad. Sin preámbulos me dijo que su hermano había asestado dos machetazos a su madre". Salí corriendo al aeropuerto, intentamos reunir el dinero necesario para el billete de ella y no fue tarea fácil porque estábamos en precario y la compañía aérea no se mostró transigente ante una situación que nos parecía excepcional. Al día siguiente me marché yo también. Cuando nos encontramos en medio de aquel caos, mi primera pregunta fue: "¿Te alegras de verme? "

 "Me habían educado en el sentido de la responsabilidad. No teníamos la madurez suficiente para actuar con independencia. Hacíamos lo que nos habían enseñado que debíamos hacer. Fue una tarde-noche horrible, llena de informaciones cruzadas, el teléfono resultaba caro y sólo nos podíamos comunicar con unos vecinos. Su madre, no estaba malherida, estaba muerta, de manera brutal y fulminante; su hermano había sido recluido en una estancia provisional para dementes, no se podía acceder a él. Cuando llegué ya estaba preparado el funeral. A nadie le extrañó que yo estuviera allí con ella. Para su mundo yo seguía en su vida". 
   "No sé muy bien porqué fui o qué pintaba allí. Seguramente no había pasado el tiempo suficiente, no habíamos logrado distanciarnos todavía. Fue un impulso, pensé que debía estar alli,  debía transmitirle mi confianza, ¿qué menos podía hacer? ¡La había dejado y me había ido con otra!. Intentamos afrontar los hechos con tranquilidad, nos fuimos a pasear a lugares que siempre nos habían gustado, le ofrecí toda la ayuda con la que contaba. Pero, a la vez, tuve la sensación de que se me venía encima un gran sentido de la responsabilidad. La situación era complicada y deseaba salir corriendo para reunirme con Belén. Cuando volví a encontrarme con ella, le transmití un mensaje de tranquilidad, le dije que a pesar de lo terrible de la situación, nada había cambiado entre nosotros, pero todo aquello apenas había empezado. En el fondo deseaba que las cosas fueran así, pero estaban muy lejos de serlo". (D.D.A.)


   Alguien podría pensar que esto fue una de esas pruebas que nos pone el destino, perdón, el Destino en mayúscula, una "fatalidad" que nadie podría haber imaginado. Pero fue algo que sucedió sin más; después, nosotros enlazamos los hechos, buscamos las causas, las ordenamos e intentamos darles un sentido. Pero resulta inevitable  pensar que exista algo fuera del control de nuestras conciencias, un responsable, un dios, pero eso es otra historia.